Yo También Sabría Hacerlo. Entender el Arte Moderno, de Christian Saehrendt y Steen T. Kittl

(Das Kahnn Ich Auch!)
Eds. RobinBook/Ma Non Troppo, col. Arte
Barcelona, 2009 [2007]

Por desgracia para todos, y según la tesis de los autores, la conclusión parece ser que no hay mucho que entender. O demasiado, según se mire. El paseo por el que nos llevan es uno que más se asemeja al parquet de una sofisticada, irritante, materialista y muchas veces vacua bolsa que al terreno de los sentimientos o la técnica.
Así, el tono de este libro no puede dejar de ser irónico (una ironía que no siempre queda bien trasladada en la traducción, de la que hablaré después). Y es aquí donde esto se convierte en un auténtico manual de cómo sobrevivir a lo que rodea al mundo artístico: las exposiciones, las performances, las galerías, los museos, los galeristas, los marchantes, los coleccionistas, los públicos respectivos y los propios artistas. Sea usted mismo, nos dice, enfréntese a la obra, interróguela e interróguese a sí mismo, y procure sobrevivir y salir indemne de este envoltorio económico y egotístico, más parecido a un mercadillo que a otra cosa.
La conclusión que queda es que nadie puede decir hoy día qué es arte, mientras éste sólo se mida por parámetros económicos.
Conclusión ciertamente pesimista, pero en la que todavía queda un rayo de esperanza. Las más grandes obras artísticas de todos los tiempos no es seguro que hayan sobrevivido. No podemos tener esa constancia. Nos conformamos con lo que nos ha llegado y ha sido consagrado por el tiempo y la experiencia. ¿Qué le queda pues al espectador del arte contemporáneo?: «¡Todo tiene un carácter efímero y pasajero! Eso es algo que tranquiliza e inquieta al mismo tiempo, pues la sociedad contemporánea también tiene algo de efímero y pasajero. Sólo existe una oportunidad para ella y tal oportunidad reside en la tolerancia que manifestemos. ¿Cuándo veremos este arte si no lo hacemos ahora?»
Puesto que no tenemos juicios previos que sepamos van a ser perdurables, nos dicen, creemos nuestros propios juicios. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿cómo ver este arte contemporáneo? Puede resultar iluminador este ejemplo:
«Las visitas a los museos programadas para pacientes con Alzheimer constituyen, con toda seguridad, un enfrentamiento poco común con el arte. El MoMA ofrece este servicio desde hace algún tiempo. "El arte es multidimensional y afecta a diversas zonas del cerebro, tanto las dañadas como las intactas", explica uno de los neurólogos implicados. Los pacientes buscan en la tienda de regalos sus postales preferidas y se dirigen en grupo a ver el original.
»La capacidad intelectual de los afectados está perdida sin remedio pero, a través del efecto emocional causado por las obras de arte, se pueden despertar sensaciones y asociaciones. En estas rondas suelen ser muy apreciados los motivos figurativos y narrativos, pero se prefieren las obras de arte con contenidos dramáticos y emocionales. Liberados de una forma de pensar lógica y funcional, los participantes del Meet me at MoMA se dedican a una observación del arte liberada de prejuicios. La vivencia obtenida con las obras de arte y el hecho de hablar sobre ellas llevan consigo una mejora de la calidad de vida y de la vitalidad de los enfermos, aun cuando a estos pacientes se les haya olvidado todo al cabo de unos pocos minutos. Seamos sensatos: ¿A quién no le ocurre lo mismo al visitar un museo, a pesar de que no padezca Alzheimer?»
Me parece una postura de contemplación tan buena como la que más, si no mejor.

[Horrorosa traducción la de este libro. Mi conocimiento del alemán no es tan extenso como para afirmarlo con rotundidad, pero creo que la traductora (cuyo nombre dejaré piadosamente en el olvido) tiene graves problemas con la lengua de origen o, lo que sería peor, con la de destino. Sólo así cabría explicarse que unos autores que se expresan de forma lúcida y coherente, de repente caigan en frases incomprensibles. Incomprensibles porque no significan nada y, sobre todo (y de ahí nace la sospecha) porque en nada se relacionan semánticamente con la precedente. Tenga o no problemas con el alemán, lo que es seguro es que tiene además problemas serios con el inglés, amén de un gravísimo problema en el uso del diccionario. Después de finalizada la lectura, tengo la impresión de que no se ha acabado de trasladar el tono del original (lo que es grave), se han traducido a la buena de dios algunas frases, que han perdido su sentido (más grave todavía) y, visto lo anterior, si esto es lo que se ha percibido, pueden imaginarse lo que se ha disimulado bajo apariencia coherente, pero que vaya usted a saber qué decía en origen (y esto sería escalofriante).]

