Sin Destino, de Imre Kertész

(Roman Eines Schicksallosen (Sorstalanság))
El Acantilado/Quaderns Crema, col. Narrativa del Acantilado
Barcelona, 2001 [1975]
Trad. de Judith Xantus

Esta es la historia del año y medio de la vida de un adolescente en diversos campos de concentración nazis. Aunque Imre Kertész vivió esa experiencia, este libro es una novela. Novela, por descontado, fuertemente enraizada en la realidad.
Este blog se alimenta en exclusiva (o casi; en un 99,7% para ser exactos) de obras que me hayan gustado, y si no fuera porque lo que relataba Kertész era interesante, esta novela estuvo a punto de no ser acabada y de no ser comentada aquí. La razón es que, en sus primeros estadios, la asignación al campo de exterminio y su estancia en él, relatada por el protagonista (se trata de una narración en primera persona) parecen más una excursión campestre que otra cosa. Lo que se contaba era real. El tono en que se relataba, sin embargo, me parecía inadmisible. Craso error por mi parte. Llega un punto en el que lo que anuncia la contraportada se cumple y toma significado: la "distancia irónica" a la que se refiere Vallcorba. Porque hay un punto en el que el protagonista deja de intentar ser "un buen preso". Y es entonces cuando el contraste narrativo se convierte en brutal y, justamente por todo lo que ha venido antes, el lector queda sobrecogido.
Si lo vamos a mirar, toda la narración tiene una lógica aplastante. El ser humano es adaptable por naturaleza, de modo que ¿por qué no debería tener fundadas esperanzas de adaptarse a un sistema foráneo, de mantener una chispa de supervivencia? Hasta que esta se agota, claro está. Curiosamente, este agotamiento del instinto de supervivencia es la finalidad última de todo el sistema de campos nazis (aparte del exterminio; pero podríamos señalar que ambas iban unidas: los nazis no querían cadáveres tan sólo, sino cadáveres dóciles; gente a la que le fuera indiferente el método empleado en su muerte).
Uno ya está bregado en estas lecturas, ustedes lo saben, pero siguen siendo sobrecogedoras, no tanto por los detalles como por las historias que, no por sabidas, dejan de poner los pelos de punta.
¿Y de qué sirven estos testimonios, narrativos o novelados? ¿De qué sirve el repetir una y otra vez historias comunes aunque distintas? Tal vez Kertész nos da una de las razones.
«Yo traté de explicarle que no se trataba de culpas, que sólo había que reconocer las cosas, simplemente, humildemente, razonablemente, por una cuestión de honor. Que no se podía, que trataran de comprender que no se podía quitarme todo eso, no podía ser que yo no fuera ni el ganador ni el perdedor, no podía ser que no tuviera razón en nada, que no me hubiera equivocado, no podía ser que nada tuviese razones ni consecuencias, simplemente que trataran de comprender, ya casi les estaba rogando, que no podía tragarme la píldora amarga de que yo hubiese sido sólo, simple y puramente un inocente.»

Portada y sinopsis

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12 comentarios:

Mònica Pagès dijo...

Lluís, gràcies per aquesta gran recomanació! La vida (si es pot dir així) als camps de concentració nazis és un dels meus temes d'"investigació" literària preferits.

Corro a comprar-me'l!

Carolina dijo...

Lluís: A mí me ocurrió lo contrario con este libro. Lo leí completo en un día. Estaba en casa de una amiga y en la noche debía viajar. No podía llevarme el libro; así que lo leí de un tirón. Me gusta el dominio narrativo de Kertész, independientemente de si escribe sobre las experiencias del holocausto o no.
Saludos,
P.D. Veo que también te animaste a cambiar de muebles ;)

Mannelig dijo...

Siendo un fan absoluto de la literatura húngara en general, Kertész me produce emociones encontradas. Es un autor tan complejo (el libro que reseñas hoy es seguramente el más accesible de los suyos), que siempre me da la impresión de que no voy a ser capaz de avanzar una página más. y sin embargo... no sólo continúo leyendo, sino que busco mas obras suyas.

