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El Fuego y la Palabra, de Richard Brooks

SESIÓN MATINAL

(Elmer Gantry); 1960

Director: Richard Brooks; Guión: Richard Brooks, basado en la novela de Sinclair Lewis; Intérpretes: Burt Lancaster (Elmer Gantry), Jean Simmons (Hermana Sharon Falconer, nacida Katie Jones), Arthur Kennedy (Jim Lefferts), Shirley Jones (Lulu Bains), Dean Jagger (William L. Morgan), Edward Andrews (George F. Babbitt), Patti Page (Hermana Rachel), John McIntire (Rev. John Pengilly); Dir. de fotografía: John Alton; Música: André Previn; Dir. Artística: Edward Carrere.

Se pueden decir muchas cosas sobre la sociedad norteamericana, pero no se puede negar que dentro de todas sus contradicciones, las industrias culturales gozan de una admirable libertad para expresar sus opiniones. Tal vez no existe país en el mundo que tenga tanto respeto por la libertad religiosa (no del todo, de acuerdo; habría mucho que decir sobre las religiones no cristianas y sobre el ateísmo. Pero permítanme esta leve simplificación hoy); pero dentro de este clima liberal en cuestiones de fe, la cinematografía no ha tenido empacho en denunciar a los estafadores religiosos y otros chanchullos del mismo estilo.
En este caso se trata de denunciar los engaños de Elmer Gantry, un evangelista de los años veinte (invención del novelista Sinclair Lewis, pero símbolo y arquetipo de la miríada de estafadores que proliferan y pululan por la sociedad americana). Por supuesto, al estilo Hollywood, es decir, incorporando un melodrama al argumento. Pero así hacen las cosa y, reconozcámoslo, muchas veces lo hacen muy bien.
Es mérito del director/guionista que esta película interese tanto como lo hace, con un equilibro logrado entre la tensión dramática y la denuncia de la comercialización religiosa, entre el argumento, la narrativa, y la fe y sus trampas.
Efecto al que contribuyen e uncrementan unas magníficas interpretaciones por parte de Burt Lancaster y Shirley Jones, por encima de la media, y del resto del cuerpo actoral encabezado por Jean Simmons.
Una película sin fecha de caducidad, disfrutable hoy tanto como hace cincuenta años.

Tráiler:

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L'Home Inquiet, de Henning Mankell

(Den Orolige Mannen)
Tusquets Eds., col. L'Ull de Vidre
Barcelona, 2009 [2009]
Serie Kurt Wallander nº y 11

Esta El Hombre Inquieto es la última (y definitiva) novela de la serie Kurt Wallander. Mankell no mata a su protagonista, pero sí deja perfectamente claro que el resto de su vida, trágica o feliz, le pertenece, ya sí, sólo al personaje.
En consonancia con la característica que ha presidido siempre las novelas de la serie, en las que Kurt Wallander envejecía poco a poco, se desencantaba cada vez más y reflexionaba sobre su pasado y en cómo sería su futuro, este capítulo final es muy introspectivo, un repaso de las vivencias y circunstancias de la vida de Wallander, un continuo desfile de fantasmas (los de su padre, los de su matrimonio) y una liquidación vital de sus amigos y amores, junto con unas pocas alegrías contradictorias en sí mismas (Wallander ha tenido una nieta, un hecho que comprende una esperanza en su vida, pero uno que también conlleva una constatación de su vejez). Como tal, no es en absoluto una novela alegre, pero sí una novela necesaria y consecuente con el carácter del personaje.
No es que el argumento sea lo de menos, porque implica directamente a Wallander, pero sí que esta novela es la que más tiene que ver con la vida del inspector de todas las que ha escrito Mankell. Su consuegro, Håkan von Enke, oficial de alto rango de la armada sueca, desaparece en el transcurso de un paseo por el bosque, y pocos días después lo hace la esposa de von Enke, que es hallada asesinada con posterioridad. Todo ello después de una conversación entre von Enke y Wallander en la que el marino se refiere al hecho que se ha convertido en la obsesión de su vida: en los años 80, se detectó una intrusión de submarinos en las aguas territoriales suecas, y justo cuando se tenía rodeado a uno de estos submarinos fantasma y a punto de forzarlo a emerger se recibieron órdenes de abandonar esa caza y dirigirse a un punto en el que no había nada. Esta posible traición, infiltración de un topo entre los mandos militares suecos, preside todas las investigaciones que Wallander, a título semioficial, realizará, hasta que éste descubra, no toda la verdad, pero sí una parte.
Las grandes virtudes de Mankell han sido numerosas, y no se han basado jamás en un exotismo que puede resultar atractivo pero que, en el fondo, si no va acompañado de otras cosas, resulta vacuo. Su protagonista, ya lo hemos dicho, envejece, no se prolonga en el tiempo como un ser inmutable (e irreal); siempre ha acompañado sus argumentos con cuestiones sociales ante las que tomar partido (la cuestión báltica; el racismo, etc.); y Mankell fue tal vez el primero que analizó y puso en evidencia la liquidación del sueño que supuso la sociedad sueca, en apariencia un paraíso, en realidad una ficción que se materializó durante un largo tiempo pero que ha acabado por perderse. Estas cualidades siguen estando en esta novela.
Y si bien tenemos que decir adiós a un personaje (y es mérito del autor que esto nos duela a los lectores), sí comprendemos que no podía ser de otra manera, y que Mankell (tal vez tan harto y cansado como Wallander) lo hace poniendo un colofón que resume una trayectoria vital y un recorrido sociológico por la Suecia contemporánea. No habrán más novelas de Wallander, pero las lecciones que Mankell ha enseñado de cómo hay que tratar el policíaco y sus personajes hoy día siguen estando ahí. Y no son lecciones menores.