Portada y sinopsis

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9 comentarios:

Asterión dijo...

El tema es de vital importancia. Al respecto, una artsta plástica mexicana, Avelina Lésper, tiene posiciones muy sólidas y que comparto bastante, al menos en sus espíritu contestatario.

http://avelinalesper.blogspot.com/

En cuanto al alemán, lasitmosamen no puedo ayudar.

Saludos.

Anónimo dijo...

Hola Lluís! tal vez se trata de lo que el artista ha querido dejar en esa obra. Si ese sentimiento, o lo que sea, llega la espectador, tal vez logre su objetivo. Y no tiene por qué ser lo mismo que trató de dejar el artista, si no que puede que despierte otra cosas. Y tal vez esa sea la intención. Es un tema este algo controvertido, pues detrás de muchas obras modernas hay mucho vacío también. Todo sabemos rajar un cuadro en blanco, pero no seremos los primeros en hacerlo. Yo me quedo, con excepciones, con todo lo que se hizo hasta las primeras vanguardias, éstas incluídas.

Gracias por la entrada, un abrazo!

Susana

Vivian dijo...

En líneas generales estoy bastante de acuerdo con las opiniones que plantean los autores de la obra, si el arte imita a la vida, podríamos concluir que el arte es un reflejo de la sociedad de su época, y vivimos en la época de las prisas, del Fast Food y del usar y tirar en todos los campos, como la música y los singles machacones destinados a vender en masa pero que no perdurarán en el tiempo ni en la memoria.

Respecto a las traducciones, creo que tienen una importancia vital en libros de otras lenguas traducidas a la nuestra, al igual que soy defensora de los prólogos de los libros soy una defensora del trabajo de los buenos traductores, mención especial a los traductores de poesía.
Posiblemente nadie podría recordar el nombre de un prologuista (me refiero a uno que no sea escritor reconocido) o de un traductor, y lo imprescindibles que son para que los amantes de la lectura podamos disfrutar de las grandes obras de la literatura universal.

Como ves, yo también soy en los comentarios de empezar y no parar, jeje ;)

Me gustó mucho esta entrada, muy interesante.

Saludos

Lluís Salvador dijo...

