El Emperador, de Ryszard Kapuscinski

(Cesarz)
Ed. Anagrama, col. Crónicas
Barcelona, 1989 [1978]

Cuando niño, dentro de mis limitados conocimientos de política internacional, había una figura conocida por mí. Por supuesto, estaban los grandes del momento: Kennedy, Jruschev, Breznev (ese hombre con unas cejas pegadas a la frente), De Gaulle, Mao, Castro, Hirohito, el único jefe de estado del Eje que había salido de rositas de la Segunda Guerra Mundial; por descontado, un tipo de voz aflautada y bajito del que era mejor no hablar como no fuera para repetir de memoria lo que decían los textos escolares sobre sus pretendidas bondades y grandezas. Cosa extraña, también tenía conocimiento de un tipo que vivía en África, era emperador y tenía el apelativo de "Negus": Haile Selassie, emperador de Etiopía, Rey de Reyes, León de Judá, Elegido de Dios, descendiente directo de Salomón, Rasta-Fari, Negus Negust. Cierto que había resistido a Mussolini y había recuperado su reino posteriormente, pero también había pasado eso en Holanda, Bélgica, Dinamarca, Noruega y otros lugares más exóticos, pero ninguno de sus jefes de estado tenía esa aureola de fama. Una aureola que era eso, porque no había otra explicación a su notoriedad. Selassie era, en todos los demás aspectos, una verdadera incógnita.
Era emperador de un país africano y, por tanto, pobre (el país). Pese a su boato, uno suponía que esquilmaba a su pueblo en consonancia a los ingresos de éste, o sea, pocos. La tranquilidad de un reinado de casi cincuenta años, el status quo internacional, el que le dejaran en paz, el que no fuera protagonistas de los habituales comunicados de prensa africanos: "Ayer, un golpe de estado militar/civil (táchese lo que no proceda) en ... (escríbase el país apropiado) fracasó/tuvo éxito (táchese, etc.); la situación es de calma/guerra civil (ya saben)".
Por tanto, cuando en 1975 un golpe de estado acabó con el reinado del Negus, mi reacción fue de sorpresa. Se daban por descontados todos los pecados originales de las administraciones africanas pobres, pero seguía quedando el hecho, la pregunta: ¿por qué después de cincuenta años? Las respuestas eran inexistentes o incomprensibles, o incoherentes. Haile Selassie seguía siendo uno de los personajes más conocidos mundialmente, pero ¿qué sabíamos en realidad de él? Nada.
Kapuscinski, un escritor que no era estrictamente un corresponsal de guerra, porque iba más allá, ni un analista político, porque tenía la buena costumbre de pisar el terreno, ni un periodista al uso porque poseía una visión penetrante que iba más allá de los hechos, se planteó en este libro responder (uno diría que responderse) a ese interrogante.
Y le fue imposible. ¿Quién era en realidad el Negus, qué pensaba, por qué actuaba de esa manera? Misterio. Haile Selassie se imbricó tanto en la estructura de poder, dominó tanto sus mecanismos, procuró rodearse de gente tan mediocre y apegada a sus privilegios, que llegó a creer (y actuar) como si Etiopía fuera consustancial a su persona, como si el país no pudiera existir sin él. Todo pasaba por sus manos, hasta los gastos más ínfimos, y no dejaba anotado nada (no sabía, o apenas, escribir). De modo que, conscientemente, él era responsable de todo, pero, al mismo tiempo, y en virtud de sus órdenes orales, consientemente de nuevo, él no era responsable de nada. Se le podía malinterpretar, se podían confundir sus deseos, podía decir que nada era verdad, que nada había dicho, que nada había ordenado, pero que todo merecía su consideración, preocupación y consuelo.
Kapuscinski, en plena revolución, se dedicó a entrevistar a los funcionarios de palacio que habían estado más cerca del Rey de Reyes. Este conjunto de visiones oblicuas resulta fascinante y, si no esclarecen el auténtico pensamiento de Selassie, sí perfilan poco a poco su figura, como delimita la luz las caras de un cristal opaco.
Sus entrevistas son increíbles: ridículas, esperpénticas, risibles, a veces (todas, en el fondo) trágicas, pero que acaban conformando un cuadro monstruoso. Y tal vez lo más grotesco es que se llega a la conclusión de que sí, que el palacio era Etiopía; pero que Etiopía no era, no podía ser, un palacio.
Pero esto es una estructura, cuyo centro y cimiento era el propio Negus. ¿Y el mismo Haile Selassie? ¿Quién, qué era? La conclusión más aproximada que se puede extraer es que era fundamentalmente un superviviente: "Y hay que reconocer, Míster Richard, que nuestro Inigualable Señor, por entonces siempre vistiendo de uniforme, unas veces el de gala, otras, el corriente, de campaña, que solía ponerse para observar las maniobras, sí se dejaba ver en los salones, donde dignatarios de mirada ausente y atemorizada yacían tumbados sobre las alfombras o sentados en los sofás, preguntándose unos a otros qué iba a ser de ellos cuando terminase la espera, y allí mismo él los consolaba, les daba ánimos, les deseaba buena suerte, los trataba con mucho cariño y consideraba su situación asunto de la máxima importancia, prometiendo ocuparse de ellos personalmente. No obstante, cuando se topaba en algún pasillo con alguna patrulla de oficiales, también a éstos les daba ánimos y deseaba buena suerte y, tras expresar su agradecimiento al ejército por su lealtad, les aseguraba que todo lo referente a las fuerzas armadas era objeto de su personal preocupación y dedicación. Oyendo esto, los de las rejas, cual serpientes venenosas, susurraban malévolamente en el oído de Su Majestad que lo que se debía hacer era colgar a los oficiales, porque eran ellos los que habían destruído el Imperio, palabras que el Bondadoso Monarca también escuchaba con mucha atención, por lo que, dando ánimos, deseando buena suerte y agradeciendo su lealtad, subrayaba que los tenía en muy alta estima. Esa infatigable actividad del Venerable Señor que tanto contribuía al bienestar general al no escatimar nunca consejos y directrices, el señor Gebre-Egzy la calificó como un éxito, al ver en ella una prueba irrefutable del dinamismo de nuestra monarquía".
Cuando llegó el final, la sorpresa de Selassie no debió ser que eso le pasara a él, sino que se encarcelara, en su persona, a toda Etiopía.