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Magos, Gurús y Sabios. Una Explicación Sencilla de lo Inexplicable, de Henri Broch

(Gourous, Sorciers et Savants)
Ed. Gedisa, serie Extensión Científica
Barcelona, 2007 [2006]
Prólogo de Georges Charpak, premio Nobel de Física

Zahoríes, extralucidez, astrología, misticismos, "poderes" sobrenaturales y otros misterios llenan estas páginas. Pero lo hacen al lado de su correspondiente refutación científica. No sólo teórica, sino experimental. Experimental con los mismos sujetos que pretenden tener esos poderes y cualidades.
Y no en experimentaciones específicas, sino empleando las habituales para conformar algo que se ha demostrado la herramienta única y válida de verificación, como es el método científico.
No es un ataque contra los poderes psíquicos, sino una refutación de los posibles casos que "demostrarían" y que, puestos a prueba bajo un ambiente de rigor experimental, lo único que demuestran es tener una explicación prosaica y natural.
En efecto, la superstición, la voluntad de creer en lo sobrenatural, es muy fuerte. Pero, una vez proporcionada la adecuada demostración de lo que realmente sucede con estos fenómenos, uno queda encantado, porque la ciencia, aplicada con rigor, puede llegar a ser más maravillosa que la creencia en supercherías.
Los ejemplos son numerosos: ¿Han pensado en qué carta astral puede tener un lapón, cuyo aspecto de cielo es tan escaso en constelaciones que debería, según la astrología tradicional, ser un hombre sin cualidades?
Vean con sus ojos el ridículo de los fabricantes de las cartas Zener, que para corregir un defecto en el reverso de estas cartas, las hicieron todavía más proclives a la trampa. Conozcan a un hombre que produce en su casa, y sin intervenciones sobrenaturales de ningún tipo, sábanas santas perfectamente plausibles, y con los mismos defectos y cualidades que la de Turín. Prevénganse contra los males de nuestra sociedad informatizada: el efecto cerebro, el efecto bola de nieve, el efecto escalada y el efecto riachuelos. Un ejemplo: "En 1963, el argumento de autoridad implacable para legitimar la tesis de la llegada de los extraterrestres a la Tierra en la antigüedad es el «profesor» Alexandre Kazantsev. En 1966 [...] nos hablan del «físico» Kazantsev. En 1969 [...] nos informa que Kazantsev ha «recibido honores por parte de la ciencia rusa». En 1970 [...] «sabio soviético Kazantsev». En 1971 [...] nos presenta a Kazantsev como un «auténtico sabio ruso y profesor». En 1974, Kazantsev se convierte en «escritor y sabio». En 1998, las ediciones Atlas presentan a Kazantsev como «sabio ruso, miembro de la Academia de las ciencias de Moscú». Sin embargo, en 1962, podíamos leer que «Alexandre Kazantsev [...] no es un sabio. Es un conocido escritor soviético de ciencia ficción [...] nacido en 1906 en Aknolinsk en Kazajstán. Cursó estudios técnicos superiores y trabajó como ingeniero mecánico. Empezó a publicar sus primeras obras en 1939.» ¡Dicho de otro modo, «el auténtico sabio ruso y profesor» no es ni sabio, ni ruso, ni profesor!"
Suficiente.

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Perfil Asesino, de John Connolly

(The Killing Kind)
Tusquets Eds., col. Andanzas
Barcelona, 2005 [2001]
Serie Charlie Parker nº 3

Les he comentado ya un par de veces (Los Hombres de la Guadaña y The Unquiet/Los Atormentados) la originalísima obra de John Connolly, que ha conseguido crear una obra única, evolucionada a partir de varios géneros. También les he dicho que Connolly merecía todo mi respeto al haber conseguido lo que ya pocas veces pueden provocarme obras tanto fílmicas como literarias, como es esa frisson, esa inquietud que hace que un lector se encoja instintivamente en la butaca mientras está leyendo.
Pues bien, esta Perfil Asesino es la que provoca esa sensación con más fuerza. Y lo hace desde las primeras páginas, siguiendo la máxima de Cecil B. De Mille de "empezar con un terremoto y seguir para arriba", con un tono mesurado y expositivo que, de repente, desemboca en una escena de pesadilla.
La trama central es el hallazgo de una fosa que descubre un asesinato masivo ocurrido en la década de los 60. Todos los miembros de la comunidad baptista de Aroostook desaparecieron sin dejar rastro, y ahora sus cadáveres han salido a la luz. Este hecho, y el que alguien investigue la historia de esa comunidad, provoca una serie de muertes. Charlie "Bird" Parker, un detective que recurrentemente en sus novelas intenta alejarse de los crímenes de sangre, dará el apaso adelante en la investigación, imbuido por el sentido de responsabilidad hacia las víctimas, que han desaparecido de este mundo, pero se hacen muy presentes en sus sueños.
Connolly ha desarrollado un híbrido de novela negra, detective psíquico y novela de terror, aprovechando los modelos de estos géneros pero evolucionándolos y adaptándolos, insisto, de una forma única. Charlie Parker hereda la tradición del detective psíquico, que tiene visiones del más allá y es sensitivo hacia las personas que han sufrido muertes trágicas e inmerecidas, pero no emplea agua bendita, ni grimorios, sino unas pistolas muy reales. Porque los malvados de las novelas de Connolly son, en efecto, encarnaciones más cercanas al Mal absoluto que a otra cosa, pero muy humanos. Si bien se mueven en una frontera nebulosa entre lo real y lo sobrenatural, son vulnerables (aunque difíciles de matar, por supuesto). El mérito de Connolly es encajar una narración verista, enclavada en los escenarios del estado de Maine, dentro del modelo hard-boiled y reconvertirla en auténticos horrores naturales y sobrenaturales que, extremos como son, no son nunca ridículos ni caricaturescos. Cuando uno cierra una novela de Connolly, sale de ella habiendo pasado por escenarios naturales, por situaciones posibles y con la inquietente sensación de que esos personajes que encarnan el Mal, si bien no son frecuentes, son perfectamente plausibles.

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Johann Mouse, de Fred Quimby

SESIÓN MATINAL

(Johann Mouse); 1952

Directores: Joseph Barbera y William Hanna. Intérpretes: Hans Conried (narrador).

