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Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce

(The Devil's Dictionary)
Ediciones del Dragón/col. Biblioteca del Dragón
Madrid, 1986 [1911]
Trad de Rodolfo Walsh

Vamos a ponernos cínicos [ Cínico: Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser. Los escitas acostumbraban a arrancar los ojos a los cínicos para mejorarles la visión].
Ambrose Bierce, llamado "Bitter" (Amargo) Bierce, personaje que inspiró al Gringo Viejo, excombatiente de la Guerra de Secesión, gran cultivador del relato fantástico y de la narrativa en general, de la fábula postesópica, gran pilar, junto a Mark Twain, del primer periodismo norteamericano, maestro del humor negro, tuvo la ocurrencia de compilar definiciones demoledoras, crueles, cínicas, reales, cargando contra todo lo que se moviera o no. Reflexivo, pesimista (¿realista?), que cien años después el 99% de estas definiciones se mantengan vigentes es la mayor demostración de lo poco que hemos cambiado. O la mayor vergüenza de la humanidad.
Unas degustaciones:
Genealogía: Estudio de nuestra filiación hasta llegar a un antepasado que no tuvo interés en averiguar la suya.
Aborígenes: Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan.
Absoluto: Independiente, irresponsable. Una monarquía absoluta es aquella en que el soberano hace lo que le place, siempre que él plazca a los asesinos. No quedan muchas: la mayoría han sido reemplazadas por monarquías limitadas, donde el poder del soberano para hacer el mal (y el bien) está muy restringido; o por repúblicas, donde gobierna el azar.
Ignorante: Persona desprovista de ciertos conocimientos que usted posee, y sabedora de otras cosas que usted ignora.
Justicia: Artículo más o menos adulterado que el Estado vende al ciudadano a cambio de su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales.
Alá: El Supremo Ser Mahometano, por oposición al Supremo Ser Cristiano, Judío, etc.
Aire: Sustancia nutritiva con la que la generosa Providencia engorda a los pobres.
Amistad: Barco lo bastante grande como para llevar a dos con buen tiempo, pero a uno solo en caso de tormenta.
Responsabilidad: Carga desmontable que se traspasa fácilmente a las espaldas de Dios, el Destino, la Fortuna, la Suerte, o el vecino. Los aficionados a la astrología suelen descargarla en una estrella.
Favor: Breve prólogo a diez volúmenes de exacción.
Africano: Negro que vota por nuestro partido.
Litigante: Persona que está por entregar la piel con la esperanza de conservar los huesos.
Aplauso: El eco de una tontería. Monedas con que el populacho recompensa a quienes lo hacen reír y lo devoran.
Erudición: Polvillo que cae de un libro a un cráneo vacío.
Después de esta breve muestra de cómo no dejar títere con cabeza, si desean saber más, lean el resto del Diccionario del Diablo. Y para terminar, conózcanse a sí mismos:
Hombre: Animal tan sumergido en la extática contemplación de lo que cree ser que olvida lo que indudablemente debería ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie que, a pesar de eso se multiplica con tanta rapidez que ha infestado todo el mundo habitable, además del Canadá.
¿Escrito en 1911, o en 2008?

[Lean el texto completo del Diccionario del Diablo en inglés, gracias al Proyecto Gutenberg, en este enlace]

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Contra la Censura. Ensayos sobre la Pasión por Silenciar, de J. M. Coetzee

(Giving Offense: Essays on Censorship)
Random House Mondadori/Debate
Barcelona, 2007 [1996]

En primer lugar, precisemos que el título original es levemente diferente de la traducción castellana. Vendría a decir: "Ofendiendo: Ensayos sobre la Censura". NI contra nada, ni pasiones desatadas por silenciar. Comprendo que la traducción castellana es más rotunda, más comercial, pero ¿es necesario corregir a un premio Nobel y a su editor estadounidense [la Universidad de Chicago]? ¿Y por dos veces?
Sin duda, en este país, se tiene la impresión generalizada de que la censura es cosa del pasado y asociada a regímenes autoritarios. A poco más de un año del secuestro de una revista en España (satírica, además; ni todas las democracias han podido salvaguardar el animus jocandi cuando se refiere a ciertas personas, al parecer siendo el mensaje, "con respecto a ciertas cosas, ni en broma"); después del debate europeo (de los ¡oh tan civilizados! europeos) sobre las caricaturas de Mahoma, sólo se puede llegar a la conclusión de que aquí se puede hablar de todo... menos de lo que no se puede hablar. La principal conclusión de políticos y analistas fue que una cierta "autocontención" por parte de los autores era deseable. "Autocontención" si lo miran bien, verán que lo que quiere decir a las claras es "autocensura", un concepto que, como demuestra Coetzee, es el fin último de la censura, siendo la máxima aspiración de esta el quedar como una estructura residual y casi autodestruída, habiendo conseguido que el papel de censor lo interpreten los propios autores.
Así pues, la censura, institucional o no, sigue existiendo, en España, en Europa, en las sociedades "civilizadas" y, por supuesto, en las autoritarias, semiautoritarias y en transición.
Hay muy poco escrito sobre la censura, ensayos sobre su naturaleza, claro está. Y sólo recuerdo uno sobre la censura en el franquismo, donde se reseñaba (entre otras cosas) la mutilación y censura de un discurso del propio Franco. Mirando la bibliografía que acompaña el texto de Coetzee, esta escasez parece ser internacional.
Por desgracia, sólo un tercio del libro, aproximadamente, está dedicado a estudiar la censura en abstracto. Los otros dos terccios se dedican a casos concretos: la censura a la pornografía en El Amante de Lady Chatterley; la censura soviética (Osip Mandelstam, Solzhenitsin, Zbigniew Herbert); la censura del apartheid sudafricáno. Son ejemplos ilustrativos y muy interesantes (y sobre el apartheid es casi seguro que es lo primero que se publica en español), donde se dicen cosas valiosas, pero el excesivo detalle siempre tiene el riesgo de fijarse en el roble y perder de vista el robledal.
Pero, y remarcando de nuevo que esos ejemplos son impresionantes en su análisis y pueden constituir la base de estudios futuros, Coetzee hace, en un análisis abstracto y caracteriológico de la censura, una labor fundamental, que descubre las contradicciones y esencias de una actividad que no sólo es enfermiza, redentorista y autodestructiva, sino que lleva en sí misma las semillas de su propio ridículo.
Por escasez de libros semejantes y lucidez de pensamiento, es este un libro imprescindible para comprender esa manía por imponer preceptos y (de)formar mentalidades.

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Aviso, o vamos a bajar el ritmo...

Bueno, superadas las cincuenta entradas, lo que quiere decir que se ha llegado a la cincuentena de libros comentados en dos meses y medio, que no está mal, ha llegado la hora de moderarnos un poco en el ritmo. Primero, porque el objetivo de dar un poco de cuerpo al blog está cumplido. Segundo, por darles a ustedes un respiro; son ustedes bienvenidos las veces que quieran y cuando deseen, pero no quiero forzar a que una presencia casi diaria les hastíe. Tercero, porque hasta yo soy humano, y merezco leer ciertos tochitos de libros con algo más de tranquilidad (por no hablar de los libros que no comento, por mediocres y malos, y que me entorpecen la lectura de los buenos).
De modo que cuenten ustedes con dos entradas a la semana, los martes y los jueves.
Como ven, tampoco es una reducción tan drástica.
Gracias.

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Els Evangelis Apòcrifs, Vol. I, al cuidado de Armand Puig i Tàrrech

Raval Edicions/Proa
Barcelona, 2008 [>s. I d.C.]

