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Escala en Hawaii, de John Ford y Mervyn LeRoy

SESIÓN MATINAL

(Mister Roberts); 1955

Director: John Ford, Mervyn LeRoy; Guión: Frank Nugent, Joshua Logan, sobre la obra teatral de Thomas Heggen y Joshua Logan, basada en la novela de Thomas Heggen; Intérpretes: Henry Fonda (Teniente JG Douglas A. "Doug" Roberts), James Cagney (Capitán Morton), William Powell (Teniente "Doc"), Jack Lemmon (Alférez Frank Thurlowe Pulver), Betsy Palmer (Teniente Ann Girard), Ward Bond (Cabo Dowdy), Phil Carey (Mannion), Ken Curtis (Marinero Dolan), Harry Carey Jr. (Stefanowski); Dir. de fotografía: Winton Hoch; Música: Franz Waxman.

O la guerra en miniatura. Y en clave de comedia, con sólo la más mínima tintura de drama. Mister Roberts (el título español es erróneo, aparte de demencial) es la historia de un barco de transporte de segunda o tercera línea en la campaña del Pacífico, cuya mayor hazaña bélica es haber batido el récord de transporte de papel higiénico. Tal como suena. Allí se concentra un microcosmos formado por un capitán tiránico (Cagney), un segundo oficial humano que se le enfrenta en defensa de sus tripulantes (Fonda) y que ansía por encima de todas las cosas "hacer algo" en la guerra, un médico de a bordo pragmático (Powell) y un alférez que quiere y no puede convertirse en Doug Roberts a causa de su falta de valentía moral (Lemmon, en el papel que le dio su primer oscar), junto a un corifeo de marineros que, como es lógico, aborrecen al capitán y adoran al "Señor Roberts".
Duelo interpretativo de gran altura, los cuatro protagonistas están espléndidos, y sobre ellos descansa la totalidad de la película, que sorprende por su mismo planteamiento. Comedia efectiva (y algo efectista), se beneficia de la veteranía y buen hacer de su dirección bipartita (de hecho, tripartita, puesto que Joshua Logan también intervino, aunque no sea mencionado en los títulos de crédito).
Pero, aparte de diversión (y es muy divertida), la película y la obra de la que proviene lleva además una curiosa carga, y es la de la reflexión sobre el heroísmo y el deber. Morton es el prototipo de militar mezquino. Ha encontrado un lugar insignificante donde ejercer su tiranía, y allí se siente a sus anchas; ansioso de reconocimiento y honores, sin embargo no tiene la menor intención de pedir un destino de combate (ni sus superiores de concedérselo). De su talante y de cómo ha sido comprendido por los mandos habla su mayor recompensa: una palmera enana, que él cuida y atesora como si fuera la medalla del Congreso; algo tan ridículo que no puede ser entendido más que como una broma que él se ha tomado en serio.
Pulver, que quiere ser un héroe, un héroe pequeñito, pero al que le falta valor, por lo que se convierte en un bocazas.
Míster Roberts, que ansía, no ser un héroe, sino tener la posibilidad de serlo; cuya monomanía es pedir el traslado a primera línea, un traslado que conseguirá para obtener una muerte estúpida en una de las últimas acciones de la guerra. Sin embargo, este traslado es en el fondo un heroísmo mal entendido, una traición a los hombres que confían en él: es el último y único baluarte de los marineros contra la arbitrariedad de Morton. Pero él quiere "hacer algo más", y se intuye que ese algo es un asunto que considera más noble. Cuando, tras morir, es recordado por sus subordinados, lo rememoran por el valor moral que demostró en una posición no combatiente, por su humanidad, en una insinuación clara de que, tal vez, ese es el auténtico heroísmo.
Quizá el personaje más equilibrado en sí mismo es el teniente médico: sabe donde está, y no quiere ni algo mejor ni peor; sólo cumplir su deber, dentro del reglamento y fuera de él, como cuando confecciona whisky a base de una cocacola, alcohol clínico y pocos elementos más. Desde luego, es el personaje que mejor comprende su posición en el mundo, y también la de los demás en él.
Película espléndida y divertida que, sin ser una obra maestra, sí se eleva por encima de lo normal en el cine y que, además, tiene mucho más que decir de lo que aparenta.
Tráiler:

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Mantícora, de Robertson Davies

(The Manticore)
Libros del Asteroide
Barcelona, 2006 [1972]
Trilogía de Deptford nº 2

Esta obra de Robertson Davies cuenta con partidarios y detractores. El intríngulis puede estar en aquellos que deslumbrados como yo por la primera parte de esta trilogía (El Quinto en Discordia) pasan por Mantícora y quedan defraudados en sus expectativas.
Ya dijimos que esta trilogía puede ser leída independiente e individualmente y, de hecho, en completo desorden (algo no tan cierto, como explicaré), pero el caso es que leída en su orden, este segundo volumen defrauda.
Y no porque sea una mala novela. Comparte muchas de las virtudes de lenguaje y temáticas de su hermana primera, pero resulta desconcertante. Siendo tres los personajes principales de los hechos centrales de la trilogía, y siendo la primera novela el relato de Dunstan Ramsay, la lógica espera que los otros dos volúmenes sean las historias de Boy Staunton y Magnus Eisengrim. Y no es así. Esta novela es la historia del hijo de Boy Staunton, David, quien, convencido de que su padre fue asesinado, ha acudido a Zurich a psicoanalizarse en busca de no se sabe si de la verdad, de los fantasmas que pueblan su vida o de sí mismo.
Digámoslo de una vez: como tal historia, independiente, la novela es más que buena. El lector que no tenga conocimiento de los hechos de El Quinto en Discordia no quedará defraudado. Pero ahí radica el problema: yo, como lector, reconocía en el protagonista al hijo de Boy Staunton, y su motivación para ir a Zurich a visitar a los junguianos el asesinato o suicidio relatado anteriormente. La visión oblicua de un hecho es perfectamente lícita en narrativa y la decisión de Davies de prescindir del punto de vista directo de Boy Staunton, también. Pero, en el conjunto de la trilogía, las 314 páginas (sobre un total de 367) de psicoanálisis de un personaje en principio marginal son demasiado poco referentes a lo anterior, demasiado divagantes y una digresión demasiado larga sobre el tema principal. Cuando en las últimas 50 páginas se recupera el pulso de la historia, lo que se nos cuenta es significativo, pero escaso.
Y así, llegamos a una pregunta que puede ser crucial: puesto que pueden ser leídas independientemente, ¿podría ser que, leída primero Mantícora y sólo después El Quinto en Discordia la trilogía saliera beneficiada? Invirtiendo la marcha, ¿podría Mantícora convertirse en un prólogo incitativo de los hechos de El Quinto en Discordia, en una introducción lo bastante intrigante a los personajes centrales? Mi opinión es que sí, con algunas matizaciones. En efecto, sería un esbozo de unos caracteres que conformarían una historia apasionante que después se desarrollaría, en lugar de ser una digresión oblicua sobre esa historia, pero entonces habría personajes que carecerían de una definición que se da en El Quinto en Discordia (Ramsay y Lesl) y que en Mantícora, por haber sido ya desarrollados, se da por supuesta.
No estoy descontento con la lectura de Mantícora, pero creo que esperaba más de una segunda parte. Hubiera quedado más satisfecho si la hubiera leído antes de El Quinto en Discordia.
Y queda un punto de vista, y el personaje más enigmático de todos, Magnus Eisengrim, el ilusionista que antes fue Paul Dempster. En teoría, esa historia se relata en Mundo Prodigioso, tercera novela de la trilogía. Seguiremos informando.