Hubo una época en la que, en los cines, incluso los de estreno, se pasaba mucho más que una película: un noticiario, tráilers y un corto animado.
Creados, contra lo que les pueda parecer a aquellos que no han caminado entre los dinosaurios como yo, específicamente para la pantalla grande, han tenido categoría propia entre los premios de la Academia, y se han realizado obras maestras de concisión, comicidad y nivel artístico.
La que les presento hoy, Óscar en su categoría, consigue en sus escasos 8 minutos hacer una miniatura cómica, una joya animada. Sobre todo, representa una muestra genial de un género que ya no existe, ni en formato ni en tñécnica.
Y, además, me permite presentarles y homenajear a dos geniales "intérpretes" de la historia del cine: Tom y Jerry.
La historia es simple: A Jerry, el ratón que vive en casa del compositor Johann Strauss, le gusta bailar al son de los valses y Tom, para atraerlo, aprende a tocar el piano.
El resto, hay que verlo. Aprovechen, porque no sé hasta cuándo estará disponible:


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Trilogía Africana, de Alan Moorehead

(African Trilogy)
Inédita Eds., col. Historia Inédita
Barcelona, 2008 [1944]

En primer lugar, una pregunta: ¿de dónde sale esta traducción? Porque, cuando en una nota, en pleno 2008, uno se encuentre esta aclaración sobre "doce chelines": "unas cincuenta pesetas al cambio de entonces; unas cien al actual", cuando llevamos más de siete años manejándonos con el euro, huele a chamusquina. Espero que, en euros o en pesetas, el traductor de "entonces" o "actual" haya visto algo de dinero por su labor.
Bueno, poniéndonos en harina, el australiano Alan Moorehead fue corresponsal de guerra por el bando británico durante todo el escenario bélico de la Segunda Guerra Mundial en África. De hecho, su relato tiene tanto brío y tanto color local que esta Trilogía Africana (que también incluye la sangrienta campaña de Siria, británicos y franceses libres contra la Francia de Vichy, y un interludio en la India, en la que hay que recordar que ya se movían los independentistas indios: Gandhi, Nehru y los musulmanes) alcanzó cotas legendarias en su tema.
No hay que engañarse aquí. Moorehead es británico (de la Commonwealth británica, pero británico de adscripción), y su relato histórico está fuertemente desequilibrado en favor del bando aliado, tanto como para llegar al extremo de la propaganda. Tanto como para tener la impresión de que Rommel (al que jamás se denomina como "el zorro del desierto", un apelativo que empleaban los propios soldados británicos para desesperación de los mandos de la propaganda inglesa), que Rommel, decía, dé la impresión en el texto de ser un general mediocre que tuvo algo de suerte, y en cambio los generales británicos fueran todos unos genios que, ya ve usted, tuvieron algún momento de mala suerte.
En fin. Moorehead no es historiados, ni falta que le hace, y por fortuna sus opiniones sobre la guerra son fácilmente descartables y disociables de lo que conforma esta trilogía como testimonio valioso: el día a día, la vida de los soldados en el desierto, la guerra a pie de batalla y el discurrir del tiempo en los momentos de descanso en las inmediaciones del frente. Es decir, las crónicas cotidianas del corresponsal que realmente estuvo allí. En este aspecto, Moorehead se convierte en gigante y retrata a los hombres y situaciones de manera magistral. Qué comen, cómo pasan el tiempo, cómo sus permisos, cómo combaten, a qué aspiran, cómo se relacionan con su material, con el enemigo y, sobre todo, con el desierto, ese medio que adquiere entidad propia, hasta convertirse en un personaje más.
En esta perspicacia, visión incisiva, retrato preciso y descripción acertada, Moorehead compone un panorama potente, realista, emocionante a veces, casi un homenaje a los hombres que combatieron en ese escenario. En este relato de alguien que estuvo allí y compartió las vicisitudes del VIII Ejército, las idas y venidas forzadas por éste y por el Afrika Korps, es donde reconocemos la grandeza del testimonio, que se vuelve imprescindible, grandioso y vívido, y se puede afirmar que no se tiene idea de lo que representó esta campaña hasta que no se ha pasado por el relato de Moorehead.

Portada

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Historia Mundial de los Desastres. Crónicas de Guerras, Terremotos, Inundaciones y Epidemias, de John Withington

(A Disastrous History of the World. Chronicles of War, Earthquakes, Plague and Flood)
Turner Publicaciones, col. Noema
Madrid, 2009 [2008]

¿Comprenden ustedes porqué los británicos son tan increíbles? Hacer un libro contando nada menos que erupciones volcánicas, terremotos, maremotos y tsunamis, inundaciones, tormentas, otros fenómenos climatológicos extremos, epidemias, hambrunas, guerras e invasiones, crímenes de estado, rebeliones, motines y terrorismo, incendios, explosiones y envenenamientos masivos, estampidas, derrumbes y ataques de pánico masivos, naufragios, accidentes de tren, accidentes de avión y otros desastres de transporte, sólo se les podía ocurrir a ellos. Podrían haberlo titulado "Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis" y se hubieran quedado cortos. Pero también es cierto que sólo ellos podían hacerlo, como acostumbran, con tanto panache y tanta documentación.
Si creen que es un ejercicio morboso el reunir todas estas mortalidades, tengo que responderles que el ser humano es particularmente olvidadizo en cuestión de catástrofes. La ayuda inmediata puede movilizarse, pero no es seguro que nuestra atención se centre en el lugar hasta sus últimas consecuencias. Haití [en el momento en que escribía esta reseña] acaba de ser devastado por un terremoto, pero no hace tantos años que Haití fue noticia. La situación de Haití es peor que antes del terremoto, pero la situación haitiana antes del sismo ya era peor que años atrás. ¿Quién puede decir con propiedad qué les ha sucedido a los afectados por la erupción del Nevado del Ruiz? Por ejemplo.
Y el caso es que la historia de la humanidad también está conformada por los desastres que hemos sufrido, naturales o no. Como dice el texto, nada más iniciarse: «El suceso que más cerca ha estado de aniquilar a la raza humana tuvo lugar hace más de 74.000 años: la erupción de un volcán en Sumatra dejó la población mundial, que rondaba el millón de personas, reducida a diez mil individuos.» La contraportada nos indica: «al final de tanto horror, una idea vigorizante: que el ser humano, hasta hoy, ha salido siempre adelante.»
Laudable idea, y prefiero siempre a los optimistas. Pero también nos deja otra idea, y es que la humanidad es muy frágil, muy vulnerable. Si no podemos evitar las catástrofes naturales, por lo menos no nos pongamos al borde de la extinción nosotros mismos.