Hola, Asterión:
En primer lugar, muchas gracias por la referencia al blog de Avelina Lésper. Todo un decubrimiento, y no sólo en este terreno de la contestación al dirigismo de los medios artísticos.
Y, por descontado, recomiendo a mis lectores su paso por ahí.
Me ha llamado la atención la concordancia que muestra esta artista con olos autores del libro en derrocar la autoridad de la crítica (y por extensión, del mundillo del arte) sobre la decisión de qué es valioso o no. Y pongo este punto porque lo que los autores dejan muy claro es que todo el mundo que rodea a las artes plásticas no piensa en lo que es valioso artísticamente sino sólo en lo que es valioso (económicamente). En esta rebeldía del espectado coincidimos, creo, todos (menos los del mundillo, claro).
Y también es curioso, pero esta reseña de un libro leído mucho después de que releyera y reseñara el Apocalípticos e Integrados de Eco, en realidad trata de lo mismo, es decir del criterio que debemos emplear para integrar lo que sea en la cultura. No es un debate menor, y no me corresponde a mí explicitarlo en toda su extensión y complejidad. Pero está empezando a ser urgente (si es que los intereses económicos lo permiten).
Y digo esto (y empiezo a estar abrumado, porque en este tema una cosa lleva a la otra inevitablemente) porque uno de los puntos es que la globalización a provocado la demolición de la historia del arte entendida como una progresión y/o adscripción o rechazo de unos movimientos artísticos. Hoy día todo lo que se hace puede ser global, de modo que el individuo puede ser tan conocido como el estilo, o mejor dicho, el estilo particularizado para adaptarse al gusto ya no es necesario. Y en esto también entran en juego los factores económicos, puesto que sociedad globalizada significa una ética y estética neoliberal basada en una valoración primordialmente económica.
En fin, el tema es enorme. Pero urgente, en efecto. Gracias por motivar la reflexión, la dirección y el comentario, Gustavo.
Un saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Susana:
Por descontado. La obra se compone de múltiples visiones. La del creador por una parte, la del espectador por otra, y no tienen porqué ser coincidentes. Siempre hablamos de textos y subtextos, y lo mismo son aplicables a las obras plásticas. Recuerdo las convenciones pre y renacentistas sobre los retratos de frente, perfil o escorzo, y de las revoluciones o transgresiones que supusieron el hacer retraros frontales de personajes profanos, por ejemplo. O las historias que hay ocultas, por convención, en las pinturas.
Pero hablando del vacío del arte moderno... sí, hay mucho. Y ya no me refiero al vacío (o pleno) provocador, sino a la obra que se propone sin más, o peor, a la obra seguidista o continuista (la de un autor que vende por una millonada un lienzo y entonces ve el cielo abierto y se dedica a las variaciones del mismo). Pero hay un punto que hay que explorar con prudencia: mucho del arte moderno es comprensible, admisible e incluso admirable si uno tiene los referentes previos para contemplarlo de otra manera (al igual que pasaba con El Matrimonio Arnolfini: bah, un retrato de una pareja, pero + técnica pictórica + una serie de símbolos que hay que descifrar = un retrato con una historia y un retrato histórico). Las cosas pueden ser diferentes si, frente a un rectángulo de blanco al óleo pintado sobre un lienzo pintado de blanco al acrílico, uno escucha las explicaciones del autor y resulta que lo que quería era experimentar con el efecto visual de materiales distintos, ver las texturas y palpar esa sensación; incluso entender o mostrar la diferencia que el material tiene sobre la luz. Es un ejemplo burdo, pero real. Y, ¿por qué no? admisible. Es una justificación racional y una elaboración racional, por tanto arte, guste o no.
Recuerdo a este respecto, la definición de "alto arte" que da Umberto Eco: aquel que es nuevo y difícil, y que requiere de unos prerrequisitos para su comprensión.
Ahora sigo, con un ejemplo sobre el arte moderno particularmente esclarecedor, de la pluma de Kurt Vonnegut.

Lluís Salvador dijo...

