The Damned, de Algernon Blackwood

En The Mammoth Book of Short Horror Novels
Robinson Publishing
Londres, 1988 [1914]
Ed. de Mike Ashley

Algernon Blackwood, alguien ineludible para entender la evolución del género de terror, halló su veta de oro particular (hablamos en cuestión temática, no pecuniaria) en la consideración de la naturaleza como una fuerza tan potente que, para la humanidad, se convertía, paradójicamente, en sobrenatural. A este concepto potente (que Ashley, en su introducción a esta novela, define «para Blackwood la Naturaleza era la deidad omnipotente para la cual la humanidad no era más que un peón incordiante y entrometido»; una acertada definición que prefigura el tema subyacente de los Mitos de Cthulhu), Blackwood llegó después de una fructífera carrera en el cuento clásico de fantasmas.
Hoy Blackwood es poco leído, y gran parte de su obra ha envejecido considerablemente, pero nos ha dejado clásicos inmortales que, por su fuerza conceptual o por la perfección de su estilo, son piedras miliares en la historia del terror literario.
Poco conocida, esta Los Malditos o Los Condenados, en teoría se encuadraría en estas historias de fantasmas, y formalmente es así, pero por temática trasciente el mero relato sobre un residup psíquico y se convierte en una visión terrible de la intolerancia religiosa.
Blackwood recibió una estricta educación evangélica, tan estricta que le mantuvo aislado del mundo por la creencia de que exponerse al exterior era hacerlo a las tentaciones del Maligno. En The Damned, una pareja, hermano y hermana, reciben la invitación para pasar una temporada en la mansión de una amiga, a la que dejaron de frecuentar cuando se convirtió al avivamiento (revivalism en inglés) y se casó con el hombre que la había convertido, un magnate fanático, intolerante y pío hasta el extremo. Ahora, viuda, esta invitación lleva trazas de ser una petición de ayuda. En la mansión no se producen fenómenos psíquicos tangibles, pero la sensación personal de opresión es una que se va instalando de forma progresiva.
Ahí tendríamos una historia clásica de fantasmas, el residuo psíquico, la presencia invisible, la casa encantada, el "mal lugar", y así no habría nada, salvo los puros méritos de la escritura de Blackwood (y los tiene) que la distinguiera de cientos de otras historias. Pero el golpe de genio de Blackwood aquí es enorme: esa mansión está asediada, pero no por un espíritu concreto de un hombre intolerante, que vigila los posibles pecados de su viuda. No. La visión cosmológica y teológica de ese hombre era la de una monstruosidad en la que muy pocos serían los elegidos y muchos, muchísimos más los arrojados por un dios terrible y vengativo a las tinieblas y el crujir de dientes. Esa casa está bajo asedio, pero de si es por parte de las ánimas que han conquistado el paraíso y quieren convertir esa casa en un portal de entrada y conversión, o por la muchedumbre de almas que han quedado fuera de la salvación, no queda demasiado claro; ambas alternativas son terribles en sí mismas, y esas idea, que va creciendo en la prosa mesurada de Blackwood, se hace a cada página más ominosa e inquietante. Es un golpe argumental tremendo, y de si era una venganza personal del autor contra su educación rígida importa poco, porque en lo que esta "historia de fantasmas" se constituye es en un alegato contra el fundamentalismo intolerante y contra las visiones de una religión creada para castigar (y odiar) a los impíos.

Texto (en inglés) íntegro de The Damned en el Proyecto Gutenberg

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