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El Mandarín, de José Maria Eça de Queirós

(O Mandarim)
Libros del Zorro Rojo/Instituto Português do Livro e das Bibliotecas/Ministério da Cultura de Portugal/Ministerio de Cultura, col. Especiales de la Biblioteca del Faro
Barcelona, 2007 [1880]
Ilustraciones de Alberto Cedrón

En la literatura europea, el tema del exotismo, en concreto del Oriente, que tuvo su reflejo en las artes plásticas con las japoneserías del Art Nouveau, fue uno de gran calado, y no faltan muestras de estas incursiones en las culturas lejanas por parte de los prohombres de la literatura.
En este contexto se inscribe el relato largo de Eça de Queirós, combinado con el misterio fáustico y la fábula moral. Teodoro es un mediocre funcionario lisboeta, que malvive en una pensión, con apenas un poco de dinero sobrante para tabaco y unos pocos libros de viejo. Es en uno de estos donde topa con un párrafo inquietante: «En lo más remoto de la China existe un mandarín más rico que todos los reyes que refieren la Fábula o la Historia. Nada conoces de él, ni el nombre, ni el rostro, ni la seda con que se viste. Para que tú heredes sus infinitos caudales, basta que hagas sonar esa campanilla, puesta a tu lado sobre un libro. Él exhalará apenas un suspiro en los confines de Mongolia. Entonces será un cadáver, y tú verás a tus pies más oro del que puede soñar la ambición de un avaro. Tú, que me lees y eres un hombre mortal, ¿harás sonar la campanilla?»
Asustado en un principio, aparece en su habitación «un individuo corpulento, vestido totalmente de negro, con sombrero alto y guantes también negros, las manos gravemente apoyadas en el puño de un paraguas. No tenía nada de fantástico. Parecía tan contemporáneo, tan corriente, tan de clase media como si viniese de mi repartición...»
Esta aparición diabólica (pero tan sin alharacas, reminiscente del mejor Max Beerbohm) convence a Teodoro para que haga sonar la campanilla. Y, en efecto, el protagonista se convertirá en el hombre más rico de Lisboa de la noche a la mañana, y empezará a comportarse como tal. Con un pero: el cuerpo exánime del mandarín se convertirá en aparición recurrente sobre su cama, recordándole el origen de sus riquezas. Acometido por los remordimientos, viajará a China para reparar el agravio para con la familia del mandarín, y para hacer el bien con esos millones que considera fruto del asesinato. Algo en lo que fracasará, volviendo a Lisboa, renunciando a la riqueza, descubriendo la hipocresía de los que antes le halagaban y ahora lo desprecian por pobretón y manirroto, con lo que, encolerizado, volverá a su vida de potentado.
Es un final bien diferente al que la ética protestante impone por lo general a estas historias (aunque me callo los últimos párrafos de este relato, geniales), pero no sólo esto es remarcable en esta obra. De la calidad literaria pueden haber tenido prueba en ese conciso párrafo que he citado. Pero es también una historia abierta, en el sentido de ¿quién tocará la nueva campanilla por la que morirá Teodoro? ¿Y quién sabe cuántos lectores, cuando leyeron ese párrafo en el libro de Eça de Queirós, no echaron de menos esa campanilla en la mesilla de noche?
En esta obra de apenas 80 páginas las implicaciones, los significados y los niveles se multiplican de forma prodigiosa para conformar una curiosidad que es mucho más que un relato exótico, sino que constituye todo un tratado sobre la tentación, la hipocresía, la responsabilidad, la expiación, la condena y, en resumen, el ser humano.

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En Compañía de Lobos, de Neil Jordan

SESIÓN MATINAL

(The Company of Wolves); 1984

Director: Neil Jordan; Guión: Angela Carter y Neil Jordan, sobre relatos de Angela Carter; Intérpretes: Angela Lansbury (Abuelita), David Warner (Padre), Graham Crowden (Viejo sacerdote), Brian Glover (Padre del muchacho amoroso), Sarah Patterson (Rosaleen), Micha Bergese (Cazador), Stephen Rea (Joven Novio), Tusse Silberg (Madre), Kathryn Pogson (Joven Novia); Dir. de fotografía: Bryan Loftus; Música: George Fenton; Efectos especiales de maquillaje: Christopher Tucker; Dir. de producción: Anton Furst.

Este blog, entre las muchas deudas que tiene, debe unos recuerdos a Angela Carter, una autora inteligentísima que desapareció demasiado pronto pero que hizo durante su vida un ejercicio militante y literario de análisis del papel de la mujer, de los cuentos de hadas y de sus implicaciones sociales y psicológicas.
Esta En Compañía de Lobos no es más que los sueños de una joven, sobre lobos y hombres lobos, pasados por el tamiz de esos en apariencia inocentes cuentos infantiles, sobre todo Caperucita Roja. Por descontado, nada es lo que parece, ni tan siquiera en literatura infantil, la más clara, pero también la más tenebrosa de las literaturas.
Definida como fantasía adulta, tiene más de adulta que de fantasía, salvo que ésta se considere (como ha sucedido siempre en el análisis fílmico/literario) como una alegoría o una catarsis, una especie de aviso para niñas y jóvenes no de los peligros de caminar sola por el bosque, sino del peligro que representa el hombre como lobo siempre al acecho de la inocencia de las niñas/mujeres. Perdonen lo simplista de esta reducción argumental. En realidad, el simbolismo es menos evidente, aunque claro, y está tratado de una forma más profunda. Tanto como para merecer la pena el visionado de esta película a la vez tesis y narración.
Llena de cualidades fílmicas, con un maquillaje innovador y una fotografía soberbia, sigue siendo una de las películas más inteligentes y razonadas, a la vez que visualmente impactantes, que se puedan encontrar sobre este tema.
Pido excusas por la mala imagen de este tráiler (que tiene todo el aspecto de ser obra de un fan). Es lo que hay. Pero lo que hay da buenas pistas sobre el film.