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12 comentarios:

Carolina Lozada dijo...

Estos tipos son especies de "Dios sol" que reencarnan en otros tiempos y en otros lugares. No sabía nada de Selassie. Esto se debe en parte a mis huecos históricos o a que aún no tenía edad para interesarme por estos seres ungidos por su locura. Ahora, gracias a ti, se me despertó la curiosidad por este "señor".
Saludos

Andrómeda dijo...

Yo tampoco sabía nada de Selassie pero tras haber leído esta entrada, tan trepidante y lúcida, me siento un poco menos ignorante.
Desgraciadamente no he leído a Kapuscinski aunque, por lo pronto, El imperio me espera en la estantería.

Saludos.

Magda RB dijo...

Hola Lluis,

Perdonarás la referencia pero siempre que oigo hablar de reyes africanos pienso en la película "El principe de Zaimunda" protagonizada por Eddie Murphy y en su edulcorada visión de un príncipe africano que busca a la esposa ideal para ser la futura reina. Viaja hasta un suburbio de Nueva York pero no explica la película si en su país ha salido de su magnífico palacio para ver la realidad del país.

Desgraciadamente sólo cuando puede haber titulares que puedan ganar más audiencia es cuando estos personajes salen a la luz.

Interesante libro e interesantísima reseña, gracias Lluis.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Carolina:
No tenías edad, eso seguro. Lo curioso de Selassie es que era una figura mundial, una especie de icono (y todavía venerado en Jamaica). Pero sigue siendo un personaje apasionante (con esa pasión que se reserva para lo increíblemente absurdo).