Hola de nuevo, Susana y el resto de los amigos que concurren a estos comentarios.
El ejemplo del que hablaba esde El Desayuno de los Campeones (Breakfast of Champions), de Kurt Vonnegut; en él aparece un artista, Rabo Karabekian, que ha pintado un cuadro (y lo ha vendido a precio de oro), La Tentación de San Antonio: "El fondo era de color aguacate hawaiano. La franja vertical era una cinta adhesiva fosforescente de color naranja".
Y este es el cuadro. Pero lo que sigue da que pensar.
«─El cuadro no existía hasta que yo lo pinté. Y ahora que existe nada me haría más feliz que lo reprodujeran una y otra vez y lo mejoraran enormemente todos los niños de cinco años de la ciudad. Me encantaría que a sus hijos les pareciera agradable y divertido lo que a mí me costó tantos años de lucha desarrollar. Les doy mi palabra de honor de que el cuadro, ahora propiedad de su ciudad, muestra todo lo que realmente importa en la vida, sin dejar nada fuera. Es un cuadro de la conciencia de cada animal. Es el corazón inmaterial de cada animal, ése "soy yo" al que se envían todos los mensajes. Es todo aquello que está vivo dentro de cualquiera de nosotros: en un ratón, en un ciervo, en una camarera. Es algo contundente y puro. No importa lo absurdas que sean las vicisitudes por las que hayamos de pasar. Una franja vertical y contundente de luz conforma este cuadro sagrado de San Antonio solo. Si hubiese una cucaracha cerca de él, o una camarera, el cuadro tendría dos franjas de luz como ésa. Nuestra conciencia está hecha con todo lo que está vivo y puede, quizá, ser sagrado en cada uno de nosotros. Todo lo demás de lo que estamos hechos es pura maquinaria muerta.
»Esta camarera, esta franja vertical de luz, acaba de contarme una historia sobre su marido y un idiota que iba a ser ejecutado en Shepherdstown. Muy bien, dejen que un niño de cinco años pinte una interpretación sagrada de esa situación. Dejen que ese niño de cinco años elimine la idiotez, los barrotes, la silla eléctrica que espera, el uniforme, la pistola, la carne y los huesos del vigilante. ¿Cuál sería el cuadro perfecto que podría llegar a pintar un niño de cinco años?. Dos contundentes franjas de luz.»
Y visto así, ese fondo aguacate y la cinta naranja, adquieren sentido.
Un saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Vivian:
Cierto en todo lo que dices sobre la sociedad contemporánea, pero el arte... ¡ah, ese tiene que perdurar! ¿Por qué? Porque es una inversión. Es curioso, pero es una inversión que sólo tiene valor como bien inmóvil. En cuanto se vende, se deprecia (y con él el autor), de modo que el mundillo artístico trabaja casi más en intentar que los coleccionistas no se desprendan de sus cuadros que en venderlos. ¿Paradójico? Por supuesto.
Entonces, ¿perdurará lo bueno? No lo sabemos. Tampoco sabemos si la obra maestra fue enterrada en capas de estuco para que Miguel Ángel, ese chapuzas, pintara sus moderneces :)
Pero, mal que bien, tenemos que vivir con ese arte, y trazar nuestro propio juicio, bueno o malo, acorde o en desacuerdo con la crítica "oficial" y los museos.
Me gustaría recordar una cosa. Hay una película, galardonada con un Oscar, de finales de los veinte, que ya no existe. No queda ni una sola copia. Sólo podemos juzgar ese filme por lo que otros dijeron de él. Tal vez por lo que algunos que la vieron recuerden de ella. Pero nada más. La cuestión es pertinente: Si no vemos ahora este arte (y lo juzgamos), ¿cuándo lo haremos?
Y respecto a traductores, por lo menos me acuerdo de uno: Francisco Torres Oliver. Pero yo siempre he sido muy raro.
Y a los prólogos... ¿Quién lee los prólogos? (Yo, pero siempre he sido, etc.) ;)
Un saludo!

Andromeda dijo...

Hola, Lluís, precisamente hoy estuve hablando de este tema tras haber visto la última película de Jim Jarmusch "The limits of control", ya que en cierta parte el protagonista visita el Museo Reina Sofía y permanece un rato contemplando una obra de arte compuesta por un bastidor aderezado por una especie de sábana con los bordes enrollados.
"¿Eso es arte?", fue la pregunta que nos hicimos.
Sólo puedo decir que coincido bastante con el párrafo que abre la entrada -por más que los autores se hayan referido a esto en forma irónica- y con el artículo de Avelina Lésper que tuvo a bien enlazar Asterión.
Sin duda hay trabajos valiosos, pero hay que escarbar mucho entre las montañas de aparentes obras de arte que han llegado a la cima a través de oportunos mecenazgos.
Gracias, anoto el libro, que el tema me interesa sobremanera.

¡Un saludo!

Lluís Salvador dijo...

Hola, Andrómeda:
Si por algo me atrajo este libro fue para ver si me podía dar alguna clave a un desconcierto que predomina en el arte moderno, y a mi desconcierto en trazar con claridad los límites entre arte y la simple provocación (que ya he aprendido a despreciar casi por sistema, salvo en contados casos) y la mera comercialidad.
El viaje por este texto, por muy desolador que haya sido (y no es tanto problema del lector/espectador como de la industria (ya podemos llamarla así) del arte) ha reportado sin embargo un par de cosas positivas, que resalto en el texto: primero, que por muy ridículas o extempòráneas que nos parezcan, es el arte de nuestra época. Si nos negamos a verlo cuando se produce, no estamos seguro de verlo en un futuro, sea reivindicado o no. Y segundo, que mis opiniones (o las de cualquiera que contemple una obra) son las que cuentan, mientras pueda justificarlas intelectual o emocionalmente.
Pero es sano y útil debatir sobre este arte, globalizado, anárquico en su individualidad o en su multiplicidad de estilos y pensamientos o no-pensamientos.
Y también me parece útil ese fragmento de Vonnegut que he incluido en los comentarios. Siempre que las explicaciones a la obra no se produzcan a posteriori de su creación, sino que muestren el proceso por el que se ha llegado a ella.
En fin, como siempre, un placer.
Un saludo!