Portada y sinopsis

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Buffalo Gals, Won't You Come Out Tonight, de Ursula K. Le Guin

En Demons & Dreams 1
Legend/Century Hutchinson
Londres, 1989 [1987]
Editoras: Ellen Datlow y Terri Windling

Este Chicas de Buffalo, No Saldréis Esta Noche? (título de una canción que se entona durante el relato; la había cantado Arlo Guthrie y lo ha hecho más recientemente Bruce Springsteen, pero su origen es tradicional, y su primera publicación de 1844) tiene, con todo y sus defectos, unos valores y originalidad que lo hacen interesante y que, además, son característicos de su autora, que ha sido definida como la gran dama de la ciencia-ficción.
En este relato, una niña ha sobrevivido a un accidente aéreo y es recogida y protegida por una coyote (el gran trickster (una palabra de difícil traducción que va desde el tramposo, manipulador o fingidor) de la mitología nativa americana) que la lleva a un mundo aparte dominado por las figuras totémicas de las tribus indias.
Es un mundo en recesión, perpetuamente amenazado por el avance de la "civilización". Un mensaje lo bastante claro (casi diríamos que demasiado claro) que roza la moraleja y hasta la moralina, y ahí está el principal defecto del relato. No obstante, ahí entra en juego por una parte el estilo innegable de su autora, que es capaz de sumergirnos en este mundo extraño lleno de figuras míticas como el Príncipe de los caballos o la Abuela Araña, un mundo con sus propios conflictos perobásicamente equilibrado en contraste con el desequilibrio de la civilización y el progreso descontrolados.
Es un relato más propio del realismo mágico que de la pura fantasía y, con todos sus inconvenientes, representa una inmersión en un territorio mítico que uno tiene la impresión que ya va desapareciendo hasta quedar en la nada.

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La Más Peligrosa de las Cazas, de Richard Connell

(The Most Dangerous Game)
En Horrorscope 1. Mitos Básicos del Cine de Terror
Editorial Nostromo
Madrid, 1974 [1924]

Este es el relato en el que se inspiró la película El Malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932), dirigida por Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel y que ha sido definida como quizá el único film "sadiano" de la historia del séptimo arte, una afirmación con la que (salvo en lo de único) estoy de acuerdo.
El relato es, curiosamente, muy apreciable en sus propios términos. Desprovisto de estos toques sadianos, sin embargo plantea su tema, el del cazador Zaroff que atrae barcos a naufragar a su isla caribeña para utilizar a los supervivientes como piezas de caza, cansado como está de otras presas, que ya le aburren, y que de repente se topa en su poder con un cazador y aventurero reputado, Sanger Rainsford, lo plantea, decía, con un ritmo trepidante y una tensión narrativa notabilísima.
Es una historia sencilla, no nos engañemos, que no plantea grandes temas ondeando banderas, sino que lo que pretende es conseguir su efecto. Y lo consigue. Sin embargo, toda narración, si es buena, suele llevar equipajes no aparentes en ella, y en este caso los tiene; el de la caza del hombre por el hombre es evidente, pero hay más: políticos, sociales... No forman parte del texto superficial, pero sí de ese subtexto que el autor incluye, consciente o inconscientemente.

El relato completo en versión inglesa.

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Senderos de Gloria, de Stanley Kubrick

SESIÓN MATINAL

(Paths of Glory); 1957

Director: Stanley Kubrick; Guión: Stanley Kubrick, Calder Willingham, Jim Thompson, basado en la novela de Humphrey Cobb; Intérpretes: Kirk Douglas (Coronel Dax), Adolphe Menjou (General George Broulard), George Macready (General Paul Mireau), Wayne Morris (Teniente Roget), Richard Anderson (Comandante Saint-Auban), Ralph Meeker (Cabo Philippe Paris), Timothy Carey (Coldado Maurice Ferol); Dir. de fotografía: Georg Krause; Música: Gerald Fried.

Si Kubrick ocupa un lugar en el podio de los mejores directores de cine de todos los tiempos es por su capacidad de producir obras maestras una y otra vez. Y esta posición se ve exaltada por la variedad de géneros y discursos en los que ejerció su maestría. Es inútil discriminar qué película de Kubrick es la mejor; sigue siendo el autor de la mejor película de ciancia ficción (2001); de la mejor película de humor negro (Dr. Strangelove); de la mejor película de ficción especulativa (Clockwork Orange); de una de las mejores películas de época (Barry Lyndon); y en el género bélico, es autor de un magistral díptico, en el que, en La Chaqueta Metálica analizaba al soldado raso y su proceso de alienación militar y en esta Senderos de Gloria, la cuestión del mando y su implicación o despersonalización respecto de sus subordinados.
Basada en unos hechos reales de una guerra que marcó el nadir del desapego del alto mando por las vidas de sus soldados, es probablemente la que mejor refleja la vida de las trincheras en la I Guerra Mundial, pero es sin duda en la exposición de la actitud de los generales donde la película alcanza las mayores cotas de tensión ante un cinismo inhumano cuyo único objetivo fue muchas veces la conquista de unos palmos de terreno que para nada servían:  enviar a la muerte cierta a más de la mitad de los soldados, bombardear las propias líneas como "castigo", hasta llegar a la ignominia del fusilamiento de tres soldados escogidos al azar para que sirvan de "ejemplo", esto es lo que nos relata este filme. Que esto sucediera en realidad sólo añade una dimensión vergonzosa al sufrimiento de la guerra, y no es de extrañar que esta vergüenza se trasladase en el veto de su exhibición durante décadas en Bélgica o Francia, no tanto por su peligrosidad como por incapacidad de rebatir lo que Senderos de Gloria expone, así como por la desvergüenza de no admitir la vergüenza de los hechos.
Una de las mejores interpretaciones de Kirk Douglas como el humano coronel Dax, tiene también actuaciones espléndidas por parte de Adolphe Menjou y George Macready en los desagradecidos papeles de unos generales perdidos en una dimensión propia, la de la gloria a costa de la vida de seres humanos; unas vidas que, para ellos, son prescindibles.
Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Bunny Berigan

Hoy les traigo, cortesía como siempre del Cifu y su magnífico programa Jazz Porque Sí, de Radio Cásica de Radio Nacional de España, una de las mejores bandas de la era del swing, la del trompetista Bunny Berigan.
Escojo este programa en concreto porque, no sé si por ser grabaciones realizadas para servir como promociones para la radio, el caso es que desde el inicio al final hay un ritmo trrrrremennndo, tanto que, o uno se pone a bailar o se ata a la butaca. Da igual, siempre se va a cabar marcando el ritmo con el pie.
Si no conocen quién fue Bunny Berigan y su banda, escuchen las como siempre espléndidas explicaciones de Juan Claudio Cifuentes, el Cifu. Pero sólo les dejo con una anécdota: Antes de acaramelarse haciendo música para ascensor, ¿adivinen dónde tocaba el trombón Ray Coniff? Pues sí, en la banda de Berigan. Y, sin destacar, tampoco lo hacía mal.
Que disfruten.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Beltenebros, de Antonio Muñoz Molina

Seix Barral, col. Biblioteca Breve
Barcelona, 198919 [1989]

Un hombre, el Capitán Darman, recibe el encargo de desplazarse a Madrid para matar a otro, un supuesto traidor a la causa del partido comunista (aunque no se cita por su nombre, la clave es evidente) en la resistencia interior al franquismo.
Suficiente para una historia de intriga, para un policiaco, para una novela de acción, pero Muñoz Molina no es un autor simple ni simplista (y cuidado: en este blog se defienden los géneros, de modo que esto no es un reproche hacia éstos; es, sencillamente, una constatación). Darman está cansado, no sólo por el episodio anterior de liquidación de un delator que tuvo que realizar, sino por los manierismos del partido, su secretismo, su ridícula trascendencia y su aparente inutilidad.
El supuesto traidor puede que no lo sea tanto, y que las pruebas que lo acusan sean más circunstanciales que reales. Se añade la aparición de una mujer, Rebeca Osorio, en todo parecida, incluso con el mismo nombre, a la mujer de ese primer delator liquidado. Y la presencia ominosa del comisario Ugarte, alguien a quien nadie ha visto jamás y que parece saberlo todo y verlo todo.
El estilo es el terreno de Muñoz Molina y este estilo es enormemente cinematográfico (no es que su novela sea cine; ¿quién se acuerda ya de la adaptación cinematográfica de Beltenebros?). Tanto que uno parece deambular en estas páginas por escenas que podrían ser de películas de Carol Reed, de Orson Welles sobre todo, de Alfred Hitchcock, del expresionismo alemán.
Enclavado todo en el Madrid gris del franquismo de los 60 pero llevado a un escenario surreal y orsonwelliano final, pero también con un ambiente reminiscente de la lucha clandestina antifranquista (y del cansancio y la derrota inherentes a ello, y notablemente inspirado en el Federico Sánchez de Jorfge Semprún), Muñoz Molina se ejercita en llevar la opresión y las obsesiones de los personajes al límite, hacia una conclusión en la que el deber y los ideales siempre son traicionados por el amor.
Introspectiva y multilineal, el autor juega con los géneros y las imágenes para forzar un cuadro de los derrotados, que son todos en mayor o menor medida; esa es la herencia de la guerra, la represión y la resistencia.