Hola, Andrómeda:
TODO Kapuscinski es de bueno para arriba. Tal vez lo menor de él sea "La Jungla Polaca", y son escritos de los inicios de su carrera. El Imperio es un gran libro, y probablemente te sorprenda por su lucidez.

Hola, Magda:
¿Verdad que a veces los que abogan por lo políticamente correcto suelen ser los que más incorrectos son? Si a Eddie Murphy le llamaran "negro" en lugar de "afroamericano" igual ponía una querella, pero puede representar ese papel sin plantearse (y muy bien planteado, por cierto) la contradicción. El príncipe al bollo y sus súbditos,... al hoyo. En el caso de Selassie, nunca mejor dicho. Interesante, muy interesante aportación sobre visiones del tercer mundo en el primero.

Un saludo a las tres!

Darío dijo...

Hola, encontré el blog buscando información sobre Kapuscinski. Luego me picó la curiosidad por éste libro porque Haile Selassie es muuuy venerado por la religión rastafari. Y no encuentro la conexión, eso de Babilonia, la civilización occidental opresora y éste rey de reyes (también opresor, no?).. bueno, espero no marearlo, y muchas gracias por la información.
Espero leer el libro pronto para aclarar mis dudas, porque me gusta mucho el reggae y su religiosidad. Sería una decepción para mí enterarme que al que veneran es también otro asesino santificado.
Hasta luego.

Lluís Salvador dijo...

Hola, Darío:
Bienvenido.
Bueno, verás, hay que ponerse en contexto de la época, donde las comunicaciones y el conocimiento del mundo no estaba tan avanzado como en esta era del inernet.
El movimiento rastafari de Jamaica eligió a Haile Selassie como reencarnación de dios sobre la tierra por varios motivos, todos ellos dentro de cierta lógica: Selassie era, presuntamente, descendiente en línea directa de Salomón, Etiopía es un país cristiano rodeado de territorios musulmanes, y es, probablemente, uno de los reinos africanos más antiguos, lo cual venía de perlas para el panafricanismo y la recuperación de las ligazones con la madre África.
Pero, en la época no existían tan buenas comunicaciones como hoy. De hecho, Selassie creo que no se enteró nunca de que era el centro de una religión. Por lo menos, si se enteró, nunca dio señales de ello.
Y, respecto a lo que sabían los jamaicanos de Selassie, era poco. De hecho, lo que sabíamos TODOS de Selassie era muy poco, como digo en el artículo y Kapuscinski remarca.
Y, lo siento, pero en efecto Selassie era un tirano ¿sanguinario? Desde el momento en que se supone que debía velar por el bienestar de su pueblo y no lo hizo, poco importa. El libro de Kapuscinski es especialmente esclarecedor en este aspecto.
Sobre el rastafarismo, te incluyo una dirección que te puede ser de utilidad:
http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_rastafari
Un saludo!

Anónimo dijo...

Hola,

Un libro interesante, o eso espero...

Tan solo queria remarcar algo que comentas:
"Selassie creo que no se enteró nunca de que era el centro de una religión. Por lo menos, si se enteró, nunca dio señales de ello."


Recuerdo ver imagenes de la primera (y creo que única) visita de Haile Selassie a Jamaica, y recuerdo ver imagenes de publico abarrotando el aeropuerto y el recorrido del emperador. Estoy seguro que algo sabia, otra cosa es como "ejerciera"...


Un saludo.

Gracias

Lluís Salvador dijo...

Querido Anónimo:
Gracias por la visita y por la aportación. Tu comentario me ha llevado a investigar un poco, y a ver un par de documentales sobre esta visita.
Tengo la impresión (sólo la impresión) de que la actitud de Selassie es la que trasciende del libro de Kapuscinski: un dejarse querer revestido de una dignidad distante. Por otro lado, también me ha servido para enterarme del fenómeno de la "repatriación" de jamaicanos a las tierras de Shashemene... muy curioso.
Gracias de nuevo, y un saludo!

Anónimo dijo...