No es mi intención analizar aquí los Evangelios Apócrifos de forma teológica, ni por su influencia religiosa; John Milton lanzó su famosa sentencia "No leerás la Biblia por su prosa", pero no es tampoco mi cometido decir cómo y de qué manera tiene que leer uno la Biblia, los Apócrifos, el Corán o cualquier otro de los textos sagrados de las diversas religiones. Es, naturalmente, asunto de conciencia e individual.
Hay un convencimiento (promovido últimamente por ciertas novelas) de que estos Evangelios Apócrifos han sido difíciles de encontrar y leer, como si fueran editados de forma clandestina, hereje y subversiva. No tal. Es evidente que la Iglesia católica, y las Iglesias cristianas en general, no han promocionado activamente su lectura, pero una editorial católica (estructuralmente católica, quiero decir) como la Biblioteca de Autores Cristianos los ha tenido siempre en su catálogo. Si comento esta edición en catalán es por ser la más reciente, y la que incorpora los hallazgos que en este campo se han producido en los últimos años. [este primer volumen consiste en los no-gnósticos, mientras el segundo se dedica a los evangelios gnósticos, incluyendo el recientemente encontrado y traducido Evangelio de Judas].
Con los Apócrifos ha sucedido una cosa curiosa. No han sido considerados canónicos, pero las diversas Iglesias han encontrado en ellos detalles que han incorporado al relato de la vida de Jesús. ¿Quiénes eran los Reyes Magos? ¿Cómo se llamaban los dos ladrones? ¿De dónde sale el nombre de Longinos? Historias de la infancia de Jesús que no aparecen en la Biblia canónica me han sido explicadas en clase de Historia Sagrada, y tienen su origen en estos apócrifos.
Fue poco antes de terminar de leer este volumen que recordé que Jorge Luis Borges los había incluido en su "Biblioteca Personal". He aquí algo de lo que decía al respecto: "Este libro no contradice a los evangelios del canon. Narra con extrañas variaciones la misma biografía. Nos revela milagros inesperados. Nos dice que a la edad de cinco años Jesús modeló con arcilla unos gorriones que, ante el estupor de los niños que jugaban con él, alzaron el vuelo y se perdieron en el aire cantando. Le atribuye asimismo crueles milagros, propios de un niño todopoderoso que no ha alcanzado todavía el uso de la razón. Para el Antiguo Testamento, el Infierno (Sheol) es la sepultura; para los tercetos de la Comedia, un sistema de cárceles subterráneas, de topografía precisa; en este libro es un personaje soberbio que dialoga con Satanás, Príncipe de la Muerte, y que glorifica al Señor.
"Junto a los libros canónicos del Nuevo Testamento estos Evangelios Apócrifos, olvidados durante tantos siglos y recuperados ahora, fueron los instrumentos más antiguos de la doctrina de Jesús".

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Aciago Encuentro en Lankhmar, de Fritz Leiber

(Ill Met in Lankhmar)
En Espadas y Demonios (Swords and Deviltry)
Ed. Martínez Roca, col. Fantasy
Barcelona, 1985 [1970]

Existe una especie de pozo mítico en el cual se incorporan arquetipos y personajes que, por un extraño mecanismo de la mente humana, son conocidos y reconocidos incluso por aquellos que no han leído las historias de las que surgen o las películas que los presentan. Así, ese extraño fenómeno se produce con el vampiro o Drácula, el monstruo de Frankenstein (que en el pozo mítico adquiere el nombre de su creador), el sheriff que lucha en solitario, Jekyll & Hyde, el Pirata del Caribe, etc.
Entre ellos se halla el guerrero bárbaro, en general, y si vamos a poner nombre al arquetipo, llamémosle Conan el Bárbaro. Surgido de las epopeyas griegas (el arquetipo, no Conan; éste es la quintaesencia arquetípica, obra de Robert E. Howard) y antes incluso (si admitimos cierta influencia babilónica), sus atributos, criticables o no, son los del mucho músculo y poco cerebro, una moral primitiva entre el bien y el mal sin matices, un imprescindible vagabundear, la tendencia a solventar situaciones de manera expeditiva, el ansia de gloria por esta en sí, desprecio por las sofisticaciones y, cómo no, un machismo extremo (existe también otro personaje convertido en arquetípico, la princesa guerrera, menos potente, porque la cultura humana ha incorporado el feminismo hace muy poco tiempo y porque la cultura, en general, lleva un largo recorrido de machismo; su característica culminante, aparte de una mayor sofisticación que su contrapartida masculina, parece ser la patada en la entrepierna del incauto macho que se le cruza por delante).
Todo esto conlleva un rechazo extremo por parte de la intelectualidad. Es, como decíamos, un personaje poco refinado. Y la cultura parece consistir en el abandono, la superación, la sublimación y la sustitución de ciertas pulsiones basales. Pero sigue siendo una crítica que muestra impotencia, porque por mucho que el ser humano se refine, esas pulsiones siguen teniendo su importancia, aun residual, y sólo hay que mirar al mundo que nos rodea para comprender que es así. De modo que desdeñar la fantasía heroica , brutal como pueda ser, es una actitud que debería revisarse. Desdéñese, sí, pero conózcase antes. Porque es una faceta a estudiar del ser humano.
Sin embargo, el problema del bárbaro es que es repetitivo por naturaleza, y con un comportamiento más predecible que el de un toro bravo ante un trapo rojo.
De modo que era sólo cuestión de tiempo que alguien recogiera el arquetipo y lo desmontara y modificara para, conservando sus características, llevarlo más allá, hasta la inteligencia. ¿Y si el "bárbaro" fuera alguien refinado y capaz de razonar? ¿Y si el astuto personaje (ese Ulises que comparte campamento con toda la serie de brutos aqueos) adquiriera las habilidades y ferocidad guerreras que se le suponen al bárbaro? Ese alguien fue Fritz Leiber.
Dejemos hablar al propio Leiber: "Saga de Fafhrd [pronúnciese Fáferd] y el Ratonero Gris, los dos espadachines más grandes que jamás han existido en éste o en cualquier otro universo real o de ficción, maestros del acero más hábiles incluso que Cyrano de Bergerac, Scar Gordon, Conan, John Carter, D'Artagnan, Brandoch Daha y Anra Devadoris. Dos camaradas de la muerte y los sombríos comediantes para toda la eternidad, vigorosos, pendencieros, buenos bebedores, imaginativos, románticos, groseros, ladrones, sardónicos, festivos, siempre buscando aventuras a través del ancho mundo, condenados a toparse sin cesar con los enemigos más mortíferos, los adversarios más crueles, las muchachas más deliciosas y los brujos más horrendos, bestias sobrenaturales y otros personajes".
Es una buena, ¡qué digo!, es una excelente definición de los personajes, y déjenme añadir solamente, para marcar distancias, que el bárbaro norteño Fafhrd es también un bardo culto y refinado, y que el astuto Ratonero, aprendiz (y fracaso) de mago, tiene un punto de fanfarronería y extravagancia que están a punto de costarle muy caro en ocasiones. Con todo, y tal vez por sus debilidades y contrastes, son dos de los personajes más deliciosos de la narrativa fantástica (y de la otra).
Aciago Encuentro en Lankhmar, uno de los cuentos más premiados de la historia de la fantasía y la ciencia-ficción, es el encuentro definitivo entre ambos personajes, un encuentro que forjará una de las alianzas más potentes de la épica, y representa también la presentación de la muy fascinante ciudad de Lankhmar. Para conocer, sin desvelar, el argumento, no hay más que dirigirse al índice del libro (los índices de Leiber merecen ser leídos): "El segundo y decisivo encuentro de Fafhrd y el Ratonero Gris, en el que se cuenta algo de los males de la interminable niebla nocturna y el latrocinio organizado, de la ebriedad y vanidad de hombres y muchachas queridos y de las laberínticas maravillas y horrores de la Ciudad de los Ciento cuarenta mil Humos".
Con todo, una experiencia inolvidable.