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Una Besada Abans de Morir, de Ira Levin

(A Kiss Before Dying)
Eds. 62, col. Seleccions de la Cua de Palla
Barcelona, 1986 [1953]

El caso de Ira Levin es notable por el hecho de que, sin ser uno de esos grandes nombres que perduran en la mente de los lectores, sí ha sabido tocar sus teclas con eficacia y dejar una impresión perdurable de sus obras. Veamos: una comedia suya, Critic's Choice, fue montada por Otto Preminger; Death Trap, otra obra teatral, tuvo su adaptación fílmica por Sidney Lumet; ha escrito la muy apreciable Las Mujeres de Stepford (Stepford Wives), de la que tendremos algo que decir en un futuro; Los Niños del Brasil es recordada, aunque pocos asocian este título con Levin en un primer momento; y, por descontado, es autor de La Semilla del Diablo (Rosemary's Baby), un texto que se ha hecho mítico en forma impresa y filmada.
Esta Un Beso Antes de Morir es una obra peculiar en el sentido de que uno puede leer su inicio y puede leer su final, pero eso no arruina la obra. De hecho, sí lo hace, pero sólo en el sentido de que el lector saldrá perdiendo: o es leída en su orden debido, o el lector no alcanzará las cotas de tensión y de intriga que esta novela tiene. Y, de todas maneras, se quedará igual y desconcertado. La explicación es que Levin compone sus novelas con precisión de relojero. En medio de la trama hay un hecho que hace que las piezas encajen. Si el lector no pasa por allí, la novela pierde todo sentido.
Como argumento, es notable: Tenemos a un guapo chico estudiante en la universidad, pero algo inquietante ya desde un principio, cuya novia ha quedado embarazada. Son malas noticias para él. El padre de ella es capaz de desheredarla y esa es la ambición de nuestro cínico protagonista: no la chica, sino la herencia. Descartadas las otras posibilidades, sólo queda el asesinato disfrazado de suicidio. Y una vez realizado éste, y puesto que el magnate tiene otras dos hijas, ¿por qué no seguir yendo a por la herencia?
Habrán observado que no he mencionado el nombre del supuesto asesino. Es intencionado, y Levin tampoco lo hace hasta bien entrada la novela, de modo que la incertidumbre se mantiene (en las universidades, cómo no, hay muchos chicos guapos y rubios), y el lector mismo se vuelve loco buscando pistas que le permitan identificar al criminal... hasta que Levin (que no es un tramposo) lo deja patente, y entonces la intriga se vuelve tensión a la espera de si podrá o no salirse con la suya. Si Levin hubiera sostenido el anonimato hasta el final, hubiera cometido fraude con el lector; haciéndolo de esta manera, sencillamente juega con el tempo narrativo. (Tengo muy poca curiosidad en saber cómo las dos versiones fílmicas, la de 1956 de Gerd Oswald, y la de 1991 de James Dearden, resolvieron esto; probablemente mal, y los críticos acusan a las películas de "sobresimplificación de la novela".)
El caso es que Levin sí mantiene la tensión y la intriga, y resuelve la novela de manera limpia y elegante, una manera que ha llegado a ser su marca de fábrica.

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El No Va Más, de Stanley Elkin

(The Living End)
Ed. Empúries/Paidós, col. Narrativas de Hoy
Barcelona, 1988 [1977]

Stanley Elkin es uno de esos autores que, vaya usted a saber por qué, son reconocidos y prestigiados en su país pero no han acabado de dar el salto fuera de sus fronteras. Este El No Va Más, que yo sepa, es el único libro suyo editado en España (y, me temo, caído en el limbo de la descatalogación), y pasó sin pena ni gloria, lo que dice algo de qué y cómo leen los críticos literarios de nuestro país (por lo general, poco y mal o por modas ajenas e igualmente mal). Una lástima, porque esta novela no tiene demasiadas hermanas en su campo.
Verán, déjenme citar la contraportada: "Es la uténtica historia de Ellerbee, comerciante de vinos y licores en Minnesota, y de sus múltiples peripecias y sinsabores, así en la Tierra (es decir, en Minneapolis) como en el Cielo y en el Infierno (que recorre azarosamente después de morir). Y es la historia disparatada de Ladlehaus, y de Quiz, y de Flanoy, y de Dios Padre: una acción trepidante que jamás desfallece y un sentido del humor que convence, primero, y avasalla, después".
Bueno. Dejando aparte las exageraciones propias de estos textos (lo de "disparatado" es falso, y lo de "acción trepidante" no es la mejor definición) este resumen es un esfuerzo heroico para definir lo indefinible que es esta novela.
Es cierto que es la historia de Ellerbee, un hombre fundamentalmente bueno al que después de ser asesinado a tiros en su tienda, se le permite tener una visión fugaz del Cielo para después ser enviado al Infierno por haber abierto en domingo, haber tomado el nombre de Dios en vano un par de veces y no haber honrado a sus padres (los biológicos, a los que no conoció; a sus padres adoptivos los honró con todas las de la ley).
Toda la novela transcurre en el más allá, y estarán de acuerdo conmigo en que no existen muchas novelas metafísicas en el repertorio literario mundial. El Cielo es como un parque de atracciones; el Infierno un lugar de perpetuo terror.
«Vosotros os habéis preguntado por qué las cosas son como son. Os habéis interrogado acerca de cuáles eran Mis motivos. ¿Por qué tanta fragmentación? ¿Por qué esta teología a tontas y a locas, por qué estas disposiciones a base de arranques y paradas? ¿Por qué la zanahoria, por qué la vara? [...] ¡Por qué una serpiente, por qué un árbol? ¿Por qué letra menuda tan cerca del inicio de las cosas? ¿Por qué codicilios y condiciones, toda esta faramalla de leyes? ¿Por qué este abracadabra y este galimatías de la decisión Miranda, leyendo derechos a un hombre y una mujer que no sólo no saben que ya están metidos en un lío sino que ni siquiera saben de qué lío se trata? Naturalmente que caen. ¿Quién no caería en un sitio así? ¿Quién no caería allí donde la gravedad era de mil dos a la sombra? ¿Quién no caería cuando el cultivo más abundante de aquel jardín era precisamente la gravedad?»
Elkin dispara contra todo: Dios, Cristo, la Virgen María, José, el bien y el mal y la teología en general y en concreto. ¿Herejía? No tanto. Cualquiera que ante la pérdida, por lo general prematura, de una persona haya escuchado a un sacerdote pronunciar las teóricas palabras de consuelo "Dios se lo ha llevado a su lado" y haya pensado en un minuto en ellas habrá sentido que el sacerdote no tenía ni idea de lo que estaba diciendo o que Dios era en extremo egoísta por obrar así. En resumen, que lo que la religión cuenta no es más que una historieta, una novela irreal o surreal. Tan válida, quizás, como ésta en la que Elkin nos describe el Cielo, el Infierno y las motivaciones de un Dios vestido con un traje de tres piezas.

