Les Ales de l'Esfinx, de Andrea Camilleri

(Le Ali della Sfinge)
Eds. 62, col. El Balancí
Barcelona, 20092 [2006]
Trad. de Pau Vidal
Serie Comisario Montalbano nº 15

Saben ustedes que tengo debilidad por Andrea Camilleri. No sólo por las obras de la serie Salvo Montalbano, a la que pertenece esta Las Alas de la Esfinge, aunque tengo especial cariño a unos personajes a los que he llegado a conocer muy bien en el transcurso de más de diez novelas y una cincuentena de relatos.
No hay que esperar nada nuevo estilísticamente en una serie dedicada a un personaje, lo cual no es ningún demérito. Camilleri ha encontrado una forma de expresión útil y la aplica, eso sí, sin caer en la rutina. De modo que si quieren saber de las virtudes que adornan esta serie, pueden clicar en la etiqueta Camilleri ·Andrea que hay al pie de esta reseña y leerlas en mis anteriores entradas. Esas virtudes siguen presentes en esta novela.
En este caso, una muchacha con un tatuaje de una mariposa en un hombro es encontrada asesinada en un vertedero ilegal. Pero pronto, en la petición de informantes que puedan identificar a la víctima, empiezan a surgir otras muchachas con ese mismo tatuaje en el hombro. Y todas proceden de Rusia, y todas tienen el punto en común de haber sido recogidas por La Buona Volontà, una organización religiosa que tiene como finalidad el redimir prostitutas.
Oliendo la chamusquina, Salvo Montalbano y sus muchachos empiezan a investigar, y casi de inmediato recibe la admonición de las altas esferas: el cuestor, el obispado, diputados...
Como le gusta decir a Camilleri, todos los personajes y situaciones son ficticios, pero es evidente que la historia nace de una realidad concreta.
La piedra de toque de un policíaco moderno es la trasposición a otra sociedad y a otro país. Si resulta imposible trasladarlo a otro país es que la novela es fiel reflejo de aquel en que se enclava. Si, además, el interés social se mantiene en el lector de otra sociedad quiere decir que el clima moral de la época está bien tratado. Universalidad y localismo. Cuando se logran es que la obra cumple las expectativas de la buena narrativa de género. Andrea Camilleri nunca ha fracasado en ello.

Portada y sinopsis

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