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Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo

Ed. Espasa-Calpe, col. Austral
Madrid, 1975 [1575]

El tema de la conquista de México por Cortés ha adquirido unos tintes históricos que van desde la reformulación a la revisión, pasando por posiciones indigenistas, reivindicativas (en uno u otro sentido) e incluso revanchistas.
No voy a entrar en ello. Mi opinión es que la Historia es la que es, y aunque reconozco que es una prostituta que se vende al mejor postor (y éste suele ser el vencedor), me complacen los estudios que describen realidades y me irritan los que incitan al ajuste de cuentas, inspirados no tanto en el hecho histórico como en el sentimiento patriótico (y, como dijo no sé quién, el patriotismo es el refugio de los canallas). Si, como español, tuviera que prestar atención a antiguos agravios reales o supuestos, estaría enemistado con los romanos, los cartagineses, los godos, los árabes, los franceses, los ingleses, los holandeses, los estadounidenses y los propios españoles, entre otros. Como catalán, además, podría ampliar la lista hasta tener que increpar a medio mundo.
Por tanto, les ruego tengan en cuenta que una crónica escrita por un contemporáneo (y soldado a las órdenes) de Hernán Cortés no es sino la obra de alguien que estaba inmerso en una época con otros valores e ideas que sólo podemos intuir, y que puede ser leída a varios niveles:
Como crónica histórica, y en eso es valiosa por ser testimonio de primera mano. Como escrito de hombre de su tiempo, y hay que tener en cuenta que tenía justificaciones históricas, morales y religiosas para la conquista. Esto es inevitable, y si no justifica los hechos según la moral, porque esta es cambiante, sí lo hace personalmente. La estructura política, legal y moral era la que era, y Bernal se movía de acorde a esos valores.
También puede leerse como la visión de un observador de los hechos; y como soldado. Quisiera detenerme en estos dos últimos puntos.
Díaz del Castillo escribió su Historia Verdadera... en respuesta a la crónica de Francisco López de Gómara, que encontró llena de defectos, omisiones e inexactitudes. La de Gómara fue tomada durante siglos por crónica oficial, y eso nos da idea de cómo se escribe la Historia, y sobre todo de quién la escribe. Del Castillo, por estar presente y ser observador, pudo corregir esos errores, y ahí nos encontramos con lo que insiste una y otra vez: esto sucedió así, yo estaba allí, y esto sucedió asá, yo no estaba, pero me lo contó Tal y después Cual me lo volvió a contar de la misma manera. Lo que veo lo digo, y lo que no veo, pídanles cuentas a quienes así me lo contaron o hallen otros, si existen, que lo cuenten de otra manera. A esto se le llama, más que verdad, veracidad, y se ha comparado la obra de Bernal con otra crónica monumental, la de Ramon Muntaner sobre la expedición de catalanes y aragoneses a Oriente.
Como soldado, sabemos perfectamente donde estamos, es decir, en uno de los bandos, pero, como suele suceder entre los que pasan penalidades sobre el terreno y el campo de batalla, su visión de las cosas es más ecuánime que la del observador casual. Hay elogios no sólo a los aliados tlaxcalteños y totonacas, sino a los propios aztecas, enemigos valerosos y gente magnífica en todos los aspectos salvo en los sacrificios humanos y su religión. Hay que buscar a Alonso de Ercilla autor del último gran poema épico español , La Araucana, en principal elogio de los enemigos araucanos, para encontrar respeto semejante en una obra de la época.
Hay algo innegable en esta Historia, y es lo que promete: la verdad del soldado y del observador, y eso trasciende el texto. Lo que cuenta Bernal es totalmente creíble, cómo lo cuenta lo convierte en legible y ameno. La prosa de Bernal es casi la de una novela de aventuras.
Magnificada una y mil veces, principalmente obviando la participación indígena en apoyo de los conquistadores, la hazaña de Cortés puede someterse a mil y una revisiones. Pero sigue produciendo cierto vértigo la osadía de quinientos desgraciados que decidieron un día no volver atrás, dirigirse o a la muerte o a la gloria. Una aventura que les trae con todos sus detalles Bernal Díaz del Castillo.

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El Asesinato de John Fitzgerald Kennedy Considerado como una Carrera Automovilística en Sentido Descendente, de James G. Ballard

(The Assassination of John Fitzgerald Kennedy Considered as a Downhill Motor Race)
En Complete Short Stories
Flamingo
Londres, 2001 [1966]
[Los que deseen leer el relato en inglés, así como una versión inglesa del de Jarry, pueden hacerlo aquí]

En el post anterior les reseñaba que la obra de Alfred Jarry había tenido numerosas imitaciones, epigonismos y homenajes. En el caso de este relato Ballard, siguiendo fielmente la metodología de Jarry, no la emplea en ninguna de esas formas, sino que se aprovecha del método patafísico (que ha sido sabiamente definido como la deconstrucción de la realidad para su reconstrucción en el absurdo) como medio para construir un cuento con entidad propia, por varios motivos.
Primero, poniendo al mismo nivel de catástrofe (?) el asesinato de Kennedy y la crucifixión de Cristo.
Segundo, aprovechando el símil de competición deportiva para situar a los distintos personajes como competidores, organizadores y tramposos, con una figura a batir en una carrera.
Tercero, para plantear la pregunta definitiva que resultó en la descalificación a perpetuidad de Kennedy.
Cuarto, dándonos, como Jarry, la clave de cómo un hecho trascendente puede bien ser sólo un acto más en una comedia macabra que el ser humano se empeña en representar, nacida de sus propios temores y fracasos.
Por su brevedad, economía de medios y percepción, Ballard nos sitúa en este cuento ante una visión esperpéntica, dramática y en muchos casos ridícula del mundo en que vivimos. Una visión que, mirada con atención e inteligencia, no difiere mucho de la realidad. Una pequeña degustación de un autor al que los hechos han dado la razón en su pesimismo.

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La Crucifixión Considerada como una Carrera Ciclista en Escalada, de Alfred Jarry

(La Passion Considéré comme Course de Côte)
Le Canard Sauvage, 11-17 de abril de 1903

La traducción íntegra de este relato de Jarry es la siguiente:

Barrabás estaba inscrito, pero no se presentó.
El estárter Pilatos, sacando su cronómetro de agua o clepsidra, que le mojó las manos, a menos que simplemente hubiera escupido en ellas, dio la salida.
Jesús salió a toda velocidad.
En aquellos tiempos, según el buen cronista deportivo San Mateo, era costumbre de flagelar antes de la carrera a los ciclistas, como hacen nuestros cocheros con sus hipomotores. El látigo es a la vez un estimulante y un masaje higiénico. Así pues, Jesús, en plena forma, inició la escapada, pero rápidamente tuvo un pinchazo en un neumático. Las espinas sembradas por toda la carretera le acribillaron toda la rueda delantera.
Hoy día se puede ver la reproducción de esta auténtica corona de espinas en los escaparates de los fabricantes de bicicletas, como reclamo de sus neumáticos impinchables. Los de Jesús, unos single-tube de pista ordinarios, no eran de esa clase.
Los dos ladrones, que se entendían como si estuviesen en una fiesta, tomaron la delantera.
Es falso que hubieran clavos. Los tres representados en las imágenes son el desmontaneumáticos llamado "un minuto".
Pero es conveniente que nos refiramos primero a las caídas. Y que describamos en unas pocas palabras la máquina.
El cuadro es de invención relativamente reciente. Es en 1890 cuando vieron la luz las primeras bicicletas con cuadro. Anteriormente, el cuerpo de la máquina se componía de dos tubos soldados perpendicularmente uno al otro. Es lo que se denominaba como bicicleta de cuerpo derecho o de cruz. Así, Jesús, después de su incidente con los neumáticos, subió la montaña a pie, llevando al hombro su cuadro o, si lo prefieren, su cruz.
Hay grabados de época que reproducen fielmente esta escena, basados en fotografías. Pero parece que las carreras ciclistas, como consecuencia del accidente bien conocido que coronó de manera tan desagradable la carrera de la Pasión, y que ha puesto de actualidad el accidente similar del conde Zborowski en la escalada de la Turbie, fueron prohibidas cierto tiempo por decreto de la prefectura. Esto explica que en las revistas ilustradas, que reproducen la célebre escena, figuren bicicletas del todo fantásticas. Confundieron la cruz del cuerpo de la máquina con la otra cruz, la del manillar. Representaron a Jesús con las dos manos extendidas sobre su manillar, y hagamos notar a este propósito que Jesús corría tendido de espaldas, para disminuir la resistencia del aire.
Hagamos constar también que el cuadro o cruz de la máquina, como ciertas llantas actuales, era de madera.
Algunos han insinuado, erróneamente, que la máquina de Jesús era una "draisiana" (modelo inventado por el barón Drais de Sanerbron en 1818), instrumento bien inverosímil en una carrera de montaña, en escalada. Según los antiguos hagiógrafos ciclófilos Santa Brígida, Gregorio de Tours e Ireneo, la cruz estaba dotada de un dispositivo que ellos denominan "suppedaneum". No es necesario ser un gran filólogo para traducir: "pedal".
Justo Lipsio, Justino, Bosius y Erycius Puteanus describieron otro accesorio que todavía se encuentra, según informa Cornelius Curtius en 1634, en las cruces de Japón: un saliente de la cruz, de madera o de cuero, sobre el cual el ciclista se monta a caballo: se trata, evidentemente, del sillín.
Estas descripciones, por otro lado, no son menos fieles que la definición que dan hoy día los chinos de la bicicleta: "Pequeña mula que se conduce por las orejas y que uno hace avanzar dando golpes con los pies".
Abreviaremos el relato de la carrera en sí, relatada con todo lujo de detalles en las obras especializadas, y expuesta por la escultura y la pintura en los monumentos "ad hoc".
En la dura subida al Gólgota hay catorce curvas. Fue en la tercera en la que Jesús sufrió la primera caída. Su madre, en las tribunas, se alarmó.
El famoso entrenador Simón el Cireneo, que hubiera tenido la función, de no haber sido por el incidente de las espinas, de "tirar" delante de Jesús y cortarle el viento, cargó entonces con la máquina.
Jesús, aunque no transportaba nada, sudaba. No es cierto que una espectadora le secara el rostro, pero sí es exacto que la reportera Verónica, con su kodak, le tomó una instantánea.
La segunda caída tuvo lugar en el séptimo viraje, debido al pavimento demasiado grasiento. Jesús derrapó por tercera vez, sobre un raíl, en la décimoprimera curva.
Las mujeres de mala vida de Israel agitaron sus pañuelos en la octava.

