Revolución en el Jardín, de Jorge Ibargüengoitia

Ed. Reino de Redonda
Barcelona, 2008 [1972-1997]
Prólogo y edición de Juan Villoro

Esta selección de las crónicas de Jorge Ibargüengoitia no es mala forma de acercarse a un autor que ha influenciado el policiaco, el fantástico y la literatura en general, no sólo de México, sino la hispana.
Y no es mala forma porque la crónica permite una variedad de formatos necesaria y benditamente breves (lo que pone al descubierto bondades y defectos con gran rapidez) que muestran las virtudes tanto del narrador como del periodista: la anécdota se eleva a relato literario, el hecho a reflexión, la vivencia a filosofía, el exabrupto a postura vital. En el caso de Ibargüengoitia, con un sentido irónico y humorístico muy, pero que muy notables.
Por ejemplo, y buena prueba, es este inicio de "El Lenguaje de las Piedras":
«Se me podrá acusar de tratar sólo con una minoría selecta, pero hasta la fecha no he conocido ningún mexicano que tenga esperanza ─y menos, que tenga ganas─ de que sus huesos acaben en la Rotonda de los Hombres Ilustres.»
Este "y menos, que tenga ganas" por sí mismo dice mucho de la vis irónica que preside la literatura de Ibargüengoitia.
Partiendo a veces de un mexicanismo que con extrema rapidez se hace universal, no es de extrañar que fuera escritor incómodo para todos. Forúnculos embarazosos para las ideologías, suelen ser estos autores los pioneros en gritar que el rey va desnudo, siempre con cierta sorna. Desde los tiempos de la Grecia clásica este tipo de escritores han sido universalmente odiados, menos por los lectores, que suelen pasárselo en grande con ellos y quienes les conceden carta blanca para cantar verdades y mostrar reveses de trama, siempre con gracia.
Ibargüengoitia era de estos. Véase si no el texto "Humorista: Agítese antes de Usarse", donde se define a sí mismo y lo que hace con absoluta precisión:
«Hay quien afirma, y yo estoy de acuerdo, que el sentido del humor es una concha, una defensa que nos permite percibir ciertas cosas horribles que no podemos remediar, sin necesidad de deformarlas ni de morirnos de rabia impotente.
»Esta característica del humor como sedante es la ruina del autor como aguijón. Por esto creo que, si no voy a conmover a las masas ni a obrar maravillas, me conviene bajar un escalón y pensar que si no voy a cambiar el mundo, cuando menos puedo demostrar que no todo aquí es drama.»
Pero aquí Ibargüengoitia se equivocaba. En realidad, no bajaba un escalón, sino que lo subía.

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4 comentarios:

Mannelig dijo...

Caray, justo has ido a dar con el libro que empecé anteayer. Me encanta, cuando pone en boca de los "intelectuales", que Todo lo que haga el Presidente está bien hecho. ¿Por qué? Porque nos escucha a mí y a mis amigos.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Mannelig:
Perdona por el retraso en la respuesta. Problemas de internet en este sacrosanto país...
Pues casi casi acierto en el día, lo que ya hubiera sido una coincidencia todavía más asombrosa... Las entradas las programo con cierta antelación, pero las que aparecen en viernes suelen tener una, digamos, consideración especial: firmas invitadas u obras que me parece merecen ser un poquito más destacadas (aunque todo lo que aparece en este blog me ha gustado, es una de las premisas del mismo (y lo que no me ha gustado... pues no aparece), hay veces en que un autor olvidado, o que se merece un poco más de atención, pues lo pongo en viernes para concederle el beneficio del fin de semana). De modo que bien pudiera haber sucedido que lo hubiera colocado el miércoles :)
Pero es que Ibargüengoitia merece mucho la pena. Reconozco que aquellos escritores con sentido del humor tienen ya un punto ganado conmigo, pero además Ibargüengoitia tiene una claridad de ideas y un sentido literario inmenso. Encontrarás que este libro es muy citable.
A poco que pueda comentaré "Las Muertas", una de sus obras más conocidas. Y desde aquí agradezco a Arturo López, de Gudalajara, México, el diálogo que mantuvimos en este blog y que me hizo caer en la cuenta de este inestimable escritor.
Un saludo!

Andromeda dijo...

Me gusta mucho este autor, aunque no he leído la obra que comentas.
Te dejo un enlace sobre Las poquianchis, a propósito de tu lectura de Las muertas.

Saludos.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Andrómeda:
Yo me he hecho la firme propuesta de leer todo lo que pueda de él. Cala hondo.
Y muchísimas gracias por el enlace. Interesantísimo. Y por supuesto, estas cosas las agradezco en mi nombre y en las de los lectores. Es un placer tener a personas como tú que comparten cosas.
Un saludo!