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Blandir la Espada. Historia de los Gladiadores, Mosqueteros, Samurai, Espadachines y Campeones Olímpicos, de Richard Cohen

(By the Sword. A History of Gladiators, Musketeers, Samurai, Swashbucklers, and Olympic Champions)
Eds. Destino, col. Imago Mundi
Barcelona, 2003 [2002]
Trad. de Patricia Antón

Les he hablado alguna vez del prodigio de detalle que suele acompañar los ensayos anglosajones, traten los temas que traten, y este no es una excepción. Richard Cohen, que además de director editorial fue campeón de esgrima, ha realizado una investigación exhaustiva sobre el manejo de la espada a lo largo de todas las épocas, y la ha puesto por escrito de forma amena y ágil, conformando una lectura apasionante.
Sólo como detalle y prueba de su minuciosidad podemos citar que ha llegado hasta a mencionar el origen y evolución de los palos y figuras de la baraja, tanto española como francesa.
Pero el texto va más allá de la colección de anécdotas y curiosidades. No se trata sólo de una historia del arama en sí, ni un estudio sobre la evolución de su manejo. En el decurso de esta obra, Cohen se mete en la historia, la literatura, el cine, la moda, el feminismo, la sociología, el deporte, etc. Esto en cuanto a las ramas mayores del conocimiento. Puestos en la especialización, entrará en el duelo, las iniciaciones estudiantiles alemanas, las trampas, las academias, los estilos, el nazismo, fascismo y antisemitismo, el negocio de la esgrima, los panoramas nacionales o la estocada secreta. Amén de lo que anuncia el título: los principales esgrimistas de todos los tiempos, fueran de la cultura o el período que fueran.
Estos estudios, por esa tradición anglosajona que les comentaba, suelen estar apoyados por una bibliografía y fuentes descomunales que, sin embargo, jamás ahogan el texto. Y así, suelen componerse ensayos que, si no puede hablarse de "definitivos", sí se erigen en piedras miliares de los temas que tratan.
Cohen, en esta tradición, devuelve al lector el placer de leer ensayos, y esta historia de la esgrima y de la espada constituye uno de los libros más amenos, interesantes e informativos que existen. Uno de que uno se atrevería a afirmar que captará la atención de cualquier lector que se acerque a él, por poco interés que enga en el tema.

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Antología Poética, de Ángel González

Alianza Ed., col. El Libro de Bolsillo
Madrid, 19823 [1956-1977]
Selección del autor
Introducción de Luis Izquierdo

Ángel González fue uno de esos poetas fundamentales que pasaron por la vida siendo un nombre reconocido pero al que apenas los cuatro locos que leen poesía (quiero decir que verdaderamente leen poesía) apreciaban en su justo valor, que era inmenso. Hombre, más que tímido, discreto, incluso su rostro era poco conocido, tal vez porque a él no le gustaban las alharacas de la promoción, la popularidad y los medios. Que aún así descollara en el panorama poético español dice mucho de su poesía.

De Áspero Mundo [1956]

Cumpleaños
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

Es muy difícil escoger entre sus poemas. Habrán que gusten más que otros, como siempre, pero, o bien por calidad natural o bien por autocrítica, Ángel González no publicó nunca un mal verso, o incluso mediocre. En los tres que selecciono aquí puede darse la impresión de que era un poeta personal, que se miraba a sí mismo. De entre sus temas, éste era uno, pero en absoluto único. Desde lo social a lo universal, todo en el mundo fue su tema.

De Sin Esperanza, con Conocimiento [1961]

Crisis
Lo ideal en estos casos
sería morirse de muerte natural,
hacer un gesto agrio,
estirarse
definitivamente,
y marchar con cuidado
para que nadie pueda
darse por ofendido.
Pero ello no es posible
sin contar con Dios Padre
─y los restantes.
Por eso
─frío en la calle, tedio
en los que pasan─
permanezco en mi sitio, y vivo
─corazón asediado por el llanto─
mi hora la terrible:
la que aún no ha sonado.

Pero les ruego presten atención a que en sus poemas personales, Ángel González se reexaminó a sí mismo constante, críticamente. No fue poeta que hubiera hallado una fórmula magistral y se ciñera a ella, aferrado a lo fácil, apegado al funcionalismo. Siempre innovando, siempre evolucionando, fue uno de esos poetas del que se lamenta su desaparición no por lo creado, que ya era inmenso, insisto, sino por lo que le quedaba por escribir.
Me considero honrado por haber podido expresarle mi aprecio en vida, y privilegiado por el hecho de que me frecuentara de tanto en tanto. Hoy, los homenajes le sobran, pero el recuerdo jamás.

De Grado Elemental [1962]

Nada Es lo Mismo
La lágrima fue dicha

Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su realidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.

¿A qué llorar por el caído
fruto
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?

No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:

nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

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Perder Es Cuestión de Método, de Santiago Gamboa

Ed. Grijalbo Mondadori, col. Literatura
Barcelona, 1997 [1997]

Cundo un país se ve inmerso de manera prolongada en el tiempo en una situación distorsionadora, esta tiende a invadir todos los medios, salvo los puramente evasivos. Es por tanto un fenómeno infrecuente, por ejemplo, que en esta novela el colombiano Santiago Gamboa evite (aunque lo mencione) el tema de las FARC, la guerrilla y el narcotráfico y se centre, en cambio, en la corrupción inmobiliaria.
El protagonista en este caso no es un detective, sino un periodista, Víctor Silanpa (en un ¿homenaje? al premio Nobel de literatura finlandés; por cierto, algún día alguien debería hacer algún estudio que relacionara estos investigadores no policiales con sus respectivas sociedades). Claro que investiga no estrictamente por prurito profesional. De hecho, Silanpa recibe los avisos de crímenes directamente de la policía, que entonces se sienta a esperar a que el periodista les haga el trabajo de investigación. Un convenio beneficioso para ambas partes, pero uno que dice mucho del clima moral existente.
Culta, innovadora, bien escrita, con dosis de ironía y humor excelentes, la novela trasciende al género, muy a la Vázquez Montalbán, incluyendo las incursiones culinarias, para sumergirse en política, en la componenda y el espectro de la clase dominante y triunfadora de un país, que vive, en la práctica, en otro mundo, uno diría que en otra nación. Todo alrededor de unas escrituras sobre unos terrenos que pueden proporcionar unos beneficios millonarios. Tantos, que permiten gastos extra, como el asesinato.
Sin esta ironía que persiste en el relato, nos hallaríamos frente a un policíaco más, muy bien escrito, eso sí. Pero el humor, como no me cansaré de repetir, suele ser un buen instrumento para poner a la vista cualquier miseria, moral, política o social. Gamboa lo ha comprendido a la perfección y así, riendo, riendo, nos llevará de la mano hacia una conclusión y una comprensión que se otra manera sería deprimente (pero real) y que así planteada es cómicamente desoladora.