El deplorable accidente de todos conocido tuvo lugar en la curva número doce. En ese momento, Jesús estaba esforzándose a muerte junto a los dos ladrones. Se sabe también que continuó la carrera como aviador... pero esa es una historia que se escapa de nuestro tema.
© de la traducción, Lluís Salvador, 2008

El texto original en francés lo pueden encontrar aquí

Alfred Jarry, autor genial, padre de Ubú, precursor de los surrealistas, humorista sarcástico y sangrante, inventor de la patafísica que tanto amó Julio Cortázar.
Y este texto suyo que ha sido imitado tantas veces, que puede tener todos los adjetivos que a uno se le ocurran, menos el de aburrido: irreverente, satírico, revelador, onírico, sacrílego, divertido, surrealista, idiota, ingenioso... Tal vez ejercicio de estilo, y eso nos llevaría a una genealogía que es real: Jarry es padre más o menos directo del teatro del absurdo, del surrealismo, de la OuLiPo, de Italo Calvino, Georges Pérec, Raymond Queneau, de la New Thing, de J. G. Ballard, de Michael Moorcock y de tantos otros en una genealogía que algunos definirían como infernal y de la que otros nos congratulamos.

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La Pantalla Chica, de Fernando Díaz-Plaja

Plaza & Janés, col. Testigos de España
Barcelona, 1974 [1974]

Ha caído en mis manos, un poco por casualidad, este libro, que analiza la televisión en España en una época en la que "disfrutábamos" de la presencia en pantalla de una sola cadena (la estatal), repartida en el canal 1 y en lo que algunos llamaron "el canalillo", la mayoría el UHF y hoy se ha convertido en la 2.
Hoy día "disfrutamos" de la así llamada diversidad de canales, pero puesto que, en conjunto, uno tiene la impresión que, aparte series notables (americanas en su mayoría) y otros programas (sospechosamente similares en número a los que teníamos en aquellas épocas de penurias catódicas), la calidad media de la televisión si no ha descendido, sí se ha mantenido en el bajo nivel en que estaba hace treinta años. De modo que emprendí la lectura de esta colección de artículos de prensa con la intención de ver si me quejo sólo por vicio, de si la nostalgia (¿de qué?) me imponía unas antiparras más bien reaccionarias del estilo de "todo tiempo pasado fue mejor", o si en el caso de la televisión he llegado a desarrollar un prejuicio que indica que todo lo que pasa por la pantalla plasmática, tefetera o tubícola es pura porquería. La experiencia ha sido cuando menos curiosa.
Fernando Díaz-Plaja fue, en tiempos, escritor de éxito, uno de los pocos autores que cultivó la ucronía en nuestro país, en una novela que pintaba la victoria de los republicanos en la Guerra Civil, por supuesto (los españoles somos un poco monotemáticos); sin demasiada brillantez, todo hay que decirlo. Pero también fue autor de una serie que pareció interminable, iniciada con El Español y los Siete Pecados Capitales. Este libro obtuvo unas ventas inmensas (para la época) y, dejando aparte que muchos españolitos se limitaran a leer el capítulo dedicado a la lujuria, era una visión aguda y con las adecuadas dosis de humor de la idiosincrasia del español medio, bajo y alto. De manera que uno puede fiarse de las dotes de observación de don Fernando. [También fui alumno de su hermano, el académico de número de la Real Academia Española Don Guillermo Díaz-Plaja, pero esa es otra historia].
Como suele suceder con los libros que observan "en caliente" un hecho, en este caso la televisión española de los años setenta, el texto no se aguanta hoy en día, e incluso al contemporáneo le cuesta recordar la mayoría de los programas que se citan, no digamos presentadores o corresponsales (y eso dice algo de lo efímero del medio). Y sin embargo, la observación inteligente del medio está ahí, y con ella una serie de conceptos muy apreciables, verbigracia:
"Dicen los críticos genéricos de la tv española que es de muy baja calidad. Naturalmente. Como es de baja calidad intelectual el público que la presencia. Pero esto ocurre en todas partes porque la masa, mientras no se demuestre lo contrario ─y es difícil─, será siempre «municipal y espesa»". "El peligro es que de tanto ofrecer bazofia al público, éste se ha acostumbrado a considerarlo manjar exquisito".
"Tener dos cadenas para escoger un programa es importante, tener cuatro no consigue doblar ese placer y tener doce no equivale a multiplicarlo por seis".
"La televisión no tiene razón de ser si no se ve lo que están explicando. La imagen tiene que existir siempre, y naturalmente al referirnos a imagen no hablo del torso de un señor que nos cuenta cómo va el mundo, mientras detrás, ¡oh gran concesión!, aparece un mapa".
"Algo que tampoco comprendo en la información televisiva es la cantidad de locutores que emplea. En la CBS hay un solo locutor llamado Walter Cronkite que lee absolutamente todas las noticias que a su mesa llegan, dejando paso solamente a la información desde fuera del estudio".
"«Ser uno mismo» es una frase muy empleada por actores y cantantes [...] ¿Por qué? Porque lo importantes es «ser fiel a sí mismo»".
"El famoso tiene que tener abiertas puertas y ventanas de su vida para calmar la curiosidad de los aficionados a su arte [...], a pesar de que, a veces, lancen a las ondas o a las columnas de los periódicos sus protestas... protestas que siempre son a media voz. Porque, en su manera de vivir, el peligro de que se ocupen demasiado de su vida privada es tan grave como que les olviden totalmente".
"[En] los programas concurso [...] el chico o grande que aparece ante las cámaras tiene que saber contestar, aparte de sus conocimientos. Como en meteorología, hay unos mínimos por debajo de los cuales no se puede dejar actuar a nadie".
"Tengo la impresión de que ha llegado el momento de que se prohíba la trata de niños. En la televisión especialmente".
"Lo que vale es que un grupo de españoles está compitiendo con otro de extranjeros; puestas así las cosas, evidentemente no se trata de comentar fríamente un partido sino de estar al lado de nuestros representantes como estaríamos con nuestros tercios de Flandes o con los conquistadores de América. Con la patria, ya se sabe, como con la madre, se está con razón o sin ella".
Con todo el tiempo pasado y visto lo visto, he de llegar a la conclusión de que la televisión de antes no era mejor que la de ahora. Tenía los mismos vicios. Sólo que ahora, la competencia los ha exacerbado hasta lo grotesco.