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La Extraña Pareja, de Gene Saks

SESIÓN MATINAL

(The Odd Couple); 1968

Director: Gene Saks; Guión: Neil Simon, basado en su propia obra teatral; Intérpretes: Jack Lemmon (Felix Ungar), Walter Matthau (Oscar Madison), John Fiedler (Vinnie), Herb Edelman (Murray), David Sheiner (Roy), Larry Haines (Speed), Monica Evans (Cecily Pigeon), Carole Sheely (Gwendolyn Pigeon), Iris Adrian (camarera); Dir. de fotografía: Robert B. Hauser; Música: Neal Hefti.

Una de las mejores comedias teatrales jamás escritas (por Neil Simon, uno de esos autores que han sabido tocar las teclas del éxito en repetidas ocasiones), fue trasladada al cine mediante una hábil dirección pero, sobre todo, con una pareja protagonista que elevó la película a modelo arquetípico a seguir. El texto es tan potente que se sostiene por sí mismo, pero tengo que compadecer a los actores que lo han representado después, ya que la comparación con Matthau y Lemmon es inevitable y, hasta el momento presente, insuperable.
La sencillez del argumento es tanta que había sido (y será) llevado a escena múltiples veces: Felix Ungar (Lemmon) acaba de divorciarse y está en la calle y su amigo Oscar (Matthau) le brinda compartir su piso. Felix es ordenado, meticuloso, limpio, buen cocinero..., y Oscar es caótico, tocapelotas, descuidado, anárquico, ligón, procaz y tarambana. Con semejantes caracteres no es de extrañar que lo que tenía que ser una convivencia se convierta en coexistencia mal soportada primero y en hostilidades abiertas después.
Repito, un argumento, el de las personalidades opuestas forzadas a convivir que ha sido representado infinitas veces: pueden ser dos soldados, estadounidense y japonés en una isla del Pacífico, una persona anciana y una joven o un nativo y un extranjero; la situación es arquetípica y puede ser empleada con finalidades dramáticas, reflexivas, filosóficas o cómicas, dependiendo de en qué mensaje se ponga el acento. Pero se ponga donde se ponga, toda la potencia de los múltiples discursos sigue ahí. De modo que La Extraña Pareja es una grandiosa película cómica, pero lleva también su propio pathos, su eros levemente subversivo y sus filosofías subyacentes.
Pero, potente como es el tema, hay que elevarlo a una buena representación mediante el texto, la dirección y la interpretación. El texto es redondo, un crescendo continuo de comicidad con escenas cumbre, como este monólogo de Oscar (y en original, las implicaciones de las iniciales F. U. son más fuertes que el simple FÚ del doblaje castellano):
«No puedo soportarlo más, Felix. Me estoy derrumbando. Todo lo que haces me irrita. Y cuando no estás aquí, las cosas que sé que vas a hacer cuando llegues me irritan. Me dejas notitas en mi almohada. Te he dicho 158 veces que no soporto encontrar notitas en mi almohada. "Se nos han acabado los cereales, FÚ". Me llevó tres horas adivinar que F. U. era Felix Ungar. No es culpa tuya, Felix. Es una combinación perversa, eso es todo».
Respecto a la dirección, dicen que esta es la película que Billy Wilder hubiese querido o hubiese podido hacer (las versiones difieren). Si tenemos en cuenta que dispone de dos de sus actores fetiche y que el texto es corrosivo, no sería nada de extraño. Es especulación inútil imaginar qué hubiese realizado Wilder. Pero los años pasan e imitaciones y representaciones también, de modo que algo bueno debe tener la dirección de Saks para que la película se mantenga fresca.
Y en cuanto a la interpretación, el tándem Matthau/Lemmon ha dado muchos momentos geniales al cine, pero en La Extraña Pareja es un festival actoral, desde lo cómico a lo tierno, casi insuperable.

Tráiler:

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La Sequía, de James G. Ballard

(The Drought)
Eds. Minotauro
Barcelona, 19792 [1963]

Blog Action Day: Water

El propio Ballard dijo de sus historias cataclísmicas: «Dentro del reino de la ficción, el escritor de la historia de catástrofes ilustra, de la manera más extrema y literal, el desafío de Conrad: "Sumérgete en el elemento más destructivo... ¡y nada!" Cada una de estas fantasías representa una acusación de lo finito, un intento de desmantelar la estructura formal del tiempo y el espacio con la que el universo nos envuelve en el momento primero en el que logramos la consciencia.»
En esta recusación de una realidad inmutable, Ballard se mostró extrañamente perceptivo (e inconscientemente profético) en comprender que somos muy capaces de modificar (no; de destruir) la realidad, que tenemos ese impulso entre suicida y/o de curiosidad malsana, de tensar la cuerda para ver si se rompe. Y que las consecuencias de esos mismos actos conforman también una modificación de la mentalidad y de nuestro pensamiento.
En La Sequía, un acto humano impide que el agua de los océanos se evapore, provocando una sequía en apariencia interminable. Dividida en tres partes, la novela nos muestra las primeras reacciones de una comunidad ante la falta de agua; en una segunda, la conformación de una nueva sociedad a orillas del mar, que retrocede por la acumulación de sal procedente de la destilación del agua marina; y una tercera con el regreso de los protagonistas a su lugar de origen, en busca de un retorno a una posible normalidad (que, sin embargo, nunca será la misma) o a una posible muerte.
El cambio en el universo es extremo, pero en realidad insignificante. Todo lo que se ha modificado es un elemento, uno de los muchos que constituyen la cohesión social que damos por supuesta, pero todo en la sociedad está interrelacionado, y basta esa sequía prolongada (y, sobre todo, de duración incierta) para que cosas que fueron importantes no tengan el menor valor; para que afloren las ambiciones y las nuevas jerarquías; para que el mundo se hunda en la barbarie y arrastre a aquellos que luchan por mantener la dignidad. Nada de lo que existía antes tiene valor, y todo lo nuevo va destinado a la supervivencia; pero el orden social se ha trastocado por completo, y así nos lo muestra Ballard.
Este cambio de mentalidad tiene muy poco que ver con el heroísmo y mucho con la consecución de poder, que es lo que asegura la supervivencia. Pero es un poder primitivo, más cercano a las estructuras prehistóricas que a una organización moderna. Hemos avanzado mucho, nos dice Ballard, pero por grande que parezca este avance no estamos sino a un paso muy corto de distancia del hombre de las cavernas.
Como el gran autor que era, aunque apenas se le reconoció en vida, Ballard ejerce su maestría en estas relaciones personales de los protagonistas, en los cambios de su mentalidad, que son diferentes y van en distintas direcciones porque ya no existe una línea maestra a la que ceñirse; y en esas visiones cataclísmicas fascinantes que son su marca de fábrica (aunque la realidad, esa gran autora, las haya imitado ya: véanse si no los barcos de pesca varados en lo que es un desierto en el mar de Aral).
Ballard tal vez nunca imaginó que sus ficciones se conviertieran en realidad. Pero de lo que sí estuvo convencido es de que el peligro no estaba en el cataclismo sino en nosotros mismos.