Selasie no era un iletrado que apenas sabía escribir como lo plantea el autor de esta columna. De hecho pasó toda su niñez y juventud leyendo y estudiando de una forma muy estricta. Sí conoció sobre el rastafarismo puesto que donó unas tierras en Shashemane para que estos se "repatriaran". En alguna ocasión le preguntó un periodista sobre la divinidad que le atribuían y él dijo sencillamente que era un hombre y como tal tenía que morir. Todo esto del rastafarismo es muy símbolico y no es tan facil de explicar, criticar o deslegitimar. Lo más probable es que a ellos no les interese para nada saber sobre estos asuntos, al igual que un musulmán o un cristiano no pone en duda la existencia y obra de sus dioses, por más pruebas que se aporten de que estos no existieron ni existen. Mitos que pasan a la religiosidad de pueblos y civilizaciones enteras.

Lluís Salvador dijo...

Querido Anónimo:
El autor de esta columna, como tú dices, no plantea nada. Ni tan siquiera lo plantea Kapuscinski. Ni él ni yo conocimos en persona a Selassie. Quien explica lo siguiente es uno de los miembros de palacio:
"Llegado a este punto quisiera aclarar una cosa: Su Venerable Majestad no tenía costumbre de leer. No existía para él la palabra escrita o impresa; había que informarle de todo oralmente. Nuestro Señor no había ido a la escuela; su único maestro ─y, además, tan sólo en la infancia─ había sido un jesuita francés, amigo del poeta Arthur Rimbaud, monseñor Jerôme, quien más tarde sería obispo de Harar. Este religioso no había tenido tiempo suficiente para inculcarle al Emperador el hábito de la lectura, tarea tanto más difícil cuanto que Haile Selassie ya desde la más temprana edad había ocupado cargos directivos de responsabilidad y no había tenido tiempo para dedicar a lecturas sistemáticas."
"Lo mismo ocurría con la escritura, pues nuestro monarca no sólo no hacía uso de la habilidad de leer sino que tampoco escribía nada ni firmaba nunca de su puño y letra. A pesar de que venía gobernando desde hacía medio siglo, ni siquiera sus más allegados sabían qué aspecto tenía su firma."
Bien, este es el testimonio. A efectos de lo que comenta Kapuscinski (y el autor de esta columna), el hecho de que en la intimidad el Negus fuera un apasionado de las novelas de Agatha Christie (o no) o leyera la Encyclopedia Britannica (o no), me importa un pimiento. El hecho es que Selassie gobernaba sin firmar nunca nada, sin recibir jamás un informe escrito, y transmitiendo ódenes oralmente. Y siempre podía decir que se le había malinterpretado. O que le habían transmitido mal la información.
Lo de la "repatriación", como hasd podido comprobar un par de comentarios antes, ahora ya estoy enterado de ella, e incluso de la visita del Negus a Jamaica. También me he enterado, por boca de los repatriados, que cuando llegaron a Etiopía, el pretendido paraíso en la tierra, el Negus les dejó muy claro que estaban allí para trabajar en la construcción del país. Lo explican los mismos repatriados, que luego fueron rerepatriados.
Este no es un blog en el que se trate de religiones. Salvo cuando las religiones se salen de su ámbito espiritual y empiezan a mangonear en los asuntos de los demás que no son sus fieles o a imponer morales particulares. Por tanto, el rastafarismo me merece el máximo de los respetos. Pero hay una cosa que sí ha escrito el autor de esta columna que parece pasarse por alto, y que en cambio es fundamental. Digo: "Uno suponía que esquilmaba a su pueblo en consonancia con los recursos de éste, o sea, pocos". Y no. El pecado de Selassie es que esquilmó a su pueblo muy por encima de los recursos de éste, es decir, en un exceso total y absoluto. Las anécdotas sobre sus fondos secretos en escondrijos bajo las alfombras (corroboradas por fuentes diversas) son significativas. También es lo que le importa a Kapuscinski. La divinidad o no de Selassie es cuestión de teólogos. La corrupción y opresión de todo un pueblo, no; eso es cosa de seres humanos.
Un saludo!

Anónimo dijo...