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À Bout de Souffle / Al Final de la Escapada, de Jean-Luc Godard

SESIÓN MATINAL

(À Bout de Souffle); 1960

Director: Jean-Luc Godard; Guión: Jean-Luc Godard sobre argumento de François Truffaut; Intérpretes: Jean-Paul Belmondo (Michel Poiccard), Jean Seberg (Patricia Franchini), Daniel Boulanger (Inspector de policía Vital), Jean-Pierre Melville (Parvulesco), Jean-Luc Godard (un informador); Dir. Fotografía: Raoul Coutard; Música: Martial Solal; Montaje: Cécile Decugis.

Titulada en España Al Final de la Escapada, todo el mundo la conoce, sin embargo, por su original. À Bout de Souffle no inauguró la Nouvelle Vague francesa, pero sí fue un´filme que se convirtió en representativo de la misma. No es tampoco que sus técnicas fueran inéditas hasta la fecha, pero sí su acumulación en una sola película, lo que la hizo una cinta rompedora y que mostraba un nuevo método de contar una historia.
El argumento es simple en apariencia: Belmondo es un ladrón de coches que ha matado a un policía y es perseguido por ello. En esta escapada en la que intenta salir del país, cae en una relación con Jean Seberg, hasta que ésta lo delata y es muerto. Ya sin aliento (de ahí el título original y su traducción al inglés, Breathless) pronuncia una de las frases, bien acusadora, bien resignada, más incomprensibles (y homenajeadas) de la historia del cine.
Repleta de referencias visuales y fílmicas (la película está dedicada a la productora Monogram), es una historia sincopada y seminal sobre el cine negro, sus ambientes y clichés, empleados, homenajeados, pero nunca copiados; y sobre todo, sobre la soledad definitiva del individuo; del error que representa fiarse de alguien que no sea uno mismo. Lo que es una parábola no sólo aplicable al mundo del crimen.
Curioso tráiler este, compuesto de una sucesión de elementos, presentes en la película, que insinúan más que explican la trama. Sin duda tan original como es el propio cine de Godard, no siempre satisfactorio pero sí interesante por lo irreductible siempre, por lo fallido otras, porque sus aciertos, cuando acierta, no son en absoluto menores. Como en esta película.

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Il Sentiero dei Nidi di Ragno, de Italo Calvino

Arnoldo Mondadori Editore, col. Oscar opere di Italo Calvino
Milán, 199334 [1947; corregida 1964]
Presentación del autor

El Sendero de los Nidos de Araña es la primera novela de Italo Calvino. Muy diferente a sus obras posteriores (aunque con destellos de de aquello en que se convertiría su autor), es una historia íntimamente ligada a la trayectoria vital del escritor, que había pasado por las filas de la Resistencia italiana en los últimos estadios de la Segunda Guerra Mundial.
Se trata de la historia de Pin, adolescente barriobajero y procaz, hermano de una prostituta, que sigue siendo un niño en el fondo pero al que la guerra ha abocado al mundo adulto, que todavía no lo admite como suyo. Pin prácticamente se verá forzado a robar la pistola de un marino alemán, en un claro paralelo de prueba de iniciación que, además, es una canallada y una cobardía por parte de los hombres de la taberna del pueblo. Este hecho le llevará a prisión, de donde escapará y logrará unirse, como pinche de cocina, a un grupo de la Resistencia. A partir de ahí, la novela deviene un retrato, más bien antiheroico (un efecto buscado por el propio Calvino), pero no desprovisto de épica, de ese grupo, y la culminación de la historia de Pin, que no voy a revelar porque es sorpresiva, brillante y propia de un gran narrador.
Esta edición italiana se beneficia de una presentación del autor (desconozco si está presente en la edición castellana), escrita años después de publicada la novela, que es una de las mejores obras literarias de Calvino: inteligente, incisiva, irónica, ilustrativa y juguetona como sus grandes novelas. Quienes la lean quedarán más enterados de qué y cómo quería escribir Calvino este Sendero de los Nidos de Araña. A mí me queda sólo por decir que esta obra puede ser desigual, pero que las malas páginas de Calvino todavía se elevan con mérito propio sobre la mayoría de la literatura que se produce actualmente. Y que tiene, para compensar, momentos únicos de la altísima literatura a la que nos tiene acostumbrados y que ya prefiguraban, en ese año 1947, lo que iba a ser Calvino como escritor.
Puede que sea una obra realista (neorrealista incluso, aunque el propio Calvino explica que el neorrealismo no fue una escuela) pero en su estructura compone algo más allá. No puede hablarse de "neorrealismo fantástico", pero casi. Puede que esté basado en la experiencia vital, pero al escoger protagonistas, más que antiheroicos, vulgares hasta resultar odiosos, Calvino se distancia de la autobiografía y de la hagiografía. No hay combates en esta novela, sólo ruidos de combates en la distancia; sólo la vida cotidian, y sin embargo ésta es violenta. Curiosamente, los cadáveres que son vistos son los de italianos muertos por italianos, con lo que Calvino insinúa que la historia no fue sólo la de una resistencia contra el ocupante, sino también una cruel guerra civil, y una que se libró sin piedad.
Y hay algo que Calvino no dice en su introducción, y que sólo insinúa en el texto, y es que este Sendero de los Nidos de Araña es una trasposición, enormemente imaginativa, rabiosamente moderna, enormemente bien hecha, del Kim de Rudyard Kipling. Incluso los nombres de los protagonistas "Pin" y "Kim" mantienen una similar eufonía. A mí siempre me ha gustado Kipling. Y esta versión de Calvino, también.