Mérito que no consiguen otros escritores así como así.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Mònica:
També és un dels temes que aquest blog sovinteja, i pots veure que ja he tractat la trilogia d'Auschwitz d'en Primo Levi i un parell d'obres de Jorge Semprún.
I més que vindran...
Una salutació!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Carolina: Bien, no creas que a mí me llevó más tiempo... Y no me entiendas mal, no se me hacía pesado, es más, ERA interesante, pero el tono me desconcertaba. Si lo reseño no es como demérito, sino porque realmente me sucedió y así prevenir de ello a futuros lectores. Y estamos de acuerdo sobre el dominio narrativo (es más, esta diferencia de tono narrativo que comento es uno de los giros más bestiales que se pueden dar en literatura, porque el golpe para el lector es tremendo). Es autor que no conocía. Pero ya sabes que me gusta errar de aquí para allá por los estantes, de modo que hice una prueba. Y me ha convencido.
Y sí, ya convenía un poco de cambio al local, y hacerlo más alegre sin perder sobriedad y estilo (¡espero!)
Un saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Mannelig:
A mí me ha convencido, de modo que pasaré por otras obras suyas. Con la literatura magiar tengo una deuda (otra más), pero esta vez personal: no he leído más que algunos poemas de Sandor Petofi y algún cuento de Mor Jokai. Lo sé, lo sé, ahora es accesible (y prestigiado) Sandor Marai, pero todavía no me atrevo a encararlo. Demasiados elogios, me temo. Pero tarde o temprano caerá.
Y tomo buena nota de esta observación: un autor que es complejo pero que anima a leerlo es, en efecto, una rara avis.
Un saludo!

Andromeda dijo...

Cierto lo que dices, Lluís, a mí estas obras no dejan de impactarme y en cada una encuentro suficientes matices como para engancharme de nuevo.
A Kertész sólo le he leído Liquidación, que me gustó mucho, y ya tengo en la estantería la novela que reseñas.

Me encanta el cambio del blog, ¡un saludo!

Carolina dijo...

Lluís, me pasa lo mismo con Sándor Márai, he oído tanto acerca de sus libros que una callada renuencia o pereza me ha empujado a no acercarme aún. Tal vez sea un vulgar prejuicio… Creo que otra autora húngara con quien la lengua española tiene una deuda al no traducirla lo suficiente es Magda Szabo. Me parece que sólo dos o tres títulos suyos han sido traducidos al castellano. Leí “Calle Katalin”, y me pareció una novela muy bien lograda.
El amigo Mannelig podría darnos más referencias, ya que es un amante de la escritura húngara.
Saludos a todos.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Andrómeda:
Curioso: Liquidación es la próxima de Kertész que ya tengo en el estante por leer. :)
Por lo que he hojeado, creo que va a ser lectura satisfactoria también.
Gracias por el elogio al cambio de mobiliario y pintura. Ya tocaba, en efecto.
Un saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Carolina:
Has leído más que yo, como digo. Marta Szabo sólo la conozco por referencias, y muy vagas, además.
¡Mannelig! Sin obligar a nadie, pero si puedes echarnos un cable aquí, agradecidísimo.
Un saludo!

Zúñiga dijo...

También acabo de reseñarla hace poco y coincido contigo en que el tono puede sonar inadmisible, pero lo interpreto como una acomodación a la irremediable realidad escéptica que al protagonista le ha tocado. Parece negarse a reconocer aquello como abominable hasta que los efectos del esfuerzo y hambre hacen mella en él. Entonces es ya demasiado tarde, y acaba abandonado y conducido a una especie de ataraxia (inicio del cap 7).
Además destacaría el papel de tiempo que parece mostrarse tan inmensurable como omnipresente, revalorizando cada segundo y confiriendo la novela estatus detemplo a la eterna espera.
Se ha llevado al cine en 2005 con título homónimo, aunque no he tenido ocasión de verla.
Un saludo Lluís!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Zúñiga:
En primer lugar, bienvenido. Con toda libertad para comentar, sugerir, criticar... lo que quieras.
El tono inicial es desconcertante; así me lo resultó, y así lo constato. Siempre es más fácil disimular estas sensaciones que mostrarlas, pero creo que, justamente, el tono es importante (y buscado) por Kertész, cuyo protagonista no percibe la realidad del campo mas que como una prolongación de la vida normal. Hay muchas cosas implícitas en eso: allá donde otros niños y adolescentes sufren ritos iniciáticos nimios, al protagonista le cae encima uno de extrema magnitud; la acomodación psicológica de los prisioneros, y en general del ser humano, ese pensar siempre que "lo que le ha pasado a ese no me va a pasar a mí"; la coincidencia (si lo es) o tema propio (por haberlo vivido) de Kertész de que algo especial le sucedió a los niños en los campos, algo que los adultos no afrontaron o afrontaron de forma diferente (un adolescente en "Sin Destino", un nacido en Auschwitz en "Liquidación").
Insisto, ese tono me parecía inadmisible, pero después de leer a Kertész cabe preguntarse: pero, ¿es plausible que así fuera? Y la respuesta es que sí, que es muy probable que sucediera algo similar. En ese caso podemos siempre plantearnos algo: los relatos van a ser comunes, pero serán siempre distintos. Prácticamente lo único inamovible en todos ellos será el fin al que estaban destinados. Este hecho de la disimilitud de narraciones le da más importancia a tenerlas presentes y escritas.
Gracias por el comentario, con el que coincido. Sobre el papel del tiempo en los campos es otra de las cosas en las que coinciden diversos relatos de supervivientes, por ejemplo Primo Levi.
Un saludo!