Portada y sinopsis

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Hitler, 1936-1945, de Ian Kershaw

(Hitler: 1936-1945. Nemesis)
Eds. Península, col. Atalaya
Barcelona, 20003 [2000]

Los dos volúmenes que conforman esta biografía hecha por Ian Kershaw han sido definidos por gente con más autoridad que la mía como "definitivos". Tienen toda la razón.
El género biográfico en torno a Hitler es difícil por varios motivos. Uno es la discriminación del material, en la cual la búsqueda de la coherencia puede ser un obstáculo para la misma objetividad. El partir de premisas puede hacer que se opte por ciertos documentos con preferencia a otros, y esto es tanto más cierto en el caso de Hitler, no una persona contradictoria en sí, pero alguien "contaminado" por demasiados testimonios que lo conocieron realizados a posterior con intenciones, muchas veces, autoexculpatorias y que iban destinadas a convertir a Hitler en un chivo expiatorio. La imagen de Hitler como un monstruo es correcta; la de Hitler como único responsable, no. En estos casos, la discriminación se vuelve difícil.
En segundo lugar, la cantidad de estos testimonios e interpelaciones es exorbitante y ello vuelve a dificultar la tarea del biógrafo. Tanto, que es necesario realizar la biografía de uno de los personajes más claves del siglo XX ex novo, partiendo de cero; pero eso quiere decir una labor ingente, descomunal.
Tercero, es necesario tener en cuenta los nuevos documentos que han surgido con la "liberación" de los archivos de la Europa del este, que todavía no han acabado de analizarse.
Cuarto, ha surgido la polémica de si el nazismo es historiografiable o no, de si hay que considerar esta época como un período más de la historia de Europa y de Alemania o bien como un período excepcional con reglas propias que lograron subvertir o no la realidad alemana. Es fácil ver que una u otra postura conllevan una carga ideológica (aunque sea mínima) que puede desequilibrar cualquier análisis histórico-biográfico.
Quinto, siempre existe la posibilidad de ser "secuestrado" por el personaje. Sumergirse en su vida, en sus hechos, conlleva el riesgo de buscar una racionalidad en los actos que a veces no existe, en una especie de justificación del personaje. Que Hitler sea fundamentalmente odioso no disminuye ese riesgo. Y buena prueba de ello fueron las actitudes de gente que estuvo en la cercanía de Adolf Hitler y sólo se desengañó cuando consideraron su suicidio en el búnker un acto de cobardía y deslealtad al pueblo alemán; siguieron "engañados" por el personaje incluso en medio del caos en el que estaban inmersos y del que Hitler era directamente responsable.
Kershaw supera estas dificultades de modo brillante. Con más de 170 páginas de notas (en texto corrido: las 4.550 notas hubiesen dado para un volumen aparte), uno queda con la impresión de que la investigación documentada ha sido de las más intensas jamás realizadas, y todas las palabras de los protagonistas, orales y escritas, están referenciadas; y valoradas cuando son dudosas y contradictorias con otros testimonios.
También es impresionante la investigación que se ha debido realizar sobre los testimonios y su fiabilidad, aplicando con rigor el método historiográfico.
Pero sobretodo es la ecuanimidad que Kernshaw se ha aplicado a sí mismo. No se ha dejado secuestrar por el personaje, pero él mismo reconoce que durante años ha vivido a la sombra de Hitler, alguien que le resulta detestable. Pero como dice Kernshaw, «esa condena me ayuda muy poco a entender porqué millones de alemanes [...] hallasen atractivo tanto de lo que Hitler significaba. [...] Mi tarea [...] ha sido, pues, no entregarme a disquisiciones morales sobre el problema del mal en un personaje histórico, sino intentar explicar el dominio que Hitler ejerció sobre una sociedad que acabó purgando un precio tan alto por el apoyo que le prestó. [...] Explicar: cómo Hitler pudo ejercer el poder absoluto que se le había permitido adquirir; cómo los más poderosos del país se ataron aún más a una forma sumamente personalizada de gobierno aclamada por millones y excepcional en el estado moderno, hasta que fueron ya incapaces de desprenderse de la voluntad de un hombre que estaba arrastrándoles inequívocamente por el camino que llevaba a la destrucción; y cómo los ciudadanos de este estado moderno se hicieron cómplices en una guerra genocida de un carácter desconocido hasta entonces por la humanidad, que condujo a un asesinato en masa patrocinado por el estado a una escala nunca vista, una destrucción continental y la devastación final de su propio país».
Después de leer esta biografía, sólo podemos decirle a Kernshaw: objetivo cumplido.

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Os Crimes do Relâmpago: Una Novela de la Comisaría 87, de Ed McBain

(Lightning: an 87th Precinct Novel)
Bibliotex/Abril/Controljornal
Linda-a-Velha (Lisboa), 2000 [1984]
Traducción de Sophie Vinga
Serie Comisaría 87 nº 37

Es una vieja deuda de este blog, largamente demorada, comentar la serie de la Comisaría 87, paradigma y pionera de la novela de procedimiento policial.
Ed McBain es uno de los pseudónimos de Salvatore A. Lombino. Autor de The Blackboard Jungle, un éxito cinematográfico dirigido por Richard Brooks, y del guión de Los Pájaros de Alfred Hitchcock, entre otras cosas notables como premios Edgar y una carrera intensa y transversal. Sin embargo, dentro del género policial es universalmente reconocido por la serie de la comisaría 87.
La Comisaría 87 (o, con mayor propiedad, la comisaría del distrito 87) es la unidad policial que se ocupa del distrito de su número, en una gran ciudad que es y no es Nueva York, en el sentido de que coexiste con Nueva York en la ficción pero que la descripción e historia de Isola, el nombre de esta ciudad imaginaria, puede sobreponerse casi a escala 1:1 a las de la Gran Manzana. Este distrito tiene su pequeñísima porción de barrio de clase alta, sus zonas étnicas hispanas y negras, su ración de miseria y su totalidad de crímenes bizarros y comunes, absurdos y enrevesados. En resumen, un microcosmos que compendia la vida de una unidad policial de una gran urbe. Y he dicho la vida, no sólo las investigaciones. Reciben el nombre de novelas de "procedimiento policial" porque ya desde su inicio McBain tuvo la idea de incluir no sólo descripciones sino documentos de la vida diaria de una comisaría. A veces es un cuadro de turnos de detectives, otras una petición de autorización judicial de vigilancia telefónica, en ocasiones el tradicional pasquín de buscados. Si uno reune las novelas de la 87, poseerá una antología del papeleo (y es mucho papel y formulario) que agobia a los policías de medio mundo.
Pero hablábamos de la vida, no sólo del papel. El caso es que McBain introdujo en sus novelas no sólo la vida policial de una comisaría; también la vida personal de los que la componen. Si no fue el primero, sí fue el que mejor lo hizo. Las novelas de la comisaría 87 son los antecedentes directos de Hill Street Blues (a veces demasiado directos: en esta misma Lightning, un personaje de McBain, Ollie Weeks, se queja de las similitudes entre él y Charlie Weeks, y entre Furillo y Carella) y desde ahí a series tan dispares como CSI, Sin Rastro y Ley y Orden. Y si bien el hilo conductor es el personaje de Stephen (Steve) Louis Carella, el lector se familiariza con rapidez con las vidas de Cotton Hawes, Bert Kling, Meyer Meyer, Andy Parker, etc., con el horroroso café del sargento Miscolo, o con los consejos de la madre del patrullero (después detective) Richard Genero. E incluso con las andanzas de un archienemigo, El Sordo (cuya sombra planea por toda esta novela, y que aparece arquetípicamente en Let's Hear It for the Deaf Man, que aquí tuvo el genial título de Ojo con El Sordo, más debido al director de la colección, Andreu Martín, que al traductor).
La vida de Carella es el tema principal de continuidad; Teddy, su esposa sordomuda, sus gemelos Mark y April, pero todos los personajes tienen sus momentos: hay novelas que protagonizan, por ejemplo, Hawes. Incluso el tonto Genero tiene su principalía (Seven Black Horses). En otras ocasiones la novela es colectiva (Hail, Hail, the Gang's All Here, donde se describen las veinticuatro horas de la comisaría y sus casos, a veces simples y a veces extraños que suceden en los diferentes turnos). Pero no es sólo el verlos como policías lo que atrae; al cabo de unas pocas historias, el lector les toma un afecto personal, y ese es un mérito innegable de McBain.
Os Crimes do Relâmpago [Los Crímenes del Relámpago] es una de las mejores novelas de la mejor época del autor, para mí. El esquema es uno que McBain suele utilizar: dos casos, que pueden estar relacionados o no y sus seguimiento por parte de los detectives asignados a los mismos; aquí, el descubrimiento de una chica ahorcada en una farola y un violador de mujeres que repite con las mismas víctimas. Gran intriga y buena tensión para aquellos que pillen una novela suelta de McBain (que serán la mayoría, como veremos). Pero lo mejor, aparte de lo que se espera de inmediato de un policíaco, es lo verosímil del procedimiento policial y las vidas de sus protagonistas.
Lo mejor sería poder leerlas en su orden (aquí se puede encontrar el orden cronológico de la serie) pero eso es imposible en cualesquiera de las ediciones españolas. No sólo no están todas publicadas, sino que muchas están agotadas y nadie ha emprendido una edición sistemática. Una lástima, porque nos impide juzgar cuándo y cómo se produce el truco del cambio cronológico. La serie se inició en 1956 con Cop Hater, y leer una de esas primeras novelas y de inmediato una de las últimas produce la irreal sensación de ver a sus protagonistas vestidos con traje y conduciendo viejos coches y de inmediato verlos con tejanos y un utilitario moderno sin apenas cambios físicos. Carella, aunque hubiera empezado a los veinte años, tendría unos sesenta en la última publicada de la serie, y sin embargo tiene un aspecto de cuarentón atractivo. Sospecho que no hay truco, y que sencillamente McBain escindió los tiempos: por un lado los de la época y por otro los de la vida personal de los protagonistas; no es mal recurso dentro de lo que es una ficción.
Por otra parte, en sus últimas novelas McBain introduce unas dosis de sexo y violencia que me parecen gratuitas (aunque McBain aduciría que, muy probablemente, están basadas en hechos reales; la vida es desagradable y excesiva en su mayor parte). Vale, disculpemos eso. Pero también ha ido extremando su discurso, considerando cada vez más que las garantías jurídicas son más un estorbo a la labor policial que otra cosa. Nosotros los europeos tenemos la errónea visión de que "republicano" equivale a derecha y "demócrata" a izquierda, obviando que ambos partidos estadounidenses no son sino tendencias de una misma ideología, siendo el partido Demócrata algo más liberal y socialdemócrata que el Republicano pero, en el fondo, tan fundamentalmente a la derecha como sus oponentes. McBain no es un conservador acérrimo. See Them Die es un alegato contra la discriminación étnica, en este caso la hispana, como hay pocos. Carella es un policía respetuoso con la legalidad, y Carella es el héroe de McBain más que ningún otro. Pero el mensaje está ahí y me resulta cada vez más difícil de admitir sin, por lo menos, discutírselo a McBain.
Pero hay una época en extremo estimulante de la producción de McBain, la que va, digamos, de 80 Million Eyes a Kiss, y que incluye joyas como el dueto Heat (Calor) y Ice (Hielo), esta Lightning o el díptico de El Sordo Ojo con El Sordo (Let's Hear It for the Deaf Man) y Eight Black Horses. Son novelas vibrantes, que muestran protagonistas cansados y humanos a la vez que policía que hacen su trabajo lo mejor que saben y pueden, inmersos en una comisaría que aprendemos a conocer y apreciar con una verosimilitud impresionante y una tensión narrativa inusitada.

