El Recurso del Método, de Alejo Carpentier

Alianza Ed., col. El Libro de Bolsillo, Biblioteca Carpentier
Madrid, 1998 [1974]

En el recorrido por la figura del dictador en la literatura hispanoamericana, hoy, de la mano de Alejo Carpentier, efectuamos una auténtica inmersión en la mente de uno de estos tiranos.
El recurso del Método del título es una frase que pronuncia el Primer magistrado protagonista de la novela: «Y habría que perseguir por tales tierras al General Hoffmann, cercarlo, sitiarlo, acorralarlo, y, al fin, ponerlo de espaldas a una pared de convento, iglesia o cementerio, y tronarlo. "¡Fuego!" No había más remedio. Era la regla del juego. Recurso del Método.» Una frase y una metodología. Una repetición metódica de la permanencia en el poder. Justamente será cuando se aparte de este método cuando pondrá la semilla de su propia destrucción.
El Recurso del Método es una obra en extremo perceptiva, muy sutil y precisa en su comprensión de la mente y tipología del dictador. Lejos Carpentier del camino fácil de la ridiculización o la burla; caer en ellas no sería un desprestigio del dictador, antes bien del pueblo dictado, que quedaría entonces situado como una masa informe a la que cualquier inculto descerebrado puede dominar. No. Lo que dice Carpentier es que los dictadores son capaces, más o menos, tanto como para llegar al poder y mantenerse en él. Y que son las dictaduras las que llevan su propia destrucción incorporada, en la permisividad de la corrupción, el desprecio por el bienestar popular y el alejamiento del poder respecto del pueblo.
La novela se inicia, para sorpresa del lector, en París, y en un ambiente que podemos definir como ilustrado. Es un extraño inicio, pero definitorio de las intenciones de Carpentier. El auténtico hogar del Primer magistrado, el único lugar donde se siente bien, donde le importa lo que piensen los demás de él, es París. Es un símbolo del alejamiento del país que gobierna, un alejamiento incluso físico pero que, por descontado, implica también el alejamiento emocional y moral. Y el Primer magistrado se nos muestra como una personalidad ilustrada. Será más adelante cuando comprendamos que esta ilustración no es más que una pátina que oculta una personalidad soez, una cultura de loro que se ha forzado a degustar y gustar, pero que ni comprende ni evoluciona, otro símbolo de su permanencia en un mundo inmóvil que, por supuesto, es irreal.
Y en esta novela extraordinaria, seguimos las peripecias vitales de este Primer Magistrado, símbolo del dictador, símbolo de su psique y de sus usos, costumbres y tipología. Con una extraña ecuanimidad de juicio. Si no fuera porque sus crímenes y crueldad son irremisibles, uno casi sentiría piedad por este hombre viejo, rebasado por todo y por todos: por sus aliados, por su familia, por sus opositores, por el mundo en marcha. Un personaje que en el fondo, es ridículo, pero lo terrible y desolador es que ese ridículo nacido de sus propias pretensiones haya forzado la miseria y la muerte a los demás.
"«Ahora, estas estatuas suyas descansarán en el fondo del mar; serán verdecidas por el salitre, abrazadas por los corales, recubiertas por la arena. Y allá por el año 2500 o 3000 las encontrará la pala de una draga, devolviéndolas a la luz. Y preguntarán las gentes, en tono de Soneto de Arvers: "¿Y quién fue ese hombre?" Y acaso no habrá quien pueda responderles. Pasará lo mismo que con las esculturas romanas de mala época que pueden verse en muchos museos: sólo se sabe de ellas que son imágenes de Un Gladiador, Un Patricio, Un Centurión. Los nombres se perdieron. En el caso suyo se dirá: "Busto, estatua, de Un Dictador. Fueron tantos y serán tantos todavía, en este hemisferio, que el nombre será lo de menos".» (Tomó un libro que descansaba sobre una mesa.) «¿Figura usted en el Pequeño Larousse? ¿No?... Pues entonces está jodido»... Y aquella tarde lloré. Lloré sobre un diccionario ─«Je sême à tout vent»─ que me ignoraba."

Portada y sinopsis

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7 comentarios:

Lola dijo...