Portada y sinopsis de la edición castellana

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Politics, de Adam Thirlwell

Fourth Estate/Harper Collins Publishers
Nueva York, 2003 [2003]

Después les cuento cómo he llegado a leer este libro. Es una historia curiosa. Pero ahora vamos a la novela en sí.
El maravilloso y sorprendente sistema de catalogación de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos clasifica esta novela como: 1. Triángulos (relaciones interpersonales)-Ficción. 2. Londres (Inglaterra)-Ficción. Con permiso de los bibliotecarios, la novela pasa en Londres (y en Venecia), pero no es que la ciudad tenga un papel tan preponderante. Y sí, es la historia de un triángulo amoroso, pero reducirlo a esto es excesivo. O, mejor dicho, es una simplificación excesiva.
Un triángulo, en efecto, y por tanto las referencias a Jules et Jim son numerosas (aunque sólo uno de los personajes la haya visto, y no uno de los vértices de un triángulo entre los protagonistas, Moshe, Nana y Anjali, que siempre oscila entre el isósceles y el escaleno y prácticamente nunca se sitúa como equilátero). Pero en realidad, y como dice el autor, «Este libro no trata de sexo. No. Trata sobre la bondad. Esta historia es sobre ser bueno. En este libro, mis personajes tienen sexo, mis personajes hacen de todo, por razones morales».
Por descontado, el sexo es omnipresente en esta novela. Pero cuando el autor se centra no tanto en lo que hacen sus personajes sino en lo que piensan sus personajes mientras hacen el amor (y piensan sobre todo en el otro), cuando un escritor subdivide este acto sexual en fragmentos diminutos de pensamientos, razones e intenciones dentro de este mismo acto, no podemos en puridad referirnos a esta novela como sexual, mucho menos obscena. Psicológica, tal vez. Sentimental, en tanto que analiza los sentimientos más que las sensaciones.
Es una historia sobre las inseguridades de los implicados, sobre lo difícil que es comunicarse con la pareja, sobre los malentendidos que se crean por estas dificultades de comunicación. Si el llegar a un triángulo que ninguno de los tres desea y que a ninguno de los tres satisface les parece extremo, contestaré que puede parecerlo, pero que historias más vulgares (como rupturas de pareja o, peor todavía, formaciones de pareja) se dan cada día y adolecen de los mismos malentendidos y confusiones. Es deber de la (buena) literatura ser extrema para captar nuestra atención.
Tenemos aquí una novela que es sexual pero sin serlo, una que efectúa una deconstrucción exhaustiva del amor y las ganas que tienen los enamorados de complacer a la pareja (y no sólo sexual, sino anímica y emocionalmente), de las frustraciones consigo mismo y de cómo influyen en las relaciones de pareja. De la voluntad de dar (a veces más de lo que el otro espera o desea). Por lo que nos hallamos ante una novela que trata de la bondad, de la amabilidad en el amor. Escrita con ritmo, interés y percepción. Y momentos muy brillantes.
Es una historia sobre el altruismo en el amor, también. Sobre todo, es eso. Sobre la moral que es comportarse como Rick en la escena final de Casablanca. Y lo conmovedor que es tener esta actitud. Y sin embargo...
«Era benevolente, decirle a Nana que fuera egoísta. A veces no puedes ser altruista. A veces, creo, es demasiado autodestructivo. Quizá esto parece blasfemo, tal vez ofende su propia moralidad personal. Pero tengo razón.
»Este libro es universal. Lo he dicho desde el principio. Porque es universal, es ambiguo. Tiene algo para cada persona. Y la ambigüedad final es esta.
»Obviamente estoy de parte de Papa. Obviamente admiro su generosidad y amor. Creo en la generosidad. Pero no sólo estoy de parte de Papa. También estoy de parte de Nana. Porque puedo entender la amabilidad. Es una cosa maravillosa.
»Pero, ¿qué hay en verdad de malo en el egoísmo? A veces el egoísmo es también moral.»

[¿Y cómo he llegado a leer esta novela? Estaba un día curioseando en los estantes de narrativa en inglés de la biblioteca cuando eché un vistazo a este Politics. Es una edición peculiar. Sin resumen de sobrecubierta ni solapas, ni siquiera el título en cubierta, sólo en el lomo. Bello libro, no obstante. Lo abrí buscando, no sé, una nota biográfica, una referencia a "otras obras publicadas por el autor", una anotación sobre algún premio recibido, qué sé yo. Llegué a la portada del libro y allí, bajo el Politics A Novel, y por encima del nombre del autor, había una firma que rezaba: "Adam Thirlwell". Es evidente que cualquier tarado puede ir a una biblioteca y, clandestina o abiertamente, agarrar Guerra y Paz y firmar en la portada "León Tolstoi". Hay gente para todo. Pero, por experiencia personal y profesional, sé reconocer cuándo una firma de escritor, sobre todo de uno acostumbrado a firmar ejemplares, tiene aspecto genuino. Ésta lo tenía. Consulté a los bibliotecarios. No sabían nada y no constaba que Mr Thirlwell hubiese sido invitado jamás a impartir doctrina ni opiniones allí. Podía ser uno de los ejemplares que se firman a ciegas en las librerías anglosajonas, y que se venden a un precio algo más elevado, pero conociendo la avidez de los libreros estadounidenses, lo dudaba. Recurrí a internet. Thirlwell es periodista, y tiene una columna en el New Statesman. Y, en efecto, en una de ellas describía una visita suya a Barcelona.
Pueden existir centenares de explicaciones a cómo esta firma ha llegado a ese ejemplar de ese estante. Pero prefiero pensar que Thirlwell estuvo allí. Que vio, complacido o sorprendido, su libro. Y que lo firmó, dejando ese regalo para que lo encontrara un lector. Como así le sucedió a su seguro servidor.]