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Con la Muerte en los Talones, de Alfred Hitchcock

SESIÓN MATINAL

(North by Northwest); 1959

Director: Alfred Hitchcock; Guión: Ernest Lehman; Intérpretes: Cary Grant (Roger O. Thornhill), Eva Marie Saint (Eve Kendall), James Mason (Philip Vandamm), Leo G. Carroll (El Profesor), Martin Landau (Leonard), Jessie Royce Landis (Clara Thornhill), Adam Williams (Valerian); Dir. de fotografía: Robert Burks; Música: Bernard Herrmann; Dir. artística: William A. Horning, Robert Boyle, Merrill Pye; Montaje: George Tomasini; Títulos: Saul Bass.

Una de las grandes películas del maestro significa una obra maestra del cine.
En este caso, esta película es un maravilloso compendio de la obra de Hitchcock y de sus principales antecedentes: Saboteur, Falso Culpable, Los 39 EscalonesForeign Correspondent, etc., de las cuales hay cumplidas y sobradas referencias en este filme. No se fíen cuando oigan que Hitchcock quería hacer esta película por dos motivo (o con dos condiciones): rodar en el edificio de las Naciones Unidas (no se obtuvo el permiso y se hizo subrepticiamente el rodaje de exteriores; el de interiores es obviamente de estudio) y rodar en el monte Rushmore (no se obtuvo el permiso y se hicieron réplicas en estudio de las tallas de los presidentes americanos, una de las razones por las que la dirección artística es tan destacable, aunque no sólo por ello); puede ser que Hitchcock tuviera estos referentes visuales, pero lo que el viejo maestro del suspense estaba pensando hacer con la historia, como de costumbre, no podían adivinarlo ni sus guionistas.
En cualquier caso esta es una película disfrutable cien por cien, inagotable de ver, llena de detalles, tanto más cuando que, revisitada, uno se da cuenta de que no hay un solo plano prescindible, que todos están estudiados por su profundidad de campo, por su disposición, por su composición, para mostrar detalles de la historia, que tal vez puedan parecer mínimos, pero que son coherentes con ella, algo que debería enseñarse en las facultades de cine como si fuera el evangelio en estos tiempos de desidia en la composición fílmica.
También es una historia que atrapa desde el primer momento. Partiendo de la banalidad, Hitchcock es capaz de construir una historia inverosímil que surge de una mínima confusión de personalidad (de hecho, el "norte por noroeste" del título es una pista de ello: cómo un mínimo cambio de dirección lleva a un sitio equivocado). Roger Thornhill/Cary Grant, espléndido, tomado por el superespía que los malvados temen y han estado buscando, y que en realidad es una persona normal que tiene que realizar actos heroicos que no se esperan de él, es ya un supuesto atractivo, pero la angustia de ver a esta persona normal enfrentada a unos hechos que le superan y de los que sólo logra salir por milagro y algo de suerte es la base de toda una filosofía del suspense, como lo es el doble juego de Eva/Eve Marie Saint, o lo ominoso de los personajes que tienen en su contra, capitaneados por un más que correcto James Mason y por un inquietante Martin Landau (más que ser inquietante él, es su mirada lo que inquieta, y eso es algo a lo que pocos actores llegan).
Todo el mundo tiene escenas favoritas de esta película: las del monte Rushmore, la inmortal de la persecución del avión fumigador o, en tono más ligero, Cary Grant afeitándose con una maquinilla de dimensiones minúsculas; pero sí que se puede decir que Con la Muerte en los Talones/North by Northwest es una película que destila cine por todas las costuras. Magistral.