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The Unquiet, de John Connolly

Simon & Schuster, Inc./Atria Books
Nueva York, 2007 [2007]

En un tenderete de feria, un hombre se acerca a la atracción, a la hora de cerrar, y pide que su propietario ejerza su cometido y adivine a qué se dedica para vivir:
"─Usted causa dolor.
El extraño pareció divertirse.
─¿Es así? ─dijo.
─Usted hace daño a la gente.
─¿Ajá?
─Ha matado
[...]
El extraño sacudió la cabeza y se miró las manos, como asombrado en silencio por lo que habían revelado.
─Bien ─dijo por fin─. Reconozco que vale los cincuenta centavos de cualquiera, y no me equivoco. Esa es la historia. Esa es buena parte de la historia ─asintió para sí mismo─. Ajá ─dijo en voz baja─. Ajá.
─¿Quiere un premio? ─interpeló Dave─. Puede tomar un premio si me he equivocado [...]
─Nah ─respondió el extraño─, quédeselos. Me he entretenido. Usted me ha entretenido."
Años más tarde, ese hombre aparecerá de nuevo. Daniel Clay, un psiquiatra infantil especialiado en abusos, desapareció hace seis años. Y ese asesino empieza a acosar a la hija del doctor, obsesionado con la búsqueda de su propia hija, desaparecida por las mismas fechas. Rebecca Clay entonces recurrirá a los servicios del detectiva Charlie Parker ("Como el cantante" "Saxofonista" "¿Seguro que no era cantante?" "Seguro"). Pero Parker, como si fuera una maldición de la que no pudiera librarse, se encontrará de nuevo con algo que va más allá de la simple maldad humana, con una encarnación situada fuera de cualquier sistema legal humano.
El tema de los detectives de lo sobrenatural no es nuevo, y siempre ha gozado de éxitos parciales e incompletos. Seabury Quinn, Algernon Blackwood y tantos otros han logrado captar la atención del lector... en un principio. Después, la fórmula se ha convertido en repetitiva y, casi, en autoparódica.
Tal vez el éxito de John Connolly se base en que su personaje no es un "excéntrico", un psíquico, mentalista, parapsicólogo o similar, metido siempre en el mundo cerrado y aparte de lo sobrenatural, sino un detective normal, que se dedica a trabajos normales y aspira a una vida normal, pero que, muy a pesar suyo, se ve obligado a sufrir lo sobrenatural en su propia vida como si el hecho de haber sido tocado por la maldad en una etapa de su vida lo hubiera contaminado para siempre, le hubiera convertido sin remisión en una especie de fuerza compensatoria, pero comprendiendo que no hay nada de cruzada en ello, sino una especie de maldición.
Puede que lo que me atrae de las novelas de Connolly sea el hecho de que, trate el tema que trate, siempre tengo la curiosidad de ver hasta qué punto la vida de Charlie Parker sigue caminando hacia su destrucción anímica y personal o si, por el contrario, llegará un punto en el que Parker logrará redimirse de esta maldición que le azota y podrá por fin convertirse en una persona común y corriente. Es un hecho que en cada novela Connolly tensa la cuerda hasta el límite. En su haber hay que situar que, a pesar de ello, esa cuerda nunca llega a romperse y que jamás caiga en el ridículo o la parodia.
Pero no sólo de argumentos, por potentes que sean, vive un novelista y un personaje. Connolly trabaja con tipos que parecen increíbles, pero son a la vez plausibles. Irlandés que ha vivido en Estados Unidos un montón de años, ha hecho suya Nueva Inglaterra, una geografía que desde sus mismos inicios, desde la llegada de los Puritanos hasta los juicios de Salem, es tan infernal como el suelo de Meggido; en ese terreno, construye una atmósfera que da toda la impresión de no ser totalmente ficticia, sino muy real.
Una última advertencia. Charlie Parker se encuentra con situaciones, por lo general, que agreden a colectivos y personas por naturaleza vulnerables (en este caso, la pedofilia y el maltrato infantil), pero que no nos alcanzan como meros casos individuales, sino como temas que, en su conjunto, nos llevan más allá de la simple malicia o perversión humana, sino directamente hacia un concepto maligno que nos espanta porque vive en nosotros: esa capacidad tan humana de hacer de nuestros semejantes meros objetos en los que ejercer todas nuestras indulgentes aberraciones, toda nuestra sed de mal. No es lectura para corazones débiles.
Para los que deseen leer la serie por su orden debido (y es algo que recomiendo), este es:
-Every Dead Thing (Todo lo que muere)
-Dark Hollow (El poder de las tinieblas)
-The Killing Kind (Perfil asesino)
-The White Road (El camino blanco)
-The Black Angel (El ángel negro)
-The Unquiet (Los atormentados)

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Noticias del Mes de Mayo, de Julio Cortázar

En Último Round, vol. I
Siglo XXI Editores de España
Madrid, 1974 [1969]

Ocasiones habrá de hablar de las obras de Julio Cortázar, pero antes de que acabe el año en que se conmemora el cuadragésimo aniversario del Mayo del 68 en París, esa capital que debía tener por entonces unos veinte millones de habitantes, si hemos de creer a todos aquellos que dicen que estuvieron allí, era obligatorio visitar ese París con su mejor guía.
A mí, por edad, no me pilló el discernimiento suficiente como para entender lo que sucedía, y además estaba en una Barcelona más cercana a la de La Marge de Mandiargues que a la olímpica.
Han aparecido muchos libros conmemorando la fecha (el mejor, sin duda, el que compila los grafitos y afiches, y perdonen el galicismo, de ese mes prodigioso), pero o tienen un tono nostálgico o uno didáctico próximo al "bueno, fue una travesura estudiantil maravillosa, pero el mundo sigue, ¿no?"
Este poema de Julio Cortázar es más real, vívido y demostrativo de lo que fue esa revolución que aspiraba a ser permanente que cualquier estudio actual. También es un texto clarividente:

"Como esto durará tan sólo un día,
como esto durará tan sólo un tiempo o dos,
como esto o lo demás se acaba, le guste o no al Estado
o al Individuo (este pequeño Estado) esto se acaba porque
ya está naciendo el tiempo abierto el tiempo esponja"

Por supuesto, este "se acaba" se refería a la anterior visión de la sociedad, pero la clarividencia está en que todo tenía que acabarse, incluso esa revolución. Y acabó, como se sofocan estas cosas, con la sociedad antigua haciendo unas concesiones a la nueva. Pequeñas concesiones hechas con la intención de recuperarlas un día u otro.
Nicolás Sarkozy ha declarado públicamente que quiere liquidar los restos del Mayor del 68 (y que lo haga un personaje como Sarko nos tendría que dar que pensar). Desconocía que quedaran restos, pero parece que sí: cuando los liberales, los neoliberales, los pensadores únicos declaran que hay que liquidar restos, es que deben existir. Y todos esos personajes deben considerarlos peligrosos.

