La Taberna Fantástica, de Alfonso Sastre

En La Taberna Fantástica - Tragedia Fantástica de la Gitana Celestina
Ed. Cátedra, col. Letras Hispánicas
Madrid, 1995 [1966; estrenada en 1985]

Las obras teatrales de Alfonso Sastre no gozan ni de estreno ni representación frecuente en España. Las causas de ello van más allá de los motivos puramente literarios y teatrales, y no voy a entrar en ellos. Pero sí voy a reflejar un mohín de disgusto por ello, entre varias cosas porque Sastre es uno de los mejores dramaturgos españoles del siglo XX, y sus obras están al mismo nivel, por ejemplo, de las de esos grandes autores británicos y norteamericanos que dan un juego permanente e intenso en los escenarios de todo el mundo.
Son obras de múltiples niveles de significación, densas de contenido dentro de su aparente simplicidad argumental. También son obras muy exigentes para con sus actores, y ahí hay otra razón para su escasa presencia en los escenarios.
En el caso de La Taberna Fantástica, que se estrenó casi veinte años después de su redacción (desde entonces, Sastre ha escrito, que yo sepa, otras 22 obras; de ellas, no se han estrenado en España 19), fue interpretada por un reparto encabezado por el gran Rafael Álvarez "El Brujo", y le dio a su autor el Premio Nacional de Teatro y años de representaciones y giras.
El argumento de La Taberna Fantástica es casi trivial, en apariencia. En una taberna de un barrio marginal de Madrid aparece, borracho, Rogelio, un quinquillero huído de la Guardia Civil que ha recibido la noticia de que su madre ha muerto. A pesar de que arriesga la cárcel, ha acudido para asistir al entierro. Su estado no se lo permitirá, pero además el suceso adquirirá tintes trágicos. A la taberna acudirá la Guardia Civil, la familia de Rogelio, sus compañeros y sus amigos y rivales.
Sobre este hecho, sobre esta tragedia personal, Sastre desarrollará toda una muestra de una sociedad marginal, marginada y a la que la bienpensante ciudad mantiene segregada, casi regocijándose en ese submundo repulsivo que reafirma su superioridad.
Las frustraciones, los sueños, las vidas rotas, innobles, que realimentan su miseria por la imposibilidad de salir de la incultura y la marginación. Todo conforma un cuadro absurdo y basal, una tragedia inevitable por su propia idiosincrasia, esa que el resto de la sociedad les ha impuesto.
Tema aparte es el uso del lenguaje de argot que hace Sastre en la obra (Alfonso Sastre es autor de Lumpen, Marginación y Jerigonça), un empleo magistral que contribuye al naturalismo de una obra comprometida, arriesgada y compleja dentro de una fantástica sencillez.

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