Portada y sinopsis (o eso dicen) en inglés

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El Factor Humà. Nelson Mandela i el Partit de Rugbi que Va Construir una Nació, de John Carlin

(Playing the Enemy. Nelson Mandela and the Game that Made a Nation)
Eds. La Campana
Barcelona, 2009 [2008]

Si se echa la vista atrás, el siglo XX no es uno de los que pueda sentirse particularmente orgullosa la Historia. Es probable que los hayan habido peores, pero lo dudo. No obstante, al lado de una guerra que iba a acabar con todas las guerras, a la que sucedió otra que la convirtió en un juego de niños, a las miserias de la descolonización, que culminaron con cinismo el colonialismo del siglo anterior, a la inexistencia de un solo día de paz en el mundo, a la guerra fría y su desvirtuación de facto de la democracia y la libertad, al lado de todas las catástrofes y desequilibrios, hay destellos deslumbrantes de grandeza. Cosas que no hubiera esperado ver jamás en mi vida.
El fin del apartheid en Sudáfrica fue una de ellas. O tal vez sí hubiera esperado verlo. Pero no de la manera en que se produjo, sin una guerra civil que parecía inevitable. Con una ausencia de revancha tan notable.
Este libro cuenta la historia de cómo fue posible.
A John Carlin lo hemos disfrutado en España, en colaboraciones en la sección internacional de El País, en artículos deportivos en los que demostraba una calidad casi literaria inusual en un género dominado por la carencia de estilo, de cultura y hasta de ortografía, y en intervenciones radiofónicas mesuradas, inteligentes y de voz cantarina a la que colabora ese acento inglés que le acompaña y que, extrañamente, le proporciona cierta autoridad.
También fue corresponsal en la República Sudafricana durante seis años. Pero esto es lo de menos, porque no se trata tanto de lo que viera en su estancia (aunque el deslumbramiento y la emoción que le debió provocar han hecho que lo pueda transmitir en este texto) sino que Carlin ha realizado un magnífico trabajo de periodista, entrevistándose con todos los protagonistas, ordenando los testimonios y presentándolos como un todo coherente.
Este libro se titula El Factor Humano. Nelson Mandela y el Partido de Rugby que Construyó una Nación, y no es una exageración. Sudáfrica vivió las tensiones de un momento de cambio planetario (la caída del muro de Berlín y del comunismo) que en la práctica dejaban al país como el paria del mundo en cuestión de derechos humanos fundamentales. Lo insostenible de esta situación, tanto exterior como interiormente, fue el motor que motivó la excarcelación de Mandela y el llegar a un acuerdo para la liquidación del sistema de apartheid. Eso ya era notable, pero para nada era todo. La nueva constitución fue votada sólo por una minoría de la población blanca; se hablaba de la constitución de un estado afrikáner blanco segregado del resto de la república. Mandela parecía detener los instintos de sus seguidores, y resistía con serenidad los intentos de desestabilización, plasmados en asesinatos de líderes negros, de blancos "traidores" y de figuras del poder blanco. Pero faltando Mandela, o a un desliz de éste, el eslógan "Un colono, una bala" o su contrario, la kaffirskietpiekniek, la cacería de kaffirs (negros, en sentido despectivo) se hubieran desencadenado. Viljoen, el líder blanco, decía «Estaba angustiado, muy angustiado. Se habían dicho muchas cosas positivas, ¿pero dónde estaba la prueba definitiva que yo podía mostrar a mi pueblo?»
Como dice Carlin, "la prueba era que Mandela demostrase que el pueblo de Viljoen era también su pueblo; que extendiese su abrazo afectuoso más allá de Constand Viljoen, John Reinders, Niël Barnard y Kobie Coetsee hasta abarcar a todos los afrikaners. El consejero legal de Mandela e íntimo confidente en la oficina presidencial, un abogado blanco llamado Nicholas Haysom, que había sido encarcelado tres veces durante los años de la lucha contra el apartheid, definía la misión muy convenientemente en términos épicos.
"«Lo llamamos la construcción de una nación. Hay una cita de garibaldi que lo ejemplifica con gran elocuencia. Cuando cumplió con su misión militar, Garibaldi dijo: 'Ya hemos creado Italia, ahora hemos de crear italianos'. El reto que Mandela afrontaba era mucho más complicado que el de Garibaldi. Italia estaba dividida pero era homogénea. En 1994 Sudáfrica era un país dividido histórica, cultural, racialmente y de muchas otras maneras diferentes.»"
Lo consiguió un partido de rugby, la final del Campeonato del Mundo de 1995. Si les parece increíble, bien, pero el hecho es que fue así y así sucedió. Quedan las hemerotecas para demostrarlo.
Pero si creen que fue fácil, es que les faltan datos. El rugby era el deporte de los blancos, era símbolo de la opresión, un instrumento más del apartheid. Los negros no jugaban al rugby, sino al fútbol. Y cuando asistían o veían un partido de los Sprigboks, la selección sudafricana, era para animar al equipo contrario y abuchear a los odiados portadores de la camiseta verde. Como símbolo era tan ajeno y odiado como la bandera tricolor, el Die Stem (el himno afrikáner) o la prisión de Robben Island.
Aquí voy a dejarlo, no por robarles un final que ya conocen, sino porque John Carlin ha conseguido, sin apartarse de sus fuentes, testimonios y hechos, componer un relato emocionante de cómo fue eso posible, cómo se construyó una nación, cómo unos jugadores blancos cantaron el doble himno sudafricano, cómo los blancos sintieron que "su" deporte era apoyado y celebrado, de manera que ya no era suyo sino de todos. Cómo, casi de un golpe, la normalidad se instauró en una nación.
¡Qué maravillosa es esta historia! Y qué luminoso puede ser a veces el ser humano, capaz de lo más abyecto y de lo más sublime. Todavía sonrío y me emociono pensando que si he podido ver este episodio de la Historia, tal vez queda esperanza para todos. Doy las gracias a quienes lo hicieron posible, y a John Carlin por relatarlo tan, tan bien.

Portada y sinopsis
Portada y sinopsis de la edición catalana