Frente al Hongo de Hidrógeno
frente a cualquier frontera geográfica/intelectual/racial/política/moral/estética
frente a la oh BELLEZA
(y los museos abiertos, por rara coincidencia, en las horas de trabajo de obreros y empleados, con la limosna generosísima del domingo gratis)
frente al oh HUMANISMO
(y dos tercios de la humanidad analfabeta)
Decreto el Estado de Dicha Permanente (Facultad de Ciencias Políticas, París)
La Imaginación Toma el Poder (Facultad de Ciencias Políticas, París)
¡Sean Breves y Crueles, Antropófagos! (Nanterre)

Son demasiadas dudas, demasiadas reacciones ante lo establecido.
Si quedan restos, y al parecer, es así, son peligrosos ¿por qué? Porque nos traen un leve recuerdo del paraíso perdido. Porque nos dicen que no vivimos en el mejor de los mundos. Porque hubo una época en la que pudimos hacerlo todo:

Yo vi la edad de oro, la sentí brotar en la ciudad como un tigre de espigas, la edad de oro no era en absoluto de oro, ni siquiera una edad: relámpago entre dos nubes de petróleo, caricia de unos pocos días entre pasado y futuro, yo vi la edad de oro, se llamaba París en mayo, no era la edad de oro pero ardía y brillaba, en cada esquina se buscaban las manos, se abrían las sonrisas, se discutían los quehaceres, se mataban dragones escolásticos, se dibujaba una silueta humana, algo nacía hacia el encuentro, algo canataba desde nuevas gargantas para nuevas memorias.

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Morpho Eugenia, de A. S. Byatt

En Ángeles e Insectos (Angels and Insects)
Ed. Anagrama, col. Panorama de Narrativas
Barcelona, 1995 [1992]

Como dice la contraportada: "El héroe de Morpho Eugenia es William Adamson, un naturalista y entomólogo de treinta y cuatro años que a su regreso a Inglaterra, tras haber pasado quince días a la deriva en el mar y perderlo todo en el naufragio, acepta trabajar para sir Harold Alabaster, un caótico coleccionista de restos y excentricidades de la naturaleza. Sir Harold, además, tiene una hija tan hermosa como las mariposas que dan título a la novela, y William se enamorará y se casará con la bella Eugenia. Pero los placeres conyugales a los que aspira el inocente entomólogo quizá sean tan letales como los de los machos de ciertas especies de insectos que él ha estudiado, y el laberinto de relaciones y jerarquías familiares de los Alabaster oculta secretos perversos que William deberá desvelar para recuperar la libertad y encontrar el amor verdadero. [...] Morpho Eugenia es una perfecta novela gótica, esa fuente de placeres y estremecimientos literarios que debemos agradecer a los victorianos".
En efecto, novela gótica, pero, me apresuro a añadir, pasada por la evolución de la novela moderna. Byatt es una gran escritora, autora de obras inquietantes, cultas y apasionantes. En esta novela, de personajes y temas sabiamente elegidos, emplea el debate darwinista, la mitología clásica, la entomología, las referencias a la cultura amazónica y el estereotipo victoriano, pero de manera tan natural que conforman parte de la novela, sin imponerse al argumento, sino integrándose en él.
Su lectura evoca imágenes de Cumbres Borrascosas, de las novelas de Jane Austen, de los grandes victorianos, pero no se preocupen. Morpho Eugenia no podría haberse publicado (o escrito, tal vez) en esa época. Lo que hace Byatt es aprovechar esa eestructura narrativa, esos clichés, como la forma más adecuada para contarnos una historia sólida, una alegoría llena de misterio y tensión.

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Malson per Entregues, de Joan Manuel Serrat

Este tercer capítulo y último (por el momento) de canciones narrativas se nutre de la canción Pesadilla por Entregas, incluída en el álbum en catalán Material Sensible (Ariola, 1989). Con arreglos musicales del finado Josep Mª Bardagí, es una delicia escucharla. La letra original la pueden encontrar aquí. El libreto que acompaña el CD la incluye, así como su traducción al castellano. Para evitar posibles problemas de copyright, sin embargo, esta traducción es mía (sería casualidad extrema que coincidiera palabra por palabra). Disfruten de una canción que recorre el tópico policíaco pasado por la narrativa fantástica:

Aquel lunes se levantó inquieto
y desayunando comentó a su esposa
haber soñado que lo perseguía un hombre
de aspecto facineroso
armado con un .38
cazándolo a tiros por toda la ciudad,
por las azoteas y las alcantarillas,
corre que corre y aquel hombre detrás,
implacable y decidido
como un ángel de la muerte.

Asustado y ciego, tropezó,
pero antes de que el verdugo rematase la faena
él sacó un arma y con media docena
de tiros lo dejó tendido
sobre un charco de sangre.
Y de detrás de un árbol salió Pau,
un compañero de penurias de oficina,
para hundirle un cuchillo de cocina
al herido en la nuca
como quien descabella un toro.

Y el día siguiente sentado a los pies de la cama,
él le dijo lloroso, con mala cara,
que la maldita pesadilla continuaba
con él en medio de la calle
con una pistola en la mano
que todavía humeaba por el cañón;
la gente gritaba, lloraba y corría.
Él quería mover los pies y no podía.
¿Qué es lo que estaba pasando?
¿Quién cojones era aquel muerto?

Pau tampoco pudo huir. Cercados
por policías, coches y sirenas,
las manos esposadas a la espalda,
a puñetazos y empujones
se los llevaron en un furgón.
Después un rincón oscuro y una luz en los ojos
y unos hombres haciendo preguntas y amenazas
en relación a un mafioso muerto en la plaza
por dos fanáticos fieles
a diabólicos rituales.

Se despertó empapado y temblando
la noche siguiente hacia las tres y media
"Mañana sin falta iremos al psiquiatra..."
ella se dijo mientras él
le contaba sollozando
que el juez, sin haberlos escuchado,
los condenaba a dieciocho años y un día.
Pensaba que nunca más volvería
a mirarse en sus ojos
ni a mojar pan en su plato.

Por suerte Pau, camino de la prisión,
utilizando la conocida argucia
del tengo pipí y tengo la vejiga floja,
saltó en marcha del tren
y huyó en la oscuridad.
Y él se pudría en un calabozo frío
con un camello colgado que sólo reía
y un travestí con barbas que le decía:
"Cuando te acostumbres verás
que no se está tan mal".

Cuando volvieron del médico se durmió
profundamente como un bebé en el sofá
y habría podido seguir roncando hasta el día siguiente
si no lo hubiese despertado
su pobre esposa
gritando que Pau había telefoneado
"Que los de la pasma te siguen los pasos,
que no es un buen escondite la casa,
que fondeado en el puerto
nos espera un barco griego".

Cayó redondo y al recobrarse tuvo
la sensación de que el suelo se movía,
abrió los ojos y se topó con una cara
muy parecida a Charles Boyer
sonriéndole a un palmo de la nariz,
ofreciéndole una taza de café
y con voz de viejo lobo de mar le decía:
"Avez-vous bien dormi, madame, monsieur?
Dans une demi-heure nous
arriverons à Marseille.

C'est jolie la liberté,
n'est-ce pas, monsieur?
C'est jolie la liberté".

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Black Diamond Bay, de Bob Dylan

En Desire
EMI, 1975

Segundo de una serie de tres sobre canciones "narrativas".
¡Qué mal canta Bob Dylan! ¡Y qué buenas canciones hace! Esta Bahía del Diamante Negro, incluida en un disco no precisamente menor (en él está la famosa Hurricane, una canción que podría ser perfectamente otra narración musical, si no fuera porque se trata de un caso real, y he preferido centrarme más en la "ficción" musical), tiene presentación, nudo y desenlace, una miríada de personajes e historias, y además es un modelo del género, incluyendo esa un tanto satírica estrofa final.
Por supuesto, les recomiendo encarecidamente su audición. La letra en inglés la pueden hallar, por ejemplo, aquí; pero, para los no angloparlantes, lo que dice la canción es:

En lo alto de la blanca veranda
Ella lleva una corbata y un sombrero panamá
Su pasaporte muestra otro rostro
De otro tiempo y lugar
Sin parecerse en nada.
Y todos los restos de su pasado reciente
Vuelan dispersos en el viento.
Camina por el suelo de mármol
Donde una voz desde el salón de juegos le dice que entre.
Ella sonríe, camina en otra dirección
Mientras el último barco zarpa y la luna se desvanece
de la Bahía del Diamante Negro

Cuando rompe la luz de la mañana, el griego baja
Y pide una cuerda y una pluma que escriba
"Pardon, monsieur" dice el recepcionista,
cuidadosamente se quita el fez
"¿Le he escuchado bien?"
Y cuando la niebla amarilla se levanta
El griego se dirige rápido hacia el primer piso
Ella pasa junto a él en la escalera de caracol,
Tomándole por el embajador soviético.
Empieza a hablar, pero él pasa de largo
Mientras se levantan nubes de tormenta y las palmas se mecen
en la Bahía del Diamante Negro.