Lo siento, pero tu percepción del reinado de Haile Selassie I, en base a los escritos de Kapuscinski, es simple y llanamente pura basura.
Ya ha sido descubierto, demostrado y ampliamente documentado todo el empeño de Kapuscinski en hacer concordar opiniones, declaraciones o testimonios, en base a pura ficción literaria.

Lluís Salvador dijo...

Querido Anónimo:
Gracias por tus insultos. Viniendo de una fuente anónima, suelen constituir un elogio; acompañadas de tus opiniones, son mucho más que eso, son como una de esas medallas a las que el Negus tenía tanta afición.
Vayamos por partes. Las opiniones sobre Kapuscinski que son denigrantes para él y su obra son, en primer lugar, post-mortem. Es muy fácil (y muy cobarde) denigrar la labor de un periodista después de que no se pueda defender. En segundo, no son compartidas por todos, ni mucho menos. De hecho, no son compartidas por casi nadie. Los colegios de periodistas y las facultades de periodismo siguen poniendo a Kapuscinski como ejemplo del periodista ético, que toma partido, y curiosamente lo hace por los más débiles. Tercero, elaboradas literariamente o no, sus opiniones sobre el régimen de Selassie tienen un contraste difícil de desmentir, como son los hechos. Cuarto, a Kapuscinski le importaba un bledo Selassie, en tanto en cuanto a que nada personal tenía contra él. ¿Qué necesidad tenía entonces de cargar contra el santo, el rastafari? Ninguna, salvo que a su pueblo, por poner un ejemplo bíblico, le hizo pasar las de Caín. En un escrito de la Universidad de Indiana, por ejemplo, fácilmente hallable por internet, se estima que Selassie amasó una fortuna personal de 200 millones de dólares. En la misma época, y según información de la CNN, la renta anual per cápita etíope era de 200 dólares. Chocolate del loro. Poca fortuna para tanto emperador; pero mucha, enorme, indecente, para el país más pobre de África.
Y ahora vayamos a Selassie mismo. No es sólo Kapuscinski quien defiende que el Negus era un dictador, no despiadado, pero sí autócrata, enriquecido, distante y pésimo gobernante (por ponerlo en términos suaves). Por ejemplo, Albert Sánchez Piñol, en su libro Payasos y Monstruos. Creo que el título ya es bastante clarificador. Pero hay otros. Curiosamente los que defienden a Selassie lo hacen en tres vertientes: la primera, que el régimen que le sucedió era comunista. Mal asunto, si tuviéramos que defender a Hitler porque la RDA se convirtió en comunista. Y que el régimen que siguió a Selassie fue peor. Esa excusa es tan idiota como la primera. La segunda, que "cometió errores" como todo ser humano. Por esa regla de tres, todos los dictadores eran humanos, también cometieron errores y quedarían exonerados. La tercera, es que fue un reformador engañado por los que le rodeaban. Ah, pero justamente el secreto del gobierno es ser responsable de aquellos a los que pones en disposición de ser corrompidos, el vigilar a los vigilantes clásico. No es excusa. Por abstentismo o voluntariamente, Selassie fue cómplice de un gobierno corrupto (no son palabras mías; cito del NY Times: "desde la caída en 1974 del corrupto régimen de Selassie").
El mundo es tonto, pero no tanto como para dejarse engañar por un bulo. Si Kapuscinski fuera el responsable de la mala fama de Selassie, entonces Kapuscinski sería el mejor manipulador de la historia, capaz de engañar a casi todos. Por desgracia para ti, la gente normal suele contrastar la información. Lo que dijo Kapuscinski en su momento no contradecía ninguna información contrastada en la época, sólo hacía que corroborarla. Y lo que después se ha ido descubriendo le ha ido dando la razón. No porque Kapuscinski lo dijera, sino porque los hechos cantan, a poco que uno se tome la molestia de buscarlos.
Pero, claro, lo tuyo es pura fe. Por fortuna, no fuiste etíope durante el régimen de Selassie. No es que valga la pena ser etíope ni ahora mismo, por desgracia, pero te digo y repito que el pasado etíope no fue mejor.