Tráiler a la manera de Hitchcock, en el que es el propio maestro el que nos presenta, con humor socarrón, lo que les espera en la pantalla. Marca de fábrica de uno de los pocos directores que eran la estrella de sus filmes:

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Trampa 22, de Joseph Heller

(Catch 22)
RBA Libros, col. Novela
Barcelona, 2005 [1955]

Es la segunda vez que leo Trampa 22. Esta novela ha sido considerada (con justicia, como explicaré) como un monumento de la literatura antimilitarista y del humor negro, y su título ha pasado a ser una frase hecha de la lengua inglesa. En mi primera lectura no entendía nada; no sólo no tenía el mínimo ápice de humor, sino que ni tan siquiera era coherente en su expresión. En cambio, releída en esta edición, no voy a decir que desde la primera página, pero sí desde la tercera empecé a reírme. Entonces caí en la cuenta de que en la portada (no la cubierta) había una frase: "traducción revisada". Si obvio el nombre de la traductora es porque a partir de media novela tengo la impresión de que la traducción ha sido menos revisada que lo precedente; pero el hecho incontestable es que, de repente, Trampa 22 había recuperado en esta versión no sólo el humor; también la coherencia de la legibilidad.
La trampa 22 del título es un silogismo típico de las organizaciones militares: cualquiera que vaya al combate está loco, puesto que no se preocupa por su supervivencia y, por tanto, no es apto para el servicio, pero pedir la exención del combate en base a esto implica que el individuo se preocupa por su propia seguridad, por tanto está cuerdo y no puede ser eximido de ir al combate. Diabólico.
Yossarian es capitán de bombarderos en una unidad cuyo coronel no hace más que aumentar el número de misiones de guerra necesarias para que las tripulaciones sean relevadas, y Yossarian está harto y al límite de su resistencia. Ha visto morir a demasiados compañeros y sabe que la próxima misión podría ser la "suya". Su inteligente conclusión es:
«─Están intentando matarme ─le explicó Yossarian con tranquilidad.
─¡Nadie está intentando matarte! ─vociferó Clevinger.
─Entonces, ¿por qué me disparan? ─preguntó Yossarian.
─Disparan contra todo el mundo. Quieren matar a todo el mundo.
─¿Y eso qué tiene que ver?»
Trampa 22 es un mosaico de la gente que compone el escuadrón de bombardeo que forma un cuadro, entre demencial, absurdo y humorístico, de un colectivo humano que representa las variadas respuestas frente a la guerra; relatada de forma peculiar, como líneas que se entrecruzan en hechos determinados, esta no linealidad contribuye a poner el acento en situaciones y caracteres concretos, pero sin perder de vista el fenómeno colectivo.
No es una historia personal, por mucho que Yossarian sea el personaje que une estas visiones. De hecho, es la historia de un absurdo, el militarismo más que la guerra, puesto que la trampa 22 es una metáfora de este poder omnímodo y absurdo inherente a la organización militar. Cuando el capellán del escuadrón es detenido (!), se produce este diálogo:
«─En ese caso, ¿por qué se siente tan culpable?
─¡No soy culpable!
─Si no fuera culpable, ¿por qué estamos interrogándolo?»
Es profundamente indicativo y representativo del modo de pensar de una organización tan jerarquizada y autoritaria como es la militar, donde la disciplina y la obediencia priman sobre todas las demás cosas, incluido el sentido común, que tiene que ser desterrado pues, ¿quién con sentido común estaría dispuesto a hacerse matar?
Novela emblema de la oposición a la guerra del Vietnam (y muy apropiada al caso), hay que señalar con rapidez que fue escrita mucho antes de que los USA emprendieran su política de intervención masiva en Indochina. La metáfora que es Trampa 22 existía con anterioridad, y fueron los hechos los que se adaptaron como un guante con la novela, una novela que satiriza sin piedad el hecho militar en sí y la guerra por extensión.
Sin renunciar al drama, sin abjurar de la desolación de la muerte, Trampa 22 es una novela divertidísima, con un humor que es negro porque lo que satiriza es escalofriante porque es real.

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Historia Oriental de las Peregrinaciones, de Fernão Mendes Pinto

(Peregrinação)
En Viajes y Crónicas de China en los Siglos de Oro
Ed. Almuzara/Fundación Biblioteca de Literatura Universal
Córdoba, 2009 [1569-1578]
Traducción-versión de Francisco Herrera Maldonado [1620]
Edición y nota de Iván Teruel Cáceres

Les advierto desde un principio que si desestiman estas Peregrinaciones por ser un clásico del siglo XVI, no saben lo que se están perdiendo.
Las Peregrinaciones (un título equívoco para nosotros, evocador de algún propósito religioso, que no tiene, en lugar del más directo de "errabundias" o "viajes") es el relato autobiográfico de Hernán Méndez Pinto, en su nombre castellanizado, por extremo oriente. Esto ya sería interesante, de manera vaga o concretamente erudita, para el estudio de la zona y sus relaciones con los occidentales en la época, pero hay más, mucho más.
Mendes Pinto fue uno de tantos portugueses que, insatisfecho en Portugal, pasó a las feitorias de la India en busca de fortuna. Desde allí visitó no sólo la India y Malaca, las principales bases portuguesas, sino Etiopía y los reinos, minúsculos y grandes, del Índico y el Pacífico; naufragó innúmeras veces y fue vendido como esclavo, siendo rescatado, a veces por milagro, para (con una tenacidad admirable) volver a empezar esa búsqueda aventurera partiendo de cero. Intentó invertir sus caudales como mercader, y cuando convino se hizo mercenario para apoyar, a veces por motivos políticos y mandato de los gobernadores portugueses, a veces por puro interés económico, a algún reino siamés, conchinchino o indonesio aliado; cuando no pudo ejercer el comercio, se dedicó a lo que él llama hacer el corso (en realidad, las más de las veces, pura piratería); en una ocasión, aplicándose como "corsario", naufragó en China y fue condenado a muerte; logró apelar y fue trasladado a Pekín; absuelto, sin embargo fue penado por dos años a trabajar en una de las provincias limítrofes chinas, donde fue alcanzado por una de las invasiones manchúes, en las que después sirvió militarmente como asesor; en uno de sus viajes se encontró y acompañó al futuro santo jesuita Francisco Javier a la China y el Japón. Entre otras muchas peripecias.
Toda esta acumulación es más propia de una novela de aventuras que no de una crónica, y no es de extrañar que no fuera creída en su época, creándose un chascarrillo con su nombre: "¿Fernão, mentes?" "Minto" [¿Hernán, mientes? Miento]. De hecho, la incredulidad ha seguido hasta época más reciente, cuando uno de los capitanes corsarios citados era tomado por imaginario, y entonces se halló su testamento, para asombro de estudiosos e historiadores.
He dicho que se parece a una novela de aventuras, pero no. Es mejor que una novela de aventuras, porque en la novelística se siguen unos clichés, unos esquemas (hay un malvado, un propósito más o menos definido, etc) mientras que aquí nunca sabes qué va a suceder en el próximo capítulo.
Las Peregrinaciones es un libro inagotable, valioso para historiadores, filólogos, geógrafos, pero sobre todo legible por cualquiera, que puede aproximarse al texto con las reticencias propias del lector que se aproxima al clásico... y encontrarse poco después devorándolo.

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Els Amants, de John Connolly

(The Lovers)
Eds. Bromera, col. L'Eclèctica
Alzira (Valencia), 2010 [2009]
Serie Charlie Parker nº 9

El cariño que tengo por lo que hace John Connolly está suficientemente probado (Perfil Asesino, Los Hombres de la Guadaña, The Unquiet) y proviene de que haya abordado un género, el del detective psíquico, que estaba muerto y enterrado y lo ha resucitado no como un zombie sino como un tema lleno de vida y potencia. Por supuesto, esto se debe al talento y estilo de su autor y a comprender a la perfección lo que estaba haciendo, porqué, y para qué.
En esta Los Amantes, Connolly da una nueva vuelta de tuerca a su personaje. Es una vuelta leve, pequeña, pero significativa para comprender hacia dónde va la vida de su protagonista y la razón misma de su existencia. Que se produzca puede indicarnos, tal vez no el final de la serie, pero sí la explicación de porqué Charlie Parker es un personaje que constituye un imán para lo extraño, una especie de contrapoder (muy a pesar suyo: uno de los grandes éxitos de Connolly es esa carga existencial que abruma a Parker) de las fuerzas del mal que pasean por entre la humanidad.
Desprovisto de su licencia de detective privado y vetado de portar armas de fuego, Charlie Parker se dedica a esclarecer un hecho que ya conocíamos por novelas precedentes: el suicidio de su padre, policía, después de haber matado a dos jóvenes desarmados. Un hecho que tiene mucho más que ver de lo que creemos con esta especie de maldición que soporta Parker, como es la de ser el receptor del dolor de los demás y tener que constituirse en vengador de los inocentes.
Lo cual nos indica también que la visión unificada que tiene Connolly del personaje y su historia es más cuidadosa y planificada de lo que es normal en estas series. Connolly sigue adelante (y a toda potencia) en su trazo del pathos que comporta su héroe/antihéroe, pero le añade, a partir de esta novela, una dimensión más: el hecho de que Parker no es el personaje que, por una serie de circunstancias, se ve inmerso en unos casos totalmente extraños; la verdad es que Parker tiene un destino involuntario encima, y es peón de unas fuerzas y poderes muy superiores a él, y que no puede controlar. Todo ello nos prefigura un futuro para el personaje y la serie que, de seguir con los niveles de calidad que ha mostrado hasta ahora, no puede más que ser apasionante.

Portada y sinopsis de la edición castellana
Portada i sinopsi de l'edició catalana

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El León en Invierno, de Anthony Harvey

SESIÓN MATINAL

(The Lion in Winter); 1968

Director: Anthony Harvey; Guión: James Goldman, basado en la obra teatral de James Goldman; Intérpretes: Katharine Hepburn (Leonor de Aquitania), Peter O'Toole (Enrique II), Jane Merrow (Alais), John Castle (Geoffrey), Anthony Hopkins (Ricardo), Nigel Terry (Juan), Timothy Dalton (Felipe II de Francia); Dir. de fotografía: Douglas Slocombe; Música: John Barry.

El amor tiene muchas formas, incluso algunas que no parecen amor. Y cuando se diluye con los juegos de poder, apenas se muestra. En esta película asistimos a la reunión familiar de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania, acompañados de sus hijos, con la candente sucesión de Enrique como tema principal. ¿Principal? Así parece, pero en realidad lo que asemeja es un juego de poder, más que por el poder, por el juego en sí. En estas maniobras, subrepticias a veces, violentas otras, asistimos a una de las primeras películas en la que la Historia se desacralizaba y los mitos pasaban a ser humanos, tal vez demasiado humanos, es decir, tal vez demasiado ruines (otra de las películas en este estilo es Robin y Marian). En otra tesitura, la composición personal adquiere un primer plano y, aparte de contemplar en unos primeros pero interesantes papeles a Anthony Hopkins, prefigurando el gran actor que sería, y a Timothy Dalton, componiendo una de las actuaciones (la otra es la de Cromwell) que demuestran que es mejor actor de lo que sus encarnaciones de James Bond permiten suponer, también incluye un duelo interpretativo fascinante entre Peter O'Toole como Enrique II y Katharine Hepburn como Leonor de Aquitania, que ocupan la pantalla y la mente del espectador.
Esa es la base de la película, pero es una base lo bastante amplia y genial como para llegar a la conclusión de que, si no es verdad (y es imposible que sea verdad), sí está bien contado, y que esos dos personajes bastaba con que se encontraran para sacar chispas de su roce. Y la extraña impresión de que de entre una profunda rivalidad por el poder, también podía surgir la admiración mutua que, forzada o no, podía ser amor.
El amor tiene muchas formas, incluso las desagradables e incómodas. Tal vez lo ambiguo de la relación entre Enrique y Leonor sea lo que nos fascina: puede ser odio, pero también admiración, respeto, y hasta ternura del uno hacia el otro. ¿Amor? Tal vez sí. Y es ese amor ambiguo (que, sin el poder por medio, es tan frecuente) es donde el espectador queda atrapado en una situación que percibe como real. Si ese es el mensaje, que Leonor y Enrique son una pareja normal que, por casualidad, son reyes de Inglaterra, la película triunfa por completo.

Tráiler:

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Jazz Porque Sí: Django Reinhardt

Bueno, era de prever. Cuando publiqué la entrada del Concierto del Centenario de Django Reinhardt, las peticiones de más "Django" empezaron a surgir. Aunque en aquel caso no era el propio Reinhardt, sino esa alma transmigrada en el cuerpo y los dedos de Adrien Moignard. El caso es que, en efecto, este tipo de jazz gusta a todo el mundo, de modo que a petición popular, cómo no iba a responder. Por otra parte, me cuesta poco resistirme a alguien que dice que quiera escuchar al genial manouche. Es uno de esos jazzmen que me enloquece.
Y cómo no iba a tener el Cifu programas dedicados a Django... Los tiene, y comprobarán que a él también le gusta, nada más empezar a escuchar la emisión. En este caso lo escucharemos, cómo no, con su casi inseparable Stéphane Grappelli. Pero, y ahí viene una rareza, también con Michel Warlop, un violinista casi desconocido por haber fallecido prematuramente, pero que ejerció su magisterio, como escucharán, de forma impecable.

Alguien (hablando de Grappelli, pero se puede aplicar a todos los que se reunieron en torno a Django), habló de "jazz feliz". Es una adecuada expresión. Sabemos que el sentimiento y la ternura no están reñidos, antes al contrario, con la felicidad, y que no sólo el swing más descarado y movido tiene que representar esa música. En todas sus facetas, el jazz del Quintet Hot Club de France, de Warlop, de Grappelli, de Django, es un jazz feliz.
Sean pues felices.
Como siempre, agradecer a Juan Claudio Cifuentes, el Cifu, y a su programa Jazz Porque Sí de Radio Clásica de Radio Nacional de España sus podcasts que nos acercan el jazz. Sin él estas entradas no serían posibles.

Nota para la audición: Si el reproductor de RNE fallara, cosa que sucede con demasiada frecuencia, y no se mostrara bien en su pantalla, debajo de la caja del reproductor hay una serie de enlaces. Clicando sobre el último de ellos aparecerá la pantalla de los podcasts de Jazz Porque Sí, con un reproductor que, esta vez sí, reproducirá a la perfección el programa.

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Á Lus do Candil, de Ánxel Fole

Ed. Galaxia, col. Biblioteca Ánxel Fole
Vigo, 20042 [1953]
Liminar de Salvador Lorenzana

Ánxel Fole fue uno de los primeros recuperadores de las letras gallegas en la posguerra, y él, junto a Álvaro Cunqueiro y José Mª Castroviejo, entre otros, es responsable de realizar una restauración no sólo lingüística, sino (tal vez más importante) temática, en el sentido de perpetuar el carácter gallego, recoger lo popular y elevarlo a literario, transmitir un sentido de otredad de lo gallego y sus gentes y representar Galicia como un territorio mágico-realista, mucho antes de que el llamado realismo mágico surgiera en latinoamérica.
Esta otredad tiene ciertas características: un humor suave, una integración de los fenómenos físicos y meteorológicos en el carácter de las gentes, una influencia céltica, y una presencia constante de lo mágico.
En el caso de esta colección de relatos que es A la Luz del Candil, adopta la forma de las historias contadas a la vera del fuego, un esquema tradicional donde los haya; relatos de situaciones de lo más variadas, que van desde las humoradas a las premoniciones, pasando por la historia de fantasmas o las muy realistas (pero imbuidas de ese sentido telúrico) sobre los lobos. Sin embargo, y a diferencia de otras tradiciones, estos cuentos a la vera de la lumbre no son enormes, extremados y aparatosos, sino que muestran una naturalidad, una intromisión de lo mágico o lo extraño en lo cotidiano que sólo refuerza el carácter de lo numinoso como presente en la vida diaria. Fole dice que son cuentos que él escuchó y recuenta; sea o no así, lo que Fole hace con ellos es reflejarlos por escrito de manera magistral, con una ironía y fatalismo propios de los gallegos que los vuelven cercanos.
Dentro del páramo que era la literatura fantástica de la época en España, Fole fue uno de los que mantuvo encendido el espíritu que hizo posible la obra de escritores posteriores, como Torrente ballester en parte y, seguro, José María Merino. Leer a Fole es escuchar la voz de la creencia popular, sumergirse en los usos de un territorio que esconde un folklore que es más que eso. Y es hacerlo reconociendo un estilo y sabiduría narrativa que hace de estos relatos pequeñas piezas maestras.

Portada y sinopsis de la edición gallega