Un soldado se sienta bajo el ventilador
Haciendo negocios con un hombre diminuto que le vende un anillo.
El rayo cae, las luces se van
El recepcionista despierta y empieza a gritar:
"¿Pueden ver algo?"
Entonces el griego aparece en el primer piso
Descalzo con una cuerda alrededor del cuello,
Mientras un perdedor en la sala de juegos enciende una vela
y dice "Abra otra baraja"
Pero el croupier responde: "Attendez-vous, si'l vous plait"
Mientras la lluvia azota y las grullas se van
de la Bahía del Diamante Negro.

El recepcionista oyó a la mujer reír
Mientras contemplaba el desenlace y el soldado se puso rudo.
Intentó coger la mano de la mujer
Dijo: "¡Aquí hay un anillo, costó un millar!"
Ella respondió: "No es bastante"
Entonces ella corrió escaleras arriba a hacer las maletas
Mientras un coche de caballos esperaba en la acera.
Pasó junto a la puerta que el griego había cerrado
Donde un letrero escrito a mano rezaba: "No molestar"
Llamó, de todas maneras,
Mientras el sol descendía y la música sonaba
En la Bahía del Diamante Negro.

"¡Tengo que hablar rápidamente con alguien!"
Pero el griego respondió: "¡Márchese!" y dio un puntapié a la silla.
Colgó de la lámpara.
Ella gritó: "¡Ayuda, un peligro se avecina!
¡Por favor, abra la puerta!"
Entonces el volcán entró en erupción
Y la lava fluyó desde la montaña
El soldado y el hombre diminuto estaban agazapados en una esquina
Pensando en el amor prohibido
Pero el recepcionista dijo: "Pasa cada día"
Mientras las estrellas caían y los campos ardían
en la Bahía del Diamante Negro.

Conforme la isla se hundía lentamente
El perdedor finalmente hizo saltar la banca en la sala de juegos
El croupier dijo: "Es demasiado tarde ya.
Puede tomar su dinero, pero no sé cómo
lo gastará en la tumba".
El hombre diminuto mordió la oreja del soldado
Cuando el suelo se hundió y la caldera del sótano estalló.
Mientras, ella está en la terraza donde un extraño le dice:
"My darling, je vous aime beaucoup".
Ella vierte una lágrima y empieza a rezar
Mientras el incendio sigue y el humo deriva al viento
desde la Bahía del Diamante Negro.

Estaba sentado solo en casa una noche, en Los Ángeles,
Mirando al viejo Cronkite en las noticias de las siete.
Parece que hubo un terremoto que
No dejó nada salvo un sombrero panamá
Y un par de viejos zapatos griegos.
No parecía que estuviera pasando mucho más
De modo que apagué la tele y fui a coger otra cerveza
Parece como si cada vez que miras a tu alrededor
Hay otra historia de mala suerte que vas a oír.
Y no hay realmente nada que uno pueda decir.
Y, de todas formas, nunca pensé en ir
A la Bahía del Diamante Negro.

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Mackie Messer, de Bertolt Brecht y Pedro Navaja, de Rubén Blades

Inicio hoy una miniserie de tres capítulos sobre canciones que cuentan una historia. Me dirán que todas las canciones hacen eso, en mayor o menor grado, pero a lo que me refiero son a aquellas canciones que mantienen una estructura narrativa más detallada, en vez del mero esbozo o insinuación de esta historia.
La primera es Pedro Navaja, de Rubén Blades, pero puesto que esta canción es hija de la que describe a Mack el Navaja, bueno será empezar por orden:

Y el tiburón tiene dientes
Y los muestra en su rostro
Y Macheath tiene un cuchillo
Pero ese cuchillo uno no lo ve.

En un bello y azul domingo
Yace un hombre en el Strand
Y un tipo dobla la esquina
A quien llaman Mack the Knife

Y Schmul Meier sigue desaparecido
Como algunos ricachones más
Y su dinero lo tiene Mackie Messer
Al que nada pueden colgar.

Jenny Towler fue encontrada
Con un cuchillo en el pecho
Y ahí va Mack el Navaja
Que nada sabe de todo esto.

Y el gran incencio en el Soho
Siete niños y un anciano
En la multitud estuvo Mackie Messer
Al que nadie pregunta y nada sabe

Y la viuda menor de edad
Cuyo nombre todos saben
Se despertó y fue violada
Mack, ¿Cuál fue tu precio?

Y algunos están a oscuras
Y otros a la luz
Pero sólo veis los iluminados
A los de las sombras no los veis.

[Esta traducción no es una versión poética, sino la literal del original alemán]

La canción, versionada innumerables veces, fue escrita por Bertolt Brecht y musicada por Kurt Weill en 1928 para la Ópera de Cuatro Perras (o de Tres Reales; o de Cuatro Chavos). Pueden ver su letra, en alemán e inglés aquí. Y escuchar una versión aquí. Si la prefieren con mejor sonido (y más moderna), tienen esta magnífica actuación de Ute Lemper, que pueden ver y escuchar aquí.
Como ven, Mack el Navaja no cuenta una historia. Se limita a trazar un retrato de un personaje más bien siniestro. Sin embargo, Brecht no era precisamente un hombre que hiciera un solo discurso en su obra, de modo que les recomiendo que, si pueden, vean el musical. Pero, por lo que nos interesa, uno de los mensajes de la Dreigroschenoper es que cuanto más corrupta es la sociedad, más lo es el individuo.
Y eso, más o menos, es lo que también nos cuenta Rubén Blades en su historia del final de Pedro Barrios.
Es ocioso reproducir aquí la letra; la pueden encontrar aquí. Y contemplar una excelente interpretación en directo de del propio Blades (no sabemos si su apellido fue también causa de que compusiera esta canción), aquí. Bailen, pero también presten atención a la letra.

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Apt Pupil, de Stephen King

En Different Seasons
Futura Books
Londres, 1983 [1982]

Todd es un chico normal, muy listo para su edad. Tan listo que en la escuela incluso se contiene en los exámenes para no ser calificado de empollón. Es, en palabras de sus profesores y de sus padres, el "alumno aventajado" del título. Y aquí tenemos a Todd, el muchacho estudioso, que trabaja estacionalmente repartiendo periódicos para ganarse unos dólares, el hijo modelo, acercándose a una casa con una placa que reza: «Arthur Denker. Agentes de la propiedad No. Vendedores No». Acercándose al árbol del conocimiento del Bien y del Mal.
Arthur Denker ha sido reconocido por Todd. Denker es una antiguo SS del campo de Bergen-Belsen. Responsable de exterminio, de experimentos antinaturales, de crueldades sin cuento. Es lo más próximo que ha existido sobre la Tierra a la encarnación del diablo.
Y ahora se ve sometido a chantaje. No por dinero, no. Por conocimiento. Su relato a cambio de no ser denunciado.
Empezará así una relación que irá más allá de la coerción. Porque el relato de Denker, explicado a regañadientes, es largo. Y las horas que Todd pasará en compañía de ese anciano decrépito y miserable, antaño gloria del Tercer Reich se irán alargando en el tiempo y en la intensidad. Hasta llegar a un punto en que las vidas de ambos estarán tan entrelazadas como para llegar a una dependencia diabólica.
No en vano, dentro de estas "diferentes estaciones" que conforman la colección de cuatro novelas cortas, esta recibe el apelativo de "Verano de Corrupción". Nada hay de sobrenatural en este relato. La maldad que pueda existir en él reside en el mismo ser humano. Falta saber en manos de quién. ¿En el ansia de conocimiento del muchacho? (Y es este un tema que tiene una larga genealogía, desde Prometeo hasta el doctor Frankenstein) ¿En la adopción voluntaria del mal por parte de Denker/Dussander? Las respuestas no son tan simples, queridos amigos.
Es este un cuento modélico, y no en vano todos los críticos y estudiosos de Stephen King lo han destacado como uno de los mejores de su autor. Se refiere a temas que, por mucho que desviemos la vista, parecen ser intrínsecos a la naturaleza humana.
Es también un relato bellamente narrado, con ese sentimiento de catástrofe inminente percibido desde las primeras páginas. Ambos personajes están perfectamente trazados, y lo curioso es que nos desorienta y nos obliga a replantearnos conceptos desde su mismo principio. ¿Quién es más maléfico? ¿Esa ruina humana que fue un monstruo, o ese sucio chantajista orgulloso que es nuestro modelo de normalidad, el hijo que, en principio, todos quisiéramos tener?

