El Cisne Negro. El Impacto de lo Altamente Improbable, de Nassim Nicholas Taleb

(The Black Swan)
Eds. Paidós Ibérica, col. Transiciones
Barcelona, 2008 [2007]

Un cisne negro es un suceso improbable cuyas consecuencias son explicables, y al que por lo general se le adjudican explicaciones a posteriori, explicaciones que no tienen en cuenta el azar y que sólo buscan encajarlo en un modelo que se considera perfecto, o bien despreciarlo (siempre a posteriori) como una anomalía que sólo sucede una vez y que en nada modifica los modelos predictivos. Ejemplos son el 11-S, el éxito de You Tube o de Google y tantos otros fenómenos más, de mayor o menor magnitud.
Para darles una idea de qué va realmente este libro debería transcribir íntegramente su prólogo, pero el espacio manda, de modo que haré lo que pueda.
«[El Cisne Negro] es rareza, impacto extremo y predictibilidad retrospectiva (aunque no prospectiva) [...] la aplicación de la ciencia de la incertidumbre a los problemas del mundo real ha tenido unos efectos ridículos. Yo he tenido el privilegio de verlo en las finanzas y la economía. Preguntémosle a nuestro corredor de Bolsa cómo define “riesgo”, y lo más probable es que nos proporcione una medida que excluya la posibilidad del Cisne Negro y, por tanto, una definición que no tiene mejor valor predictible que la astrología. [...] Es fácil darse cuenta de que la vida es el efecto acumulativo de un puñado de impactos importantes. [...] Pensemos en nuestra propia existencia [...] ¿Cuántos [sucesos] se produjeron siguiendo un programa? [...] La incapacidad de predecir las rarezas implica la incapacidad de predecir el curso de la historia, dada la incidencia de estos sucesos en la dinámica de los acontecimientos. [...] Dado que los Cisnes Negros son impredecibles, tenemos que amoldarnos a su existencia (más que tratar ingenuamente de preverlos). Hay muchas cosas que podemos hacer si nos centramos en el anticonocimiento, o en lo que no sabemos. Entre otros muchos beneficios, uno puede dedicarse a buscar Cisnes Negros (del tipo positivo) con el método de la serendipidad, llevando al máximo nuestra exposición a ellos. [...] Si los mercados libres funcionan es porque dejan que la gente tenga suerte, gracias al agresivo método del ensayo y el error, y no dan a las personas recompensas ni “incentivos” por su destreza. [...] Tendemos a aprender lo preciso, no lo general [...] Desdeñamos lo abstracto; lo despreciamos con pasión. [...] Glorificamos a quienes dejaron su nombre en los libros de historia a expensas de aquellos contribuyentes de quienes la historia nada dice. [...] Debemos estudiar principalmente los sucesos raros y extremos para poder entender los habituales. ¿Podemos adivinar el peligro de un criminal con sólo observar lo que hace en un día corriente? ¿Podemos entender la salud sin considerar las tremendas enfermedades y epidemias? [...] Casi todo lo que se estudia sobre la vida social se centra en lo “normal”, especialmente en los métodos de inferencia de la campana de Gauss, la “curva de campana”, que no nos dicen casi nada. ¿Por qué? Porque la curva de campana ignora las grandes desviaciones, no las puede manejar, y sin embargo nos hace confiar en que hemos domesticado la incertidumbre. [...] Quien haya recibido demasiadas clases de filosofía en la universidad (o quizá no las suficientes) podría objetar que la visión de un Cisne Negro no invalida la teoría de que todos los cisnes son blancos, ya que esa ave negra no es técnicamente un cisne, pues el hecho de ser de color blanco sería la propiedad esencial del cisne. Es verdad que quienes leen a Wittgenstein en exceso pueden tener la impresión de que los problemas del lenguaje son importantes. No hay duda de que pueden ser de importancia para hacerse con un sitio en los departamentos de filosofía, pero son algo que los que tomamos decisiones en el mundo real, dejamos para el fin de semana. [...] El complejo asunto de este libro no es simplemente la curva de campana, ni el estadístico que se engaña a sí mismo, ni tampoco el erudito platonificado que necesita las teorías para autoengañarse. Es el impulso a “centrarse” en lo que tiene sentido para nosotros. Vivir en nuestro planeta, hoy día, requiere muchísima más imaginación de la que nos permite nuestra propia constitución. Carecemos de imaginación y la reprimimos en los demás. [...] Esto implica la necesidad de usar el suceso extremo como punto de partida, y no tratarlo como una excepción que haya que ocultar bajo la alfombra. También proclamo con la mayor osadía (y mayor fastidio) que, a pesar de nuestro progreso y crecimiento, el futuro será progresivamente menos predecible, mientras parece que tanto la naturaleza humana como la “ciencia” social conspiran para ocultarnos tal idea.»
Todo esto es, en extracto, sólo la exposición de la idea central de este libro. Quedan por delante 450 páginas en las que Taleb desarrollará su teoría y expondrá sus pruebas y razonamientos. Pero una advertencia: Taleb no es ningún iluminado, ni un chapucero que maneja una y otra vez un par de conceptos. En una exposición clara y rigurosa, Taleb irá desde el planteamiento a la conclusión de su teoría economizándolo todo; si un ejemplo vale para un concepto, no habrá dos. Si se ha expuesto un tema, pasará a otro. Si opina que un capítulo es demasiado matemático, sugerirá que retengan el concepto pero que los no matemáticos se salten la demostración. Taleb tiene ansias de que le entendamos y de que lleguemos al final con él, no que abandonemos a mitad del camino.
Si considero notable este libro, no es porque sospechara ya que la economía predictiva era una filfa y la tesis expuesta en él lo confirme (he visto demasiadas veces subir la Bolsa ante desastres que hacían prever una caída, y viceversa, para desconcierto de los “expertos”). Tampoco porque haya sido un aficionado coleccionista de libros sobre prospectiva (que conservo, por otra parte; es muy curioso hojearlos, cuarenta años después y comparar el futuro que nos preveían con la realidad de hoy). No. Este libro es notable porque analiza la economía, las finanzas, la historia (las explicaciones históricas son tantas como tendencias historiográficas hay, por lo que, sí, la historia también es una filfa), las ciencias sociales, etc. desde un nuevo punto de vista. Si no modifica nuestra visión de la vida, sí la enfoca de una manera diferente. ¿Y cómo se llama eso? Filosofía.
Cuando ya nadie se dedicaba a ese negocio, cuando los así llamados filósofos ya no son sino terapeutas que escriben libros de autoayuda, cuando la filosofía parecía muerta, surge alguien que se atreve a filosofar de manera nueva. El fenómeno, se esté o no de acuerdo (y por mi propio bien, lo estoy) merece atención, y detallada.
Taleb declara: «Quería ser filósofo (y estoy aún en ello)», pero aquí peca de modestia. Ya es un filósofo, e innovador. Este libro contiene argumentos expresados con frescura, coherencia e inteligencia, y se constituye en una de las obras que espero que marquen época en el siglo XXI.

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