De entre el subgénero que llaman "novela de dictador" me queda por leer éste libro y Yo, el supremo, de Roa Bastos. En concreto tengo muchas ganas de leer el de Carpentier, autor que hace meses me dejó enamorada de su prosa cuando leí El siglo de las luces. Gracias por la reseña. :)

Lluís Salvador dijo...

Hola, Lola:
Bueno, estoy haciendo un pequeño serial sobre la "novela de dictador". He pasado ya por El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias y ahora le ha tocado a Carpentier, aunque no se necesitan más que pequeñas excusas para leer o releer a Carpentier. Y de hecho, El Siglo de las Luces la tengo prevista para releer y comentar. Todo Carpentier merece la pena, y la lástima es que parece que se le lee poco, al menos por España.
Te recomiendo mucho a Roa Bastos, cómo no.
Y gracias a ti por la visita y el comentario.
Un saludo!

Carmen dijo...

No he leído nada de Alejo Carpentier; va siendo hora de empezar, verdad? Y, como gran ignorante que soy, tampoco sabía que existía un subgénero llamado "novela de dictador". Aprendo mucho contigo, Lluís.
Un beso,

P.D. Por cierto, este verano me voy a leer el de Bryson, Shakespeare. He tenido que volver a comprarlo; en la Feria del Libro Antiguo me lo "despistaron". Qué cosas!!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Carmen:
Respecto a la novela de dictador, la anécdota (que puede ser apócrifa o no) es que un escritor latinoamericano una vez apostó con otros a ver quién hacía una novela sobre un dictador, y así, Migue Ángel Asturias escribió "El Señor Presidente", Augusto Roa Bastos "Yo, el Supremo", Gabriel García Márquez "El Otoño del Patriarca" y Alejo Carpentier "El Recurso del Método". Si non é vero, é ben trovato, que dicen...
Nadie que declara que le gustan las obras de Margaret Atwood, Virginia Woolf, Henry James, Jane Austen, etc. es una ignorante. Sencillamente, y como digo siempre, hay más libros que días. Si alguna vez alguien te dice "cómo es que no has leído esto", es seguro que puedes contraatacar diciendo la misma frase sobre un libro que sí habrás leído... y él no. LO que pretendo con el blog es que se lea, pero no que se lea todo lo que leo yo, o sólo lo que leo yo; pero, si ante un libro que podría pasar desapercibido para alguien mis comentarios contribuyen a que se conozca un poquito más y a lo mejor a que pueda ser leído, ya me doy por satisfecho.
La verdad es que el Bryson es muy bueno. De hecho, sólo con que me lo cites me dan ganas de releerlo. Y qué historia curiosa, la de un ladrón de libros en una Feria de Libro Antiguo (lógico, por otra parte), pero que en lugar de robar a los mercaderes roba libros a los clientes... ¿Un ladrón pusilánime? ¿un ladrón selectivo? ¿no encontraba ese título en exposición y tuvo que robártelo a ti? La verdad es que estas cosas son desagradables, pero también dan para un buen relato...
Un saludo muy cordial!

Andromeda dijo...

Ay, Lluís, ¡qué ganas de leerlo! Yo me quedé enganchada a la prosa de carpentier desde que leí Viaje a la semilla y El siglo de las luces.
No sabía que esas novelas probablemente se escribieron gracias a una apuesta, pero no sería extraño; lo mismo pasó en la velada de la cual surgieron obras como Frankenstein o El vampiro.
¡Un saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola Andrómeda:
Tengo que encontrar las notas (en algún lado las tengo) donde afirman quién fue el escritor que propuso la apuesta. Lo consultaré y te lo digo, seguro.
De la velada a orillas del lago suizo, sabemos que fue memorable; esta, de ser cierta, no le debió ir a la zaga: Márquez, Roa, Asturias y Carpentier juntos es mucho peso pesado literario en un mismo lugar; casi masa crítica, hablando en términos literario-nucleares, je, je.
Un saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola a todos.
Lo prometido es deuda. Dicen que feron Carlos Fuentes y Carlos Monsiváis quienes pidieron estas novelas; y, precisemos, Miguel Ángel Asturias no estaba... porque ya había escrito su El Señor Presidente.
Un saludo!