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El Sueño Eterno, de Raymond Chandler

(The Big Sleep)
Ed. Bruguera, col. Libro Amigo
Barcelona, 1983 [1939]

Señores, sombreros fuera; entra Philip Marlowe. En contadas ocasiones un personaje se agiganta hasta empequeñecer a su creador. En este caso, lo ha hecho de tal forma que todo lo demás que escribió el grandioso Raymond Chandler ha pasado a ser mera curiosidad, unos textos en los que mirar la creación del personaje, en donde ver reflejos del prototipo de detective de la gran novela negra moderna.
Las primeras líneas de esta presentación de Marlowe: "Eran cerca de las once de la mañana, a mediados de octubre. El sol no brillaba, y en la claridad de las faldas de las colinas se apreciaba un aspecto lluvioso. Vestía mi traje azul oscuro, corbata, vistoso pañuelo fuera del bolsillo, zapatos negros y calcetines de lana del mismo color, adornados con ribetes azul oscuro. Estaba aseado, limpio, afeitado y sereno y no me importaba que se notase. Era todo lo que un detective privado debe ser. Iba a visitar cuatro millones de dólares".
Este estilo seco, duro, de frases rotundas e inapelables no era nuevo en la novela negra, pero nadie salvo Chandler lo llevó a su máxima expresión e hizo que un personaje las pronunciara con tanta convicción y realismo.
Philip Marlowe, ese «Galahad apolillado», según propia definición, detective dispuesto a hacer lo que sea por proteger a un cliente, cuya cabeza es almohadón de golpes pero que es capaz de asestar los suyos cuando es necesario, suavemente cínico, de lengua afilada, con un alto índice de indisciplina, proclive a meterse en líos con la policía pero no a cometer felonías, que en un mundo donde la moral es artículo en venta se aferra a la suya propia porque sabe que sin ella no es mejor que una sabandija de la calle. Todos hemos querido ser alguna vez Philip Marlowe; por lo menos, todos hemos admirado su integridad.
Que este personaje es inmortal lo demuestra un hecho: en la retina ha quedado impreso su retrato encarnado por Humphrey Bogart; pero el personaje resiste y sigue siendo creíble en manos de otro grande, Robert Mitchum. Incluso resiste en manos de Elliott Gould.
¿La trama? ¿Y a quién diablos le importa la trama?

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La Migala, de Juan José Arreola

En Confabulario Personal
Ed. Bruguera
Barcelona, 1980 [1952]

El mexicano Juan José Arreola es un gran olvidado en España. Maestro del cuento breve, apenas ha contado con buenas ediciones, y siempre, tal vez por ese fenómeno de miopía que a veces se produce en la sociedad cultural, ha pasado lo bastante desapercibido como para convertirse en un autor minoritario.
Sin embargo, Arreola es un escritor que puede colocarse, con dignidad y soltura, junto a los grandes hispanoamericanos.
Por ejemplo, es autor de La Migala, tal vez el cuento más terrorífico jamás escrito en lengua castellana. De seguro el relato con el inicio más inquietante: "La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye".
Sería ridículo extenderse demasiado acerca de un cuento de dos páginas. Valgan unos breves fragmentos para dar la medida de la gran escritura con la que nos encontramos:
"Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la araña sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de entraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.
»Hay días en que pienso que la migala ha desaparecido, que se ha extraviado o que ha muerto. Pero no hago nada para comprobarlo. Dejo siempre que el azar me vuelva a poner frente a ella [...]"

[Este cuento y otros de Arreola se pueden encontrar en www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/jja.htm]

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Expedición Primera A, o el Electrobardo de Trurl, de Stanislaw Lem

En Ciberíada
Ed. Bruguera, col. Libro Amigo
Barcelona, 1980 [1965]
Traducción de Jadwiga Mauricio

Stanislaw Lem, por su propio talento, lamentablemente desaparecido, y por su obra, va a ser uno de los autores recurrentes en este blog. Podría haber empezado por cualquier relato o novela, puesto que no he encontrado ningún escrito suyo que no dé motivos a la reflexión o al comentario, pero ya que la actualidad nos brinda la noticia de la aparición de un programa informático que promete (y al parecer cumple) convertir a una acémila en novelista de éxito, por lo menos en lengua inglesa (y algunos dirán que para contemplar ese fenómeno no hacía falta ningún software, ja, ja), el relato sobre un electrobardo o máquina poeta parece más que indicado.
A Lem se le han aplicado las etiquetas de Voltaire, Swift, Cyrano de Bergerac (el auténtico, no el personaje de Rostand), y yo añadiría el Cervantes de El Quijote [El Quijote ha tenido una influencia tremenda en la cultura del este de Europa, un fenómeno todavía no lo bastante estudiado]. Todas esas influencias son ciertas, pero el gran mérito y talento de Lem ha tenido la ventaja de hacérselas propias de manera peculiar y única, de modo que se puede afirmar que nadie ha escrito como Lem, y de que nadie ha adoptado esos estilos hasta hacerlos perceptibles pero invisibles, consiguiendo un lenguaje y estilo completamente "Lem".
Sus relatos son deliciosos, recorriendo el humor, la sátira, la fábula y la reflexión. Este en particular es en extremo divertido, pero nunca Lem escribe cosas sin sentido, de modo que siempre saldremos un poco más sabios después de pasar un buen rato con su lectura. Así, para crear la estructura mental poética: "El programa que tiene en la cabeza un poeta corriente está creado por la civilización en cuyo medio ha nacido, la cual, a su vez, ha sido preparada por la que la precedió; esta última, por otra, más temprana todavía, y así, hasta los mismos comienzos del Universo [...]. Para programar la máquina hacía falta, pues, volver a repetir antes, si no todo el Cosmos desde el principio, por lo menos una buena parte de él".
Y sin embargo, conseguido esto, todo son fracasos en la construcción, aún después de haber introducido circuitos lógicos, emocionales, semánticos, de voluntad, un estrangulador filosófico, filtros antigrafómanos, un generador de rimas... hasta que por fin tiene el constructor la idea de arrancar todos los circuitos lógicos y colocar en su sitio unos egocentrizadores con acoplamiento narcisista. Sólo entonces la máquina oscilará, reirá, llorará, se quejará de un dolor en el tercer piso, de que está harta, que la vida es incomprensible y todos los vivos unos villanos, que morirá pronto y su único deseo es que la recuerden cuando ya no esté allí. Ha nacido el electrobardo.
Mención notable es la traducción de la gran Jadwiga Mauricio, directamente del polaco (y no de las traducciones al inglés o al alemán, que las hay). Tuve el placer de hablar con ella en su día, y comentar las dificultades, por ejemplo, de traducir un poema "sobre la ciberótica, máximo seis versos y que se hable en ellos del amor y de la traición, de la música, de altas esferas, de los desengaños, del incesto, todo en rimas ¡y que todas las palabras empiecen por la letra C!"

El ciberotómano Cassio, cruel y cínico,
Cuando condesa Clara cortaba claveles,
Clamó: «¡En mi corazón candente cántico
El cupido te canta a cien centibeles!»
Cándida, le creía... Cassio casquivano
Camela a la cuñada de cogote cano.

Que